lunes, 27 de agosto de 2012

Estados sin Nación y naciones sin Estado




(….) Mientras peor se trata a los judíos, más fuertes se vuelven.  La esclavitud de Egipto los convirtió en una Nación. Los pogromos los endurecieron. Auschwitz dio origen al Estado de Israel.” Daniel Balint, El creyente, 2001.



¿Cuáles son los parámetros y/o elementos por los cuales se define una Nación y un Estado?

Formalmente el Derecho Internacional, por medio de instrumentos como la Convención sobre Derechos y Deberes de los Estados de 1933 (Montevideo-Uruguay), específicamente en su Artículo 1ero, ha sabido caracterizar al Estado según la concurrencia de los siguientes requisitos:


                         I.     Población permanente.
                         II.   Territorio determinado.
                         III.  Gobierno.  
                         IV.  Capacidad de entrar en relaciones con otros Estados.


No obstante, la dinámica socio-cultural mundial otorga certera noticia de que p.ej. una Nación no necesariamente se define por “territorio” (algo que al parecer sí es preferente para el reconocimiento de un Estado), así como también posibilita la existencia de naciones sin Estado y Estados sin Nación respectivamente. Veamos.

De entre los casos de naciones sin territorio destacan los casos de los kurdos y armenios en Turquía, los greco-chipriotas y los turco-chipriotas de igual modo, pasando por los palestinos o por los gitanos, entre otros, que perfectamente son identificables como naciones sin un territorio que los defina como Nación (valga la redundancia).

Por otro lado, el Principado de Sealand, creado en 1967 por Sir Roy Paddy Bates, es otro de los paradigmáticos casos sobre qué es lo que finalmente define a una Nación y a un Estado respectivamente. Este Principado, que pretendió ser una “micronación”, estaría asentado sobre un fuerte marino, mismo que ha sido habitado por no más  de 10 sujetos, no ha sido reconocido por el concierto internacional como Estado; empero de ello se ha auto-declarado como una Monarquía Constitucional (con estampa postal y moneda) y aun pugna por su establecer su estatus jurídico.

No menos trascendente es el caso de la República de Minerva, que en 1971 también fue un intento de “micronación” asentada sobre unos arrecifes, que tampoco pudo conseguir a cabalidad su fin.  

Otra curiosidad (inversa por cierto), de un Estado sin Nación, es el caso por el cual el Derecho Internacional asume al Vaticano como a un Estado, pero no como una Nación propiamente dicha. Y cómo, sin embargo, la particular nacionalidad que (por meras formalidades) el Estado vaticano otorga, es una por concesión, cuya vigencia está limitada al periodo de funciones que el diplomático (concesionario de la nacionalidad) ejerza en dicha jurisdicción.

Según se puede advertir, de los casos citados y otros símiles, los Estados naturalmente necesitarían del reconocimiento de otros Estados para perfeccionar su existencia como Estados, así como necesitan de una territorialidad demarcada o traducida en las fronteras artificiales reconocidas por el Derecho Internacional. Situación que las naciones parecen prescindir, ya que a estas las definen aspectos sobre todo inmateriales (sentido de pertenencia, auto-afirmación, comunidad de destino, entre otros), cuyo factor de espacialidad es especial, ya que es uno que trasciende fronteras[1].    

Por tanto, afirmar el que “las ‘naciones’ (…) más grandes dentro de los pueblos indígenas de Bolivia- están diseminadas por todo el territorio nacional, no tienen un lugar específico, carecen de una organización política nacional y no se rigen por un sólo sistema de reglas, sino por varios, (…)” (Carlos Mesa, Página Siete, 26/08/2012) no las convierte en “menos naciones” ni en "naciones incompletas", por si acaso.

Al respecto de los motivos de constitución de una Nación y un Estado

    1. Caso Norteamérica:
 Resulta interesante señalar el cómo p.ej. los migrantes ingleses del “Nuevo Mundo”, determinados por una variedad de razones, se decidieron por constituir una Nación y un Estado independientes de la Corona inglesa. A pesar de pertenecer -en principio- a una muy directa e inmodificada casta (racial)[2], compartir una lengua, compartir una religión, compartir una escala de valores culturales, entre otros.

En este caso podría inferirse que lo que les motivó a asumirse independientes como Estado fue -primordialmente- la forma de Gobierno con respecto a la Corona inglesa, pero ¿qué los llevó a pretender identificarse como Nación? ¿En el presente son una Nación o una multiplicad de éstas, como lo es la India? 

Ahora bien, el que tiempo después los norteamericanos se hubieren decidido por adoptar (un modo de Estado compuesto como es) el federalismo, es decir la unión federal de varios Estados, no necesariamente conllevará Estado-naciones al interior de la República Federal, ya que ante estas se superpone 1) la Ley, y 2) el espíritu de la Nación norteamericana. 

     2. Caso Boliviano: Si bien mestizos, criollos e indígenas, se decidieron por deslindarse de la Corona española para constituir una República independiente y soberana, es decir -también- motivados como una alternativa a la forma de Gobierno imperante, en este caso en particular, la estratificación socio-racial (mestizos, criollos e indígenas Vs. ibéricos desembarcados) fue sin dudas un componente adicional y de notable impacto, a diferencia de lo que se vio p.ej en el caso norteamericano[3].

Sin embargo, desde la independencia hasta lo que fue denominada como la "Revolución de 1952", el proceso de desestratificación socio-racial pudo -en cierto sentido- avanzar, más no conseguir satisfacer plenamente expectativas culturales. Viéndose más bien perjudicado en los días del impostor "Proceso de Cambio Plurinacional", que tiene consecuencias nefastas en la percepción identitaria del boliviano, y evidente culpa en el retorno de la estratificación (esta vez) socio-política, con la imposición de una casta de mercaderes culturales, piratas identitarios, disfóricos socio-culturales, que no es que hoy emergen, ya que siempre deambularon su miseria desclazada, resentida y (re)negada antes.   

¿Las naciones están en construcción permanente? 

Una Nación no puede estar en “permanente construcción”, ya que en ese entendido las naciones jamás tendrían rasgos propios por los cuales se las pueda identificar. Si estas estuvieren expuestas permanentemente a variables que las modificaren serían muchas cosas y nada a la vez, porque carecerían de la estabilidad o la permanencia -en el tiempo- que les permita que sus rasgos propios las hagan identificables respecto de otras naciones.

Lo que sí se podría sugerir es que naciones que están plenamente constituidas pueden permitir el ejercicio de ciertas variables culturales que determinados sujetos a su interior traen consigo, en el caso los migrantes p.ej.; la comunidad turca en Alemania por citar algo.

Conclusión

Existe una tendencia mundial, manifiesta ejemplarmente en el caso del Estado español, en donde muchos ciudadanos prefieren identificarse primero como vascos, catalanes, antes que como españoles. Tendencia en la que muchos elementos, entre esos el territorial, son paulatinamente prescindidos, inclusive de lo que en su momento fueron naciones-Estado, para dar lugar a que dichos como el famoso “el camba nace donde quiera” se vean cada vez más afianzados en diferentes partes del orbe. Y así permitir p.ej. el que eventualmente se pueda constituir la "Nación mestiza" dentro del contradictorio plurinacionalismo, sin la necesidad del reconocimiento jurídico-político del Estado.


“(…) La sociedad de los israelíes es fundamentalmente laica, no necesitan al judaísmo porque tienen tierra. El verdadero judío es el errante, es un nómada, no tiene raíces ni ataduras, así que lo universaliza todo (…).” 
Daniel Balint, El creyente, 2001.   

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[1] Si bien las fronteras son artificiales, devenidas de la mente del humano, su  demarcación es necesaria a la hora de hacerse un Estado reconocible. Ya que estas fronteras son las únicas reconocidas por el Derecho Internacional, que también es otro constructo creativo del humano que regulará su conducta.

[2] Sin por ello obviar el hecho de que migraron irlandeses, escoces y demás oriundos de la isla, pero claro, en menor incidencia -en un principio- que los ingleses.

[3] El caso del negro y su emancipación de aquellos que se habían librado de la  Corona inglesa, pero que no obstante establecieron la esclavitud de los negros, es un proceso diferente y posterior a la creación del Estado y Nación norteamericanos.







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