martes, 23 de junio de 2009

Insensateces


[Si la discusión política ha de ser honesta, es necesario que la gente reconozca que el término no es respetable desde el punto de vista intelectual, que es la marca de la demagogia o de un periodismo barato y que su utilización debería avergonzar a pensadores responsables, ya que una vez que se ha reconocido su vacuidad, su uso es deshonesto.] F.von Hayek


Es lo que von Hayek consideraba al respecto de la frase “justicia social”, como ambigüedad oportunista del bajo erario político. La democracia -en su naturaleza más íntima- no es sino el caldo de cultivo de muchas otras más categorías ambiguas así como el “bien común”. Que no hacen otra cosa que revestir los ánimos perversos y pasionales de unos cuantos silvestres; con alegóricas y dulzonas melodías para el buen percibir de la plebeyidad colectiva.

La “justicia social” es vulgarmente entendida como un valor de poder, de naturaleza impersonal.Desempleo, pobreza, desigualdad, entre otras situaciones son comprendidas por el lego como “injusticias sociales”. En consecuencia la injusticia es adjudicada a un determinado sistema de poder, a una clase, a un gobierno o régimen político -a un específico tiempo y espacio de poder-; es echarle, finalmente, la culpa al “otro”. Y de esta forma se utiliza a la “justicia social” como herramienta de perturbación ideológica. Para chillar demandas abusivas, en muchos de los casos, y chantajear
la producción legislativa en sus favores políticos. Sectorializando la justicia.
Resultando con esto en una grosera perversión del valor “justicia” como tal.

Por otro lado el “bien común” unívocamente concertado en una sociedad tampoco existe. No porque las personas puedan querer cosas diferentes del “bien común”, sino porque el “bien común” va a significar necesariamente cosas distintas para la comunidad. Y así como la “justicia social” se convierte en pretexto democrático para la consecución de fines particularmente determinados. El “bien común” no es sino otro pretexto más por el cual afanosamente se llegue a conseguir lo que el caudillo y séquito de turno deseen. Sin importar el estado de valores, derechos y garantías preexistentes. Muchas veces pasándolo por encima hasta descomponerlo en su totalidad.

Bolivia no necesita de más masa-cracia, kakistocracia, lo que necesita es una ordinación coercitiva social. Una ordinación de valores supremos y códigos específicos que no se desarrollan o surgen en democracia o por ella. Se suceden gracias a un sistema de jerarquías sociales y asentimiento necesario a la autoridad.

Donde el castigo patibulario para el desvío social sea no una ultima ratio, mas bien un requisito indispensable para la mantención y consecuencia del provecho común.

Finalmente el castigo patibulario -en su intención correctiva y profiláctica- es uno de los mejores presupuestos que la civilización puede y debe tener, en pro de la salud misma de su sociedad. Existen elementos virales que no merecen ni las más peregrina consideración humana.

Cáncer moderno



Es por esa facilosidad interpretativa y argumentativa de lo que acontece, y que invita hacia muchas veces lo desconocido, hacia algo que es en demasía dañino -la modernidad-. Es por ello que se llegan a producir infecciones sociales que corroen, especialmente, la latinoamericaneidad con sus valores modernamente acuñados.

E. Morales como el resto de caudillos "modernos" y con preceptos "modernos", son quienes orquestan la descomposición abrupta de las células societales, en sus valores y códigos de conducta naturales.

Este último tiempo la sociedad mundial se está viendo afectada por este cáncer "moderno". Por el cual todos piensan que la política, la ideología, la conducta y la vida misma pueden ser un dibujo libre al más grosero apetito. La parafernalia de la "todología" y los esbozos de "intelectuales" baratos inventólogos y verborreicos. 

Un mundillo donde se intenta fervorosamente normalizar lo anormal y crear más anormalidad. A partir de la indiferencia, la ignorancia y el asentimiento aletargado del rebaño.

La modernidad es un sistema que tiende a la barbarie.

La tradición y las costumbres -reales- están ausentes, más no extintas. Pero llegará el tiempo de la necesaria reordenación preceptual y valorativa, llegará…

Arremetiendo contra la historia y la verdad

Hace unos días el ministro Walker San Miguel, en referencia a la intensión masista de cambiar el: "La España Grandiosa" del himno cruceño, afirmaba que las pretensiones no se quedarían ahí. Si no que el masista pretende "reinventar" la historia en si. Decía él que habría que modificar la parte de nuestra historia boliviana que establece el rol de los criollos y mestizos- blancos con respecto a la independencia y al nacimiento de la República; sindicando a estos últimos como oportunistas y advenedizos a la revolución como tal. Y estableciendo que "indios", "indígenas" y seguramente hasta Hatun Curacas fueron quienes realmente estallaron y lucharon la revolución.

En la idea del ministro, como en la de muchos otros masistas, la pictoración racial y la condición clasial fue y es la que determina la pertenencia hacia uno u otro proyecto político. Si uno es blanco y/o clase media-alta no podría por su condición de tal, ejercer revoluciones contra la corona, el imperio, contra el neoliberalismo, etc. Ah! pero si uno comporta caracteres diferentes a los anteriores, de esos que están de moda, recién puede calificar a cualquier “proceso histórico” y hacerse un hueco en la historia.

Con esto no hacen, los masistas, más que confirmar sus intención profana, respecto de la historia y verdad bolivianas.