ÍNDICE
Preliminares
I. La identidad en su análisis disciplinario
Apr a) Aproximación antropo-psicológica
II. La identidad en su acepción cultural
a) La identidad cultural y lo étnico
a) La identidad cultural y lo étnico
III. La situación identitaria en Bolivia
IV. Nacimiento y desarrollo de la identidad cruceña en la historia
V. La Cruceñidad, lo cruceño y el cruceñismo
a) Elementos y valores del cruceñismo
b) El espíritu y la espiritualidad cruceñas
c) Institucionalidad e institutos sociales
d) La incidencia migratoria
VI. El Ser cruceño
VII. El estado identitario del Ser Cruceño
VIII. El porvenir del Ser Cruceño y de Santa Cruz
a) La causa autonomista
IX. El Ser Cruceño más allá de Santa Cruz
X. El engranaje nacional desde el protagonismo cruceñista
Conclusiones
Por
Franz Rafaél Barrios González
Cisne Negro
Preliminares
El siguiente texto ha sido confeccionado con la intención de identificar, analizar y ponderar un tópico que es en demasía capital para la conservación del valor cultural cruceño, arraigado en el ser cruceño y su identidad. En un momento histórico apremiante, donde el actual huésped del poder político propone una deconstrucción sistemática de la historia, la cultura, el espíritu, la identidad y la pertenencia del boliviano y lo boliviano. Ese boliviano que está dispuesto en la geodesia nacional no por el azar fortuito, sino más bien por su compromiso con el destino.
Siendo la conservación identitaria de una de las esencias bolivianas, en este caso la cruceña, un factor contribuyente al todo nacional.
La consolidación identitaria, de la esencia particular, garantiza la cohesión de un espíritu mayor. Una sacra simbiosis, la de estas diversas esencias culturales, que devienen en Bolivia.
[Este discurso no está dirigido a
nadie, fuera del que ya lo
considera como su propia vida o
que, por lo menos, lo posee
como un anhelo de su corazón]
Eckhart de Hochheim
I. La identidad en su análisis disciplinario
Al momento de estudiar la significancia que comprende al término identidad se pueden encontrar diversas disciplinas que aportan en su definición, cada una de acuerdo con su ciencia y sus límites. Y dependiendo de qué facetas de lo que concierne a la identidad se pretenda analizar.
Por la naturaleza del presente ensayo se considera lo siguiente.
a) Aproximación antropo-psicológica
Una directiva para la comprensión germinal de la identidad es arrojada por la etimología de este término. Las raíces se hallan en los latinismos Identitas, identitatis (de vinientes a su vez estos de Idem/idéntico) significando el “hecho de ser algo”. Un “hecho de ser” circunvecino a lo verificable, a la determinación, y distinguible de lo que ontológicamente se persigue con mayor abstracción por la referencia entidad.
La identidad -per se- como característica del humano, se entiende como aquella correspondencia de un sujeto para consigo mismo. La inmediata afirmación de lo que es y de lo que no. Implica su distinción respecto de otros, como también su semejanza dentro de un colectivo societal.
Es la identidad una condición intrínseca asumida por el inconsciente y muchas veces pretendida por el consciente humano.
A su vez la identidad se desglosa en: identidad asumida e identidad adquirida. La primera se refiere a esa identidad autoafirmada por un sujeto o bien la identidad que otros sujetos le puedan asignar1; finalmente el sujeto la asume. En tanto que la segunda identidad refiere a la paulatina adquisición de una identidad; es decir que un sujeto mantenga su identidad o bien opte por una nueva en el tiempo y por fortuna de las circunstancias.
Los casos de mayor impacto identitario se suceden bajo la identidad adquirida, por ejemplo cuando un sujeto decide identificarse en un género sexual opuesto al que ya tiene establecido, o cuando un sujeto adquiere la identidad nacional de un país donde antes fuese un foráneo.
La identidad tiene como fuente de su realización a la libertad, aquella libertad significada con la idea de autonomía. La posibilidad que al individuo le permita auto gobernarse. La libre posibilidad para no depender en extremo o en niveles opresivos de fuerza alguna, la posibilidad para valorar y diseñar -por sí mismo- una colección de normas que rijan su comportamiento. Un ordenamiento de conductas convenido que obviamente satisface el deseo del sujeto y su entorno social, ya que es un sistema ascendido por un conjunto de sujetos interaccionistas.
Justamente el conjunto de sujetos en sociedad es uno de los requisitos por los cuales se puede generar, practicar, proyectar o extinguir a la identidad. Puede suponerse la existencia de la identidad a partir de “los otros” sujetos que conforman los grupos sociales. Una identidad aislada de otras no podría ser ni diferenciada ni correspondida, sino es a partir de si quiera una segunda identidad que permita esas posibilidades. Este es un valor de la socialidad en la identidad del sujeto.
El sujeto determina una multiplicidad de variables a su identidad en el transcurso de su existencia. Es necesario denunciar que al humano solo se le puede reconocer la identidad a través del ejercicio de sus acciones, esas que permitan valorar su identidad mediante parámetros vertidos por cánones de conducta; es decir mientras esté vivo y que le permitan conservarse en la memoria de las identidades que le sobrevivan. De lo contrario un ser que materialmente nunca existió podría ser susceptible de una infinidad de asignaciones identitarias bajo la simple suposición de no-acciones.
El sujeto se agrupa, se determina según: el género, el grupo etario, el nivel de instrucción académica, su convicción espiritual, su postura ideológica, según su condición social -sea esta clascial o racial- y así sucesivamente entre muchos otros órdenes. Con ello la identidad bien puede enriquecerse, conservando su forma; o por el contrario subyacer en detrimento hasta no poder establecerse qué es, a causa de un exceso de rasgos agregados que resultan en una deformación des naturalizadora.
1Algunas veces un sujeto se valora en la medida que lo volaron los demás. De forma que su identidad dependa de la asignación externa que eventualmente le puedan dar. Inclusive le pueden ser asignadas varias identidades dentro de un corto lapso de tiempo. Otra consecuencia de este fenómeno es la virtualización identitaria del sujeto, es decir un canon de apariencias mutables e inestables. De esto último podemos advertir que el boom cibernético de las “redes sociales” es responsable en crecimiento de la virtualización des naturalizadora e in determinante de la identidad primaria del ser humano.
Ocurre otra situación de asignación identitaria de consecuencias importantes a nivel del esquema social con la llamada “Teoría del etiquetamiento”. Basamentada ésta en principios de la escuela de la criminología clásica, en donde se ponderaban cánones particulares del sujeto y su entorno, como ratio que habilitaba el etiquetamiento de estos sujetos en grupos de peligrosidad social. En si los rasgos de determinación eran los morfológicos y el aspecto, la presencia material del sujeto (su vestir, su higiene personal, entre otras).
De lo que se puede señalar como propiedades intrínsecas que hacen a la identidad resaltan:
· Secuencia de rasgos determinados que diferencian al sujeto del resto, como también lo aproximan con sus similares. (Morfología, nombre propio, entre otros)
· Ejercicio constante en el tiempo y en el espacio2 de los rasgos de conducta, en pro de la mantención y la certidumbre de la identidad. (Continuidad biográfica del sujeto en un relativo margen de existencia)
· Imposición -positiva- de los rasgos de conducta por sobre otros rasgos que no sean los acordados por el común sentido del grupo primario al cual, conjuntamente sus pares, el sujeto pertenece. Esta imposición es una necesidad para la subsistencia de la identidad.
2Un necesario apunte al respecto de la espacialidad, como cualidad identitaria, se halla en la tendencia globalizante de los corrientes tiempos. Esa ideación de una sociedad organizada bajo paradigmas homogéneos (únicas economía, ejercito, dimensión espacial, entre otras) y de una ordenación piramidal del poder a escala mundial; con el supuesto de constituir los llamados “ciudadanos del mundo”, esos que no conocerían fronteras, o límites político-espaciales de vivencia social. Son rasgos amenazantes y depredadores de la esencia identitaria del ser humano.
La identidad en su acepción cultural
Menester preliminar es brindar algunas luces sobre lo que la magnanimidad definitoria que la referencia cultura comporta.
Para ello se sugiere abordar a la cultura desde la intimación cuasi idéntica que tiene con la esencia de lo que es tradición3. La tradición es la concurrencia de manifiestos costumbristas y específicos que hacen de los humanos seres de vigencia y actividad patronímica4. Los hábitos específicos de la costumbre de arraigo y la asignación de valores que devienen de esta son rasgos de cultura. La cultura ordena cánones de pensamiento y conducta. Conducta de la cual resultan los impulsos y acciones cotidianas de sus sujetos. Estimulando con ello la producción de valores, de enceres de todo tipo y forma, pero que responden fielmente a la abstracción del valor o agregado de valores primigenios.
Tenemos a la religión y al arte como dos productos que surgen no por generación espontánea, sino como consecuencias de un concierto de creatividad perteneciente al dominio de los sujetos culturales.
Una creatividad emanante de un cierto grado de libertad5 que les permite hallar y colectar, a los sujetos, esencias de su entorno inmediato para convergerlas en una escala de valores que los sepa definir como seres propios y distintos a la a vez. Donde se contienen indiferentes e innegables sentencias de aproximación como también premisas de verdad.
Y así en lo sucesivo, los elementos que se ocurren desde la creatividad humana en pro de configurar cosmos culturales variables, en gran número, y diseminados en la geografía mundial.
La cultura predispone grupos humanos que la sepan desarrollar y conservar en sus variadas disciplinas y segmentos. Grupos que al decir del autor T.S. Eliot deben ser “grupos adecuados.” 6
[Todos somos iguales, pero abemos algunos más iguales que otros] 7 George Orwell
3Evidentemente algunos académicos prefieren distinguir tradición y cultura por razones eminentemente materialistas. Por impactos ocasionados en su imaginario atravesado y permeado por el desarrollo comercial e industrial de las sociedades de donde ellos provienen, y desde ellos matizan esa su perspectiva. No es recomendable ocurrir tal deslinde por cuestiones de esencia.
Uno de los autores que mejor trabaja la idea de tradición es Julius Evola, para quien la tradición es eminentemente un asunto de trascendencia humana, que por rastro de las altas civilizaciones del mundo antiguo puede hasta afirmarse como civilizaciones “capaces de expresar incluso en formas sensibles y tangibles una sombra de la eternidad". Es la tradición una antípoda verdad al paso efímero de sociedades sometidas a los contra valores que pululan en y por la degenerante modernidad. La tradición es también un acuerdo valorativo sobre determinados ámbitos de la accidentada conducta y razón del ser humano.
Por otras aproximaciones T.S. Eliot establece “…única forma de tradición, de legado consistiera en seguir los pasos de la generación inmediatamente anterior, adhiriéndonos a ciegas o tímidamente a sus éxitos…”.
4En referencia a la cognición de pertenencia hacia un determinado algo y de su respectiva trasferencia hereditaria; o de transferencia del carácter comportacional de generación en generación.
5La concepción de la libertad en la especie humana está vinculada con la naturaleza instintiva del ser racional. Esa nota íntima de la naturaleza salvaje que se contiene en la ponderación de deseos y placeres que satisfacen las básicas necesidades de supervivencia animal, por encima de la escala de límites negativos que le constriñen la misma libertad para acometer su fin. Para desnudar su creatividad.
Es una fuerza que todos los seres vivos intrínsecamente contienen. Fundamentalmente llega a comprender las innumerables posibilidades alternativas entre si, que al ser vivo puedan presentársele. Así como puede éste ser vivo acceder a las posibilidades y experimentarlas -acción y reacción-, pueden las posibilidades tan solo permanecer como alcanzables y sólo ser contempladas en lo abstracto.
6Habrá grupos interesados en el arte, los grupos interesados en la ciencia, los grupos interesados en la filosofía, así como grupos formados por hombres de acción: y los grupos son lo que llamamos élite”. Notas para la definición de la Cultura
Una vez esbozados estos sentidos puede sé concebir al sujeto -como ser de sociedad8- que hace parte de esa su identidad personal, el componente cultural. El complemento del sujeto para con el entorno social donde habita, se relaciona y existe.
El sujeto extrañamente podría quedar vacío de cultura, aún más, si en algún caso fuera por una decisión de su voluntad. Por naturaleza el sujeto de sociedad necesita algo más que vínculos de relacionamiento -como característica de lo social-, es el sujeto un ser hambriento por haberse en pertenencia a un algo superior como lo es la cultura. Necesita desenvolverse creativo, por tanto libre.
La identidad cultural de un determinado conjunto de sujetos de sociedad es el inter relacionamiento de muchas identidades personales asumidas o adquiridas, pero que se incumben las unas con las otras por un criterio de condiciones comunes. Es la cultura un filtro decantador de variedades y esencias de la identidad. Una interacción que por medio de códigos y símbolos particulares, transmite conductas sociales que se van consolidando como propias de
7Adecuación de “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”. Animal Farm, George Orwell, Secker & Warburg/1945.
8Muy distinto de la referencia socio-marxista del “ser social”. Ya que este apelativo de lo social implica directamente un nivel de relacionamiento entre sujetos. Que no es el mismo de caso en caso, por la particularidad personal e identitaria del sujeto que se relaciona. Por ejemplo existen seres de sociedad a-sociales, Aquellos que existen en armonía pero con grados de reserva respecto de su relacionamiento con otros sujetos de sociedad. Ahora bien esta reserva en su relacionamiento no los debe confundir en otra categoría como la de los sujetos anti sociales. Debe prescindirse de la acepción de que de todas formas, por donde se lo vea, el humano es “esencialmente” materia de la estructura del ser social.
ciertos grupos. De ahí que la conducta en determinado grupo cultural perteneciente a un mismo cuerpo social -nacional por ejemplo- va a ser siempre distinta a la de otro, en razón de la variante idiosincrasia cultural de unos y de otros. Pudiendo llegar a ubicarse, dependiendo de sus condiciones y actitudes, como un grupo cultural predominante dentro de ese su cuerpo social nacional.
En el desdoblamiento de culturas que pertenezcan a una misma nación, se pueden encontrar manifestaciones culturales próximas pero no idénticas.
La identidad no es sino el ropaje dinámico de la cultura.
a) La identidad cultural y lo étnico
Muchas voces del análisis identitario optan por sinonimizar la identidad cultural -per se- con el canon étnico. A su vez desconociendo o confundiendo lo étnico, con raza, o como denominativo de distinción cuantitativa de una cierta minoría.
Aquí el meollo concierne a cuestiones de categorías y al orden prelatorio e interpretativo de estas. Tanto lo étnico como lo racial comportan indefectiblemente apuntes morfológicos, entre otros, sobre los objetos respectivos de sus estudios. Y que definen al espécimen humano como disímil a otros y símil a los suyos propios. La raza es un generativo de identificación del esquema biológico en el ser vivo terrícola. Y que para la prospección de la especie humana se respalda de muchas especialidades que disponen su estudio y descripción. La somatología es una ciencia por excelencia que aportará no solo a la descripción morpho-racial, sino, cómo esta, acompaña de una variedad de factores, incide en la conducta de la especie humana.
Por su parte la etnia eminentemente es una expresión más decantada de raza.
Considerando que en algunas especies raciales9 existen sub especies étnicas que denotan mayor especificidad tanto en el rasgo del morphos, como en el patrón de conducta. Así se tiene por ejemplo que en sociedades centro-europeas (catalogadas como racialmente homogéneas) se manifiestan y conservan sub especies étnicas tradicionales, y consideradas como primigenias al resto social donde habitan. África es otro ejemplo que permite verificar la diversidad étnica dentro de la categorización pictocrática negra de su habitante continental.
¿Pero dónde confluyen la identidad cultural, la raza y la etnia?
En básicas notas se infiere que la identidad cultural tiene como patrón distintivo y de semejanza a la raza, y a su vez dentro de ésta, a la etnia.
Para afirmar esto en el objeto del presente ensayo se debe considerar que la identidad cruceña comprende un espacio geográfico amplio pero específico. En donde se encuentran variedades étnicas mayormente ubicadas en el perímetro provincial del Departamento. Racialmente cada identidad cultural de Bolivia presenta un morphos que lo hace particular de región en región. Pues de no ser así la particular escala de valores -la identidad cultural-, que pueda ser generada por los sujetos culturales, quedaría incompleta e insípida sin un canon del morphos común de esos sujetos identitarios; y que hace a su distintivo respecto del resto.
A su vez cada identidad cuenta con variedades étnicas que enriquecen a la identidad cultural que los representa. La etnia siendo una variedad más específica dentro de la raza, no se contiene como específica a tal punto en que puedan desaparecer sus rasgos comunes a su identidad racial y cultural de arraigo. Y erguirse como otra raza e identidad distinta.
Por lo general es allí donde la escala de valores asignados y el tipo de conducta de la identidad cultural se constituyen como bisagras de unificación de las posibles variables del canon racial y/o étnico.
La raza, la etnia no “cosifican” al humano y a su respectivo conjunto. Más por el contrario desprenden particularidades innegables, vigentes y evidentes del humano como especie y como sujeto cultural.
Tanto el componente étnico como el racial son indispensables agregados de la identidad cultural. Es más, como se puede advertir son elementos por así decir indisolubles.
9La clasificación del tipo racial de la biología humana se preocupa detenidamente en el morphos, con exaltación del valor pictocrático del tipo. Así se tiene a las “grandes razas”: Blancos, negros, cafés y amarillos. De las que por el pincel y la paleta del biólogo se resultan las pictoraciones de vinientes.
La referencia a raza como categórico integral y descriptivo del humano debe ser abandonado desde esa miserable connotación de discriminación. Agrupar y reconocer a unos y a otros dentro de tipos raciales distintos no es sino validar la esencia del humano. No hay razón ni realidad por la que todos los humanos sean iguales. Aun ante constructos como el jurídico, hayense ponderaciones que los hacen distintos.
Esta es la faceta material por así decir de lo concerniente a raza. Pues existe una variable que entendiendo el valor material de raza, logra trascender hasta la inmaterialidad del alma. Racialmente el alma también puede ser distinguida en la diversidad social de la humanidad. Completado este ciclo con la interpretación que el autor Alfred Rosenberg hiciera al respecto: “Alma, empero, significa raza vista desde adentro. E inversamente es la raza el lado externo de un alma. Despertar a la vida el alma de la raza quiere decir reconocer su valor máximo, y bajo su dominio atribuir a los otros valores su posición orgánica: en el Estado, en el Arte y en la Religión.”
III. La situación identitaria en Bolivia
La identidad desde su faceta cultural puede ser hallada bajo un proceso constituyente o bien ya como identidad constituida10. La identidad en estos dos estados existe en toda Bolivia. De hecho curioso es advertir que habiendo identidades constituidas como la cruceña dentro de un mismo espacio geográfico -boliviano- no existe afirmada una identidad de alcance nacional. No se puede constatar que las regiones y sus respectivas identidades culturales se converjan en un espíritu identitario boliviano. En otras latitudes de la geodesia se suscita lo opuesto, es decir identidades nacionales plenas con pequeños rasgos identitarios de sus variedades culturales endógenas.
La identidad cruceña existe constituida y plena, en un Estado jurídico y político sin identidad nacional. Un Estado sin un espíritu que agrupe a las identidades -primarias- de una variedad cultural en cierto punto abigarrada. Quizás la respuesta a esta ausencia se deba a la inclinación política y su pretensión hegemónica de ciertos intereses por sobre lo meramente cultural de lo que comporta una nación.
De la identidad que ocupa al presente ensayo, la identidad cruceña, merece decirse que es la mayor manifestación identitario-cultural que se evidencia. Esto respecto de las otras identidades culturales bolivianas. Esta diferencia en la expresión identitaria se debe un tanto por una despreocupación o descuido de ser trabajadas las identidades en una magnitud como se lo hace con la cruceña. También y fundamentalmente por la inclinación histórica del Ande hacia una centralización cultural y hegemónica. Y que puede depredar los valores culturales de un gran porcentaje de la variedad social en Bolivia.
En el caso de las manifestaciones identitarias a excepción de la cruceña, sus vecinas orientales y una que otra entre el Chaco y centro-sur boliviano; se ocurre un fenómeno de absorción identitaria desde el Ande y sus características geopolíticas. Puede identificarse a un extenso perímetro del Ande como a un horizonte de sucesos11 que absorbe descomunalmente a las identidades culturales que se encuentran próximas a su campo gravitatorio12. Esta irresistible absorción se mantiene e intensifica por las características políticas de su núcleo.
Por otras tintas se tiene que aclarar que la identidad cualquiera que fuese, no se cualifica por estadísticas o por encuestas13. En el caso de la identidad cruceña se entiende que es una afirmación del cruceño en la escala de valores que él conjuntamente su comunidad pre dispusieron para existir y relacionarse.
10No se debería apreciar que la identidad, la cruceña en este caso, esta en un continuo proceso de constitución. No porque las circunstancias de un fenómeno migratorio o por la adopción de formas de auto gestión (autonomía), la identidad va a seguir un curso constituyente. Estas variables en realidad se adaptan o se absorben en la identidad cruceña. No van a conseguir modificar una esencia plenamente vigente y arraigada.
Ya que se tienen parámetros valorativos constituidos sobre lo que implica lo cruceño o su ser. Otorgar ese margen de “que la identidad cruceña está en continuo proceso de constitución o construcción” puede permitir que lo que bien determina a la identidad cruceña se pueda estirar como un elástico ab infinitum, y que por ello se la vuelva incierta. En temáticas como la identitaria no solo es exigible una certidumbre sobre el estado identitario, sino que es una necesidad elemental el constatar su constitución o su posible proceso constituyente.
En todo caso a los creyentes de esta “continua construcción identitaria cruceña” se les debería preguntar ¿cuándo y/o cómo va a finalizase ese continuo proceso de construcción? En sí, ¿puede finalizar algún rato, tiene final?
11El horizonte de eventos es un área de los “agujeros negros” ideado como aquél de donde no pueden escapar los objetos (ni siquiera la luz) que son irresistiblemente atraídos por un campo gravitatorio intenso.
12Evidentemente las identidades culturales particulares poseen también campos de atracción y absorción (como los que se hallan en cualquier cuerpo celeste) especialmente notorios cuando se suscitan flujos migratorios; esto en razón de la conservación y predominancia de la identidad cultural receptora. Pero a diferencia del proceso en el Ande, la superficie de atracción se expande siendo irrespetuosa de los márgenes de cada identidad cultural. Lo que convierte al Ande, por estas características, en un típico “agujero negro”.
13Algunos trabajos al respecto de la identidad tienden a sobre cuantificar los objetos que son preocupación de su estudio. La estadística, la encuesta y las cifras advertidas deben ser meras herramientas de aproximación de una cierta mensura de lo relativo.
La identidad cruceña existe firme, plena y vigorosa.
IV. Nacimiento y desarrollo de la identidad cruceña en la historia
El departamento de Santa Cruz ha manuscrito una historia sin precedentes, como unidad específica en el tiempo y en el espacio. Sin desatender por ello su valiosa contribución dentro la misma historia de Bolivia, los sucesos independentistas, las premisas republicanas, el impacto de un progreso social, el auge industrial y la construcción identitaria nacional.
-1561- La Fundación. De la Gobernación a la Gobernación
Por la gracia del virrey Hurtado de Mendoza y facultado por una de sus amplias competencias el lugarteniente Ñuflo de Chávez decidió se por fundamentar en la fecunda tierra de la eterna primavera, de pulmones tropicales, entre llanos Chuiquitos y Grigoteños -poblados en fauna, exquisita flora y bravíos naturales- a la Santa Cruz de la Sierra un 26 de febrero de 1561.
De providencial manera Santa Cruz de la Sierra emerge ante la furtiva mirada del destino, como la capital de la Gobernación de Moxos14
Este fue el primer momento cultural entre conquistadores ibéricos, los naturales pámpidos amazonas y las tierras locales. El hombre europeo llegado pudo advertir un presupuesto étnico que si bien acentuaba caracteres15 unas veces más fuertes entre pueblo y pueblo, no dejaban de exhibirse como un conjunto de pueblos reunidos bajo patrones culturales comunes a esta región húmeda, tropical y fundamentalmente llana en su geografía.
Algunas voces determinan muy prematuro señalar, en este proceso inicial de descubrimiento mutuo de las culturas, una génesis de la identidad cruceña como tal. Sin embargo puede inferirse que la disposición territorial y política de este particular momento ensalza la figura de la Provincia u Gobernación como antecedente a la división política y territorial de la República libre e independiente16. Estableciéndose con ello propiedades culturales e identitarias de pertenencia y de ser desde ese remoto entonces, cada una más específica que la otra en todo el dominio del Virreinato. Es decir que indubitablemente puede considerarse, ahí, el inicio de un paulatino proceso identitario cruceño; con la caracterización que las circunstancias, la época y el lugar le merecieron a ese fascículo de su historia en particular. Sometidos y dominantes empezaron en ese remoto entonces el vínculo que después en la Fundación se consolidaría, hasta lo que hoy se tiene como cruceño.
El proceso de encuentro cultural entre el ibérico y el natural americano es un proceso percibido como abrupto, intempestivo y beligerante. Más sin embargo comprende ser el equivalente que todas las formaciones societales, identitarias culturales, nacionales comportan según nos lo enseña la historia. Es un proceso de afirmación multidisciplinario y poli secuencial en sus eventos, tan natural como lo es el fenómeno que el vivíparo experimenta al parir un nuevo ser vivo.
Sin embargo esas etnias sin Estado17 se asumieron en el esquema y régimen de la gobernación, su capitalía y sus civilizadores ibéricos. Si bien los cánones raciales e idiosincráticos de los actores culturales fueron extrapolentes e identificables plenamente en el primer estadio identitario cruceño, tuvieron nomás que haberse asumido (de forma violenta o no) unos en otros. Con una predominancia evidente -por las condiciones del conocimiento, el desarrollo militar y su estadio social de civilización- del ibérico y sus formas europeas de administración política que le encomendaba la razón imperial.
Predominancia de la cultura europea hasta el periodo del “fuego independentista”. Encausado y acaudillado por criollos, mestizos y naturales que indiscutiblemente utilizaron el mismo conocimiento, la misma herramienta traída por los conquistadores para revelarse ante estos.
Toda mayor conquista siempre depende de cómo se administren las insurrecciones locales.
En el caso de la Gobernación de Moxos, por la naturaleza misma del aborigen amazónico, atravesando por momentos turbulentos con algunas especies étnicas (Chiriguanos y guaraníes. como ejemplo beligerante en determinados períodos), al final siempre se pudo retornar a la serenidad aun cuando no lograron ser algunas de estas etnias conquistadas por el hombre ibérico.
Cabe resaltar que dentro del esquema de administración virreinal se detentó ya entonces una predilección por centralizar18 la gestión política y judicial de la Corana y sus territorios conquistados del Alto Perú en la sección occidental de La Plata, hoy Sucre. Así se instauró en La Plata a la Real Audiencia de Charcas como Tribunal Supremo de estas tierras, y con alcances jurisdiccionales prominentes y ascendentes según transcurría el tiempo y se resultaban nuevas necesidades.
Retomando lo acontecido en tierras orientales este periodo histórico puede ser identificado como aquel en el cual la conquista, la expedición, la fundación de asentamientos poblacionales, y la interacción cultural19 estuvieron perfumadas por el mito.
El mito material y espiritual que los naturales supieron le transmitir al conquistador, el mito del “Paititi” y sus bondades metales.
Mito que llevase a los conquistadores a recorrer significativas extensiones geográficas entre el Ande, los llanos tropicales y las fronteras virreinales.
14 También denominada Provincia de Moxos.
15Sin desafectar singulares patrones de variable étnica (ceremonioso-costumbristas entre otros), con mayor énfasis pudieron ser advertidos variedades en la lingüística de cada especie étnica.
16Sin exclusivizar, así sucedió en todas las entidades de gobierno y territorio nacientes. No podía ser de otra forma.
17No debe reducirse la expresión del Estado a la autoridad, pues comprende ser muchas manifestaciones más como organización y tuición. También identidad y destino como rasgos filosóficos y de composición supra material.
18Las razones por las que se estableciera dicho tribunal respondían a las inclementes condiciones de acceso a otras zonas, y por la ubicaciones de las vetas minerales más importantes en ese entonces. Esa primer ubicación administrativa fue convertida asumida por tradición en los periodos siguientes.
19Algunas etnias dispersas en esta geografía: Arawakos, itatines, chapakuras, otuquis, xarayes, saravecas, zamucos, itomanas, yucaráe, entre otras diversidades más.
[La historia racial es, por tanto, historia natural y mística anímica simultáneamente…] Rosenberg
Esta perfumación del mito natural incide no solo en encarnamientos materiales del mismo, sino y por sobre todo en la esencia de lo trascendental. La creencia en el mito llevó al conquistador no solo a tiritar extensiones considerables de geografía, y con los albures que una empresa de tal envergadura importa. Si no que lo llevó a revelar en la travesía de su paso, identidad cultural tras identidad arraigada en esos suelos. Fue en cierto grado parte del destino que el mito le reservaba a esa experiencia de encuentro de culturas multiversas.
Y es un mito que como en las grandes expresiones culturales y espirituales se afirma cual faro que va transmitiéndose de generación en generación. En procura de su conservación y en obstinado anhelo de su realización.
-1810- La liberación del 24 de Septiembre
El proceso libertario. El erario de las reivindicaciones
Desde los charquinos foros y paraninfos fue que se concibieron las libertarias ideas que legistas y protagonistas prominentes difundieron en la conciencia de los sometidos por la corona ibérica de esta zona virreinal del Alto Perú.
Sin embargo la insurrección libertaria cruceña fue un proceso apuntalado en gran medida por los movimientos mayos de independentistas rio platenses de 181020. Fue el capellán José Andrés de Salvatierra, a mediados del mes de agosto y desde el Fuerte de Membiray de Cordillera, que acaudillara y tomara brioso con la ayuda de nativos de la zona y de personalidades -como José Manuel Baca y el Coronel Antonio Suárez- a la Santa Cruz de la Sierra un 24 de Septiembre. Deponiendo así a Pedro José Toledo.
Contiguamente erigieron aquellos valerosos la llamada Junta Provisoria, la cual fue conformada por los espíritus de Antonio Vicente Seoane, Antonio Suárez, Juan Manuel Lemoine, José Andrés de Salvatierra y el enviado bonaerense Eustaquio Moldes.
A partir de ese inicio en la búsqueda libertaria de 1810 se sucedieron entre los años 1811 al 1813 turbulentos impases como el de la batalla de Huaqui aquél 20 de junio. El retorno fugaz del dominio realista por entonces, pero que una vez más fuera patriotamente aplacado un 18 de marzo de 1813 por el Coronel Antonio Suárez. Quien fuera delegado ante la Asamblea Legislativa y Constituyente de las Provincias Unidas del Río de la Plata,
Con Antonio Suárez en comisión hacia la Asamblea, el General en Jefe del Ejército del Norte Manuel Belgrano nombraba Gobernador21 al Coronel Ignacio Warnes.
Fueron desde el 1813 al 1816, bajo su breve mandato, años de reforma22y constante lucha contra la Corona. Que culminaron con la muerte y decapitación del prócer Warnes a manos de realistas dirigidos por Francisco Xavier Aguilera un 21 de noviembre de 1816 en aquella cruenta batalla del El Pari.
El realista pudo durar en su quimera hasta el 14 de Febrero de 1825. El rumor de las victorias patriotas azuzaba el temor en el realista. Al momento de la creación republicana de Bolivia, y no hasta un 23 de Enero de 1836 que se decreta la creación del Departamento de Santa Cruz de la Sierra.
Asaltando unas trazas en el tiempo, ya en el republicanismo, tenemos que como en cualquier otra germinación societal, se sucedieron eventos vinculados a la fuerza y a lo hostil. Concatenando, entre muchas variables, la maduración en profundidad y forma de la identidad cruceña y su ser cultural.
Una irrefutable realidad fue el aislamiento de Santa Cruz de la Sierra del resto nacional. Un tanto por el histórico recelo occidental (y su nota centralista) y la conservación egoísta de ciertas facetas de su desarrollo. Y otro poco por las condiciones sociales de la época como la incomunicación estratégica de las regiones hasta la implementación de las primeras vías terrestres y otras formas de integración tardías. Conllevado con esto a una serie de mal versiones sobre el estereotipo occidental respecto del cruceño de antaño, y seguramente viceversa.
A pesar de ello el departamento y sus civiles cruceños no generaron los resentimientos u odios esperados, más por el contrario supieron edificarse cultural, espiritual, social y económicamente por cuenta propia23. Puede hasta considerarse que fue una especie de génesis o forma primigenia de autonomía. Quizás una forma en cierto punto forzada por las élites políticas y económicas del Ande occidental. Pero manufacturada, hecha propia ya desde entonces.
Este periodo halla sé plagado de reivindicaciones sociales significantes dentro de las expectativas locales, regionales, como también asentadas en el manifiesto ideológico nacional de la época. Contribuciones que, sin lugar a equívocos, en los tiempos presentes son emuladas desde múltiples enfoques y con matices interesados muy marcados.
Resaltan así la lucha por las regalías, la solución federalista, el postulado del igualitarismo, la creación de los institutos e institucionalidad cruceños., entre otros.
Ahí mismo emerge ante la historia el nombre de uno de los espíritus más grandes de esta tierra y su gente, Andrés Ibáñez. Con él las ideas del igualitarismo y de un destino social más cruceño para su pueblo. Con él las primigenias luces de una alternativa política, territorial de autosuficiencia e impregnada por un alto contenido social y altruista.
Hoy venturosamente encontrada con el destino, Santa Cruz de la Sierra vuelve a constituirse en Gobernación y en fortín de aquellos ideales que la supieron esculpir históricamente.
Los sucesos dictarán verdad de su valor.
20A la fecha Santa Cruz era una intendencia de aquellas pertenecientes al Virreinato de la Plata.
21Santa Cruz recuperaba su capitalidad política dentro de la Gobernación.
22De los actos de Warnes destaca la abolición de la condición de esclavitud.
23Sin descartar por completo los aportes que háyanse dado desde la otra latitud nacional, y que contribuyeron en alguna manera al crecimiento socio-cruceño. Podría citarse al rédito minero, pero con mucha cautela en la exactitud de sus cifras e incidencias constatables.
V. La Cruceñidad, lo cruceño y el cruceñismo -la consolidación identitaria-
Este acápite puede considerarse como el contenido que explica la consolidación de la identidad cruceña.
Cruceñidad
En una deductiva aproximación la Cruceñidad comprende ser el estadio superior de la cultura cruceña, es el arquetipo social. Una entelequia cultural24 que le denota especificidad al conglomerado de identidades primarias dispuestas en el perímetro espacial que culturalmente ocupan los valores cruceños25. Basamentada en los rasgos identitarios comunes al pueblo cruceño. Pueblo que habita la región geográfica correspondiente al departamento de Santa Cruz, ubicado en el lado oriental del continente. Asentado en las tierras bajas de Bolivia. En la tierra de la eterna primavera.
La Cruceñidad no es necesariamente la identidad cultural en sí. Pues transgrede los parámetros materiales26 que contienen sé predominantes en lo identitario. La Cruceñidad es el espíritu cultural que se expresa a través de la identidad, es el Mythos27. Es la voluntad entendida como principio de libertad28 de quienes la sientan parte de sí y la ejercen con alto sentido de pertenencia. Es también el Ethos29 como perfilación de una conducta propia de un cierto tipo identitario. La Cruceñidad es la plataforma valorativa30 de la identidad y ser cruceños.
La Cruceñidad ha sido manufacturada por la conciencia de quienes se decidieron por protagonizar como seres cruceños identificados con su cultura y los valores que la misma pregona. Es la comunidad de destino, que se erige en la causa de los antepasados y se proyecta por quienes dependen entre sí para la consecución de su común felicidad.
Por su parte la Cruceñidad es el fondo y presupuesto nodal que da referencia de cierta identidad cultural y de cierta escala de valores. Es por medio de la Cruceñidad que se reúnen en un grado relativo de armonía, o de uniformidad parámetros valorativos que los sujetos de sociedad van a optar al momento de consagrarse en el ser cruceño; como sujetos de hábito y conducta. Y consiguientemente para matizarse de lo cruceño en diversos momentos de su cotidianeidad.
La Cruceñidad, en tanto arquetipo cultural, deber ser entendida como “un sistema ordenado de operaciones”. Para explicar mejor este entendimiento se acude a la Teoría de los Sistemas del sociólogo Niklas Luhmann. Según esta teoría se considera al conjunto de operaciones, que se producen al interior del sistema por la actividad de sus elementos, como formas de comunicación. Cada “evento comunicativo” es decir cada operación, fruto de un proceso, en determinado momento resultará en una “clausura de operaciones”.
Esta “clausura” se refiere a la capacidad de constitución y eventualmente transformación del sistema por el mismo sistema. Esta capacidad hace del sistema dependiente únicamente de su organización interna, de su operación.
Ahora bien esta operación genera dos propiedades en el sistema, la llamada autoorganización y la autopoiesis respectivamente.
· La autoorganización permite que dentro del sistema se desarrollen estructuras -propias-, y en consecuencia no se tengan que importar estructuras desde fuera del sistema.
· Por su parte la autopoiesis es el proceso de auto reproducción, creador de los componentes y los elementos -propios- que conjuntamente las estructuras se contienen en el sistema.
Estas dos propiedades son auto generadoras de la identidad, de los “estados propios”, y de la “auto referencia” como el sistema que es la cruceñidad. Por medio de estas dos propiedades es que finalmente el sistema se conserva en el tiempo, gracias a la llamada propiedad de permanencia, y que a su vez le permite producir nuevas operaciones.
Es esta caracterización de la Cruceñidad en tanto sistema que le denota capacidad creativa y generadora de caracteres propios, distinguibles y permanentes para la realización de su identidad.
Se puede por lo tanto inferir que las relaciones políticas, económicas, sociales y culturales de los sujetos de sociedad y su esquema del poder se suceden por la interacción de las operaciones del sistema. Se suceden por la generación de estructuras y componentes que no deben ser resumidos silvestremente en ámbitos de una discusión barata e incapaz a estas alturas como lo es la de la “relación materialista de los medios de producción” y su jerarquización clascial. El sistema cruceño, y sus operaciones internas trascienden esa pétrea bagatelización al respecto de la teoría del valor material.
Lo Cruceño
Ahora bien lo cruceño respecto de la Cruceñidad y a su vez del cruceñismo podría ser resuelto en su distingo y correspondencia por las pautas de la semántica.
Inicialmente tal vez coincida la explicación de lo cruceño a los rasgos de una gramática aplicada, en un sentido no convencional de la relación: verbo -Cruceñidad- y predicado -lo cruceño- respectivamente.
Lo cruceño en tanto forma, en cuanto rasgo de propiedad, es un sentido de mayor especificidad cultural, que deviene del arquetipo cultural de algo más grande como es la Cruceñidad. Así lo cruceño le otorga márgenes, límites, formas a los elementos y estructuras que se contengan en la Cruceñidad.
De las expresiones por excelencia de lo cruceño31 se tienen a la música, el arte, la gastronomía, los símbolos cívicos, entre otros valores y elementos que serán advertidos en un inciso posterior.
El Cruceñismo
El cruceñismo por su parte va a ser desenvuelto como manifiesto de premisas y de discurso. Es el contenido. Podría el cruceñismo aproximarse al cotejo con un manifiesto ideológico del orden cultural que dicta la Cruceñidad por medio de su ser cruceño.
Independientemente de que este discurso bajo ciertas condiciones sea condimentado de pautas políticas, que son tentaciones humanas, es esencialmente éste un discurso cultural presente y conservado a lo largo de la historia cruceña.
No cabe distorsionar la naturalidad de éste discurso en la simpleza y oportunidad de lo político. Caer en ello es un acto injusto y equívoco. Éste discurso no es propiedad exclusiva del sujeto o conjunto de sujetos que se deciden por ejercer la política, instrumentándose muchas veces en el contenido del discurso. El único “detentor” y privilegiado histórico de éste discurso es el ser cruceño. Aquél que está definido culturalmente por sobre cualquier atisbo miserable de interés mezquino.
Para acentuar mejor la diferenciación de lo estrictamente cultural del cruceñismo, y lo circunstancialmente político que se le pueda atribuir. Al respecto de la caracterización del cruceñismo en tanto discurso, para corresponderlo como elemento cultural de la identidad cruceña puede muy bien recurrirse a los principios que el autor Robert Alexi en su Theorie der juristischen Argumentation enuncia al respecto del discurso:
[Principio de no contradicción: Ningún hablante puede contradecirse.
Principio de sinceridad: Todo hablante sólo puede afirmar aquello que él mismo cree.
Principio de justicia formal: Todo hablante que aplique un predicado F a un objeto a debe estar dispuesto a aplicar F también a cualquier otro objeto igual a a en todos los aspectos relevantes.
Principio de coherencia: Distintos hablantes no pueden usar la misma expresión con distintos significados]
Según estos principios se podrá identificar la característica de generalidad en éste discurso como elemento cultural de la identidad, y en consecuencia valorar al cruceñismo en sus justas y reales dimensiones culturales.
Se debe deslindar la circunstancialidad política, esa que a veces intimida o acobarda, y que merodea a éste discurso. Para clamarlo orgullosamente como se merece.
24El sentido por el cual debe ser comprendida la entelequia cultural es uno que se refiere a ésta en tanto abstracción. Pero una abstracción expresa no como pura quimera mental, sino como una compuesta por hechos que acaecen en la realidad. Hechos que quizás no sean aprehensibles al primer percibir del ojo humano, o que sean resultantes por deducción empírica, pero son hechos que existen y que pueden ser verificables.
25Las identidades primarias son aquellas identidades inherentes al ser humano, como individuo.
26Los códigos, símbolos, usos y costumbres que se ejercen por acción humana.
27Un modo interpretativo de los hechos, de aquellos que no siempre llegan a explicarse por la lógica y su concatenación. Elucubraciones creativas que expresan realidades inaprensibles, el “relato”. Poética, Aristóteles
28En un análisis más depurado es necesario abordar el asunto de la responsabilidad respecto de la libertad, pues hasta aquí la libertad al igual que la democracia resulta ser un caprichoso concepto por sí mismo. Podrá decirse en consecuencia que la calidad de libertad implica a su vez responsabilidad para con su ejercicio, ya que a la libertad no debe entendérsela desde una perspectiva unipersonal. Sino desde una acepción que contemple a los demás humanos que conforman su sociedad organizada, sea nación, Estado y otros. De ahí que se pueda concebir la idea de que la libertad no es digna, en el caso de los seres humanos, para quienes mediante comportamientos denotan irresponsabilidad. Una irresponsabilidad determinada por su volición, no así una como consecuencia de algún tipo de incapacidad que impida discernimiento. Sencillamente no merecería poseer su esfera de libertad, quién afecte a las demás esferas a partir de un exceso en la suya propia. Este principio de básico orden se ha hecho necesario en razón de la compleja naturaleza del humano, pues el humano bajo preceptos divinos o bajo simple necesidad, se ha fijado determinados mecanismos para controlar su libertad.
29 Forma valorativa que denota personalidad o carácter desde la perspectiva aristotélica. Poética, Aristóteles
30Dentro de las vetas filosóficas que desarrollan la cuestión del valor puede considerarse como útil al presente acápite la presupuesta por la acepción nietzscheana. Aquella que sostiene al valor fundamentalmente como voluntad de poder, como condiciones de posibilidad, dominadas por el ente. Relacionadas con la libertad.
31Un gran ejemplo de unas de las tantas expresiones de lo cruceño, como también del legado cultural del ser cruceño y su identidad es la inmortalidad que hoy por hoy reseña el ciudadano Antonio Anzoátegui, más conocido como el “Camba Florencio”. Así el artista, el costumbrista a lo largo de su existencia desempeñó vivaz y honroso el personaje de lo esencialmente camba, lo cruceño.
32Pero la clave filosofal de su contenido se halla en el sufijo mismo de Cruceñidad. En la exquisitez gramática de códigos lingüísticos antiguos -más aún en los de raíz latina-, como en el caso de la gramática inglesa. Se le corresponde al sufijo un atributo de carácter, de propiedad, de identidad muy fuerte. Reflejando esta precisión de tradición gramática a la explicación y nominación de los fenómenos sociales y culturales, como toca en el presente ensayo. Se puede entender la razón que erige a la Cruceñidad en supralidad de un alto erario cultural.
Esta correspondencia de la Cruceñidad como imaginario del colectivo da fe de la supremacía y mayor alcance que contiene dicha acepción. Afirmando su sometimiento prelativo a las categorías de lo cruceño y del cruceñismo. Más que una “comunidad” de un algo, es esencialmente una especie de Leitmotiv cultural. Es el compositor alemán Richard Wagner quien por medio de su producción operística, en especial la de su Parsifal de 1882, le asignó a la cultura alemana estos mismos sentidos y significaciones desde la germanidad como así desde lo germano. Y que proyectaron una creencia en el mito germánico desde las profundidades más inhóspitas y elaboradas, desde la sangre.
Se tiene en consecuencia de lo anticipado al Sistema (Cruceñidad), a la forma (lo cruceño) y al Discurso (el cruceñismo). Todos referentes que indican la constitución plena de la identidad cruceña.
Ahora bien merecen ser desglosados los detalles más relevantes dentro de la identidad cruceña.
a) Elementos y valores cruceños
La identidad cruceña complementa su trama cultural con la ponderación de singulares valores y elementos que son asumidos de común decisión por el ser cruceño, por el espíritu del pueblo.
Toda cultura condensa su sentido de pertenencia con asignaciones valorativas que se establecen en categóricos elementos de simbología.
Los elementos simbólicos que resaltan comunes en el sentimiento cruceño son las franjas blanca y verde de la bandera departamental, el León y la Santa Cruz del escudo de armas, el himno cruceño, sus comidas/bebidas costumbristas, sus danzas y ritmos folclóricos. El cruceño tiene un arraigo muy fuerte con su tierra y naturaleza. El mismo -astro- Sol que predomina en la jornada que practica el cruceño; aquello que le indica los tiempos del trabajo, del descanso y le aprovisiona energía. Un Sol distinto al de otras costumbres y geografías.
De manera secuencial se advierten valores33 -aceptaciones costumbristas- como el trabajo empecinado del cruceño en cualquiera que sea la empresa que se comprometa lograr; comporta una solidaridad noble y sincera para con sus con cruceños, así también para con el visitante oriundo de distintas latitudes; resguarda un celoso y profundo amor por lo suyo, su tierra, su familia, su idiosincrasia, su país y bandera; denota una hidalga franqueza al momento de encarar verdades, sentimientos y realidades, es ajeno a la hipocresía; el cruceño es esencialmente feliz y por ello afronta de forma particular su posición ante la vida misma, simpatía, algarabía, emanan de su ser.
El cruceño y su escala de valores pregonan de capital forma el sitial de sus héroes y próceres. Se monumenta culturalmente a un José Andrés Salvatierra, a un Antonio Suárez, a un Antonio Vicente Seoane, a un Juan Manuel Lemoine, a un Andrés Ibáñez, a un Ignacio Warnes, a un José Manuel Baca “Cañoto”…
Así, conjuntamente muchos valores y elementos simbólicos más se lo puede identificar al cruceño en su más pura forma de ser cruceñismo.
33Hay que reconocer que siendo la religión católica la preferencia -en fe- mayoritaria del pueblo cruceño, incide de sobremanera en la acepción de ciertos valores y conductas.
b) El espíritu y la espiritualidad cruceños
La multiplicidad de entendimientos referidos al dilema por definir lo que es espíritu puede inducirnos a parcializar preferencias sobre todo religio-teístas.
Sin embargo y sin apartarnos tanto de esa esencia controvertida, el espíritu cruceño puede ser comprendido desde dos vertientes. La primera entiende al espíritu como aquella fuerza que guía la conducta del colectivo cruceño e impulsa sus acciones. Esa fuerza manifiesta, por ejemplo, en los multitudinarios cabildos que aclamaban respeto por la libertad, y respeto por el ser cruceño. Esa descomunal fuerza que a la hora de la verdad y su encuentro con la historia, con esas sus hojas negras y claras, supo darle razón a la hidalguía del pueblo cruceño.
Es esa fuerza que no se corrompe ni se doblega, siempre presente en el destino del cruceño. Espíritu es la pasión que emanan de la identidad cruceña y consolida la maduración de su ser cruceño. Esta forma de espíritu tiene que ser entendida en singular, propia de la cultura cruceña, pues este espíritu es el pueblo cruceño hecho sentimiento.
Por otro lado, la segunda vertiente consiste en la comprensión de lo que es espiritualidad como valor del credo que asume la identidad cultural cruceña. La sociedad cruceña supo afirmar elevados valores católicos en el transcurso de su existencia societal; valores que también esculpieron la naturaleza del ser cruceño y su identidad cultural.
La identidad cruceña, además de aperturarse a otras manifestaciones religiosas, esencialmente es afín a la costumbre en Cristo, la Iglesia Católica y toda la gracia que se contiene como parte de ella. Es un credo tan arraigado en la identidad y el ser cruceños, desde siempre, como puede advertirse en la inspiración del fundador para bautizar el asentamiento de Gobernación: Santa Cruz de la Sierra. La Santa Cruz inscrita en el escudo de armas. Y finalmente la preponderancia de la institución católica y su sagrada Iglesia en el destino, decisión y cotidianeidad cruceñas.
c) Institucionalidad e institutos sociales
Una de las más profundas caracterizaciones que tiene que ver con la construcción, desarrollo y conservación de la identidad cruceña reside en la intensidad social de sus instituciones34 e institutos sociales. Con especial ahínco en lo cívico, las instituciones cruceñas han contribuido en significante manera al desarrollo socio-integral de Santa Cruz de la Sierra.
Le han otorgado a la expresión cultural de identidad y de ser una representación, un instituto en donde estas manifestaciones convergen para fundirse bajo un mismo anhelo de destino. Así la institucionalidad es el eje de la razón y decisión sobre los mayores menesteres -de aquí depende el laurel o el fiasco común- que hacen a cada elemento de lo cruceño; su sociedad, su ordenación, su ordinación, su desarrollo, su voz de libertad, su porvenir y así sucesivamente.
La institucionalidad y el instituto social, son el corpus del pueblo.
Las diversas asociaciones provenientes de la sociedad civil (habidas en todas las reparticiones territoriales de la Gobernación) que integran la institucionalidad cruceña, por tradición se hayan congregadas y representadas en el Comité Pro Santa Cruz.
Un Comité Pro Santa Cruz definido según su Estatuto como: “El organismo cívico de mayor jerarquía, representativo de todos los estamentos sociales o fuerzas vivas del departamento de Santa Cruz”.
Y conformado según su Estatuto, por:
“…las instituciones cívicas de la capital del Departamento, provincias y 6 secciones de provincia; por instituciones culturales, sociales, gremiales, laborales, profesionales, empresariales, mutuales, campesinas, cooperativas, juveniles, agropecuarias, educativas, transportistas, estudiantiles, deportivas, fraternidades e instituciones cívicas vecinales, actualmente afiliadas y por aquellas instituciones apolíticas, cuya incorporación sea en el futuro aceptada por el Directorio“.
A su vez y no necesariamente estatutarias del Comité Pro Santa Cruz, pero con un protagonismo en la sociedad cruceña importante también pueden se citar:
Institutos sociales
· Foro Cruceño
(Que comprende ser el pueblo mismo, aquél deliberante, aquél concurrido en manifestaciones de cabildo35, de respaldo en las calles y protagonista en diversas manifestaciones públicas)
· Iglesia Católica
(Guía -mayoritaria- de la espiritualidad cruceña)
Entidades políticas de gestión y administración públicas
· Gobernación Departamental
· Municipalidad capital y del resto departamental
34El apetito político de aquellos interesados en la consumación de su programa hegemónico han forzado la paralelización de la institucionalidad cruceña. Con ficciones sectoriales, el llamado “comité popular” y demás noxas políticos responden como lo que son, agentes fieles al oficialismo en el cumplimiento ciego de una estrategia resentida, vindicativa y divisionista.
35Esta figura del cabildo tiene una historia tan remota como propia desde los orígenes mismos de la gobernación de Moxos. Así su importancia era en un tiempo elevada en el seno de su sociedad. Según indica el autor Gustavo Pinto Mosqueira: “El cabildo se hallaba encargado, en su conjunto, de toda la administración municipal: abastos, caminos, organización de festejos, así como de la adjudicación de tierras y solares.” A decir del mismo autor la pertenencia del ciudadano al cabildo le concedía a este un sitial de privilegio social, político y judicial. Pero que de un tiempo el cabildo fue reduciendo sus alcances a menesteres si bien no menos importantes.
En los tiempos que transcurren puede reconocerse desde la sociedad cruceña, y con un impacto nacional, un retorno a las propiedades fundamentales del Cabildo.
Debe ser reconocida la predilección cívica y una tendencia meritocrática en la dinámica institucional cruceña.
Al igual que en el acápite que discriminaba lo político en el cruceñismo como discurso, es imprescindible aclarar que civismo no es sinónimo de política, ni tampoco es la “forma de hacer política” de cierta élite de sujetos con relaciones de poder. Al igual que en el discurso debe reconocerse que eventualmente pueden ser merodeadas tanto la categoría cívica como la del cruceñismo por intencionalidades políticas. Pero suponer lo contrario, es decir lo político como esencia de estas categorías, es errado y más bien permite que aquellos sujetos que intentan politizar estos elementos culturales lo sigan haciendo. En razón del prejuicio mal ganado de querer encontrarle solo lo político a un ámbito que está por encima de esa faceta.
Una vez esbozados los lineamientos de forma de la institucionalidad e instituto cruceños. Merece ser ponderado el fondo o la razón de ser de esta institucionalidad. Si bien su preocupación y ocupación atienden a las necesidades y obligaciones que reclama el departamento de Santa Cruz de la Sierra.
La institucionalidad cruceña pudo constituirse en un referente más allá de lo local. Hallándose en el presente como bastión de opinión, acción y posición a escala nacional.
La institucionalidad cruceña es hoy por hoy un referente de integración, y de defensa de los derechos y garantías civiles vulnerados por el séquito circunstancial del poder hegemonista.
Finalmente, y sobre todo en éste último tiempo, la institucionalidad ha visto su fortalecimiento ante el asedio sistemático del cazador político. El enemigo no ha podido descomponer la cohesión cruceña, más lo único que consigue es cincelarle un espíritu cada vez más determinado y fuerte al cruceñismo y a su ser cruceño.
d) La incidencia migratoria
Es necesario destacar que durante el proceso de afirmación de la identidad cruceña hubieron aportes significativos de aquellos foráneos migrados desde el interior. En los diversos menesteres que la sociedad cruceña los haya ocupado, y que los migrantes hayan destacado para bien; consiguiendo también para sí satisfacciones personales importantes.
Sin embargo no todo lo que migra, y no solamente lo que inmigra a Santa Cruz, se acompaña únicamente de aspectos loables. Es decir que es de semejante necesidad condenar conductas, traídas desde otras identidades culturales, totalmente dañinas para la cotidianeidad cruceña.
Sin que con ello se deba entender que sea condenable u observable una conducta por el hecho de provenir ésta desde una identidad cultural diferente. Aquí el problema no es lo diferente. Pues lo diferente que no engrana dentro un sistema -relativamente compactado- o termina más temprano que tarde siendo absorbido por la cultura predominante, o sencillamente se auto expulsa por razones de incompatibilidad natural; lo indeseable es que esa incompatibilidad persista, insolente, en perjuicio general. Aquí puede considerarse a la conducta per se sin matices meramente culturales o con ellos35.
36Un ejemplo semejante de incompatibilidad en la conducta, es el caso de los migrantes (legales e ilegales) asiáticos, los turcos específicamente, en las capitales europeas. La incompatibilidad irresuelta generalmente incide en el desempleo constante de estos inmigrantes (o el parasitaje del mercado negro e informal), su descontento con el sistema huésped y por consiguiente la incursión de estos en prácticas criminales.
Algo indubitablemente saludable para ambas identidades culturales (tanto la afectante como la afectada) es justamente evitar que aquella identidad cultural migrante que no pueda o sepa adoptarse, permanezca inerte ante una latente realidad de incompatibilidad ya de orden cultural. Que sin lugar a equívocos corresponde, en la medida de lo posible, el que la identidad cultural anfitriona (en esta situación la cruceña) intente congeniar realidades culturales con la identidad huésped.
Un descontrol no tanto en el flujo inmigratorio de Santa Cruz y su compenetración identitaria, sino en la permisión de una conducta nociva a los parámetros mínimos exigidos para coexistir meridianamente en armonía. Y contrarios a los estamentos culturales de la identidad hospitalaria. Resulta catastrófico para la conservación y consolidación de una identidad cruceña en el largo plazo. Como hasta en el tiempo presente se viene procurando.
Es un fenómeno muy presente y preocupante el que las identidades culturales migrantes se arraiguen en circuitos urbanos encapsulados y muy bien identificados, del tipo Ghetto. Como lo que sucede con el virulento “Plan 3000” y otras locaciones especialmente venidas del Ande, más aun con la imposición de una hegemonía política e ideológica con las características que se saben, y operada desde el Ande absolutista. Bajo el riesgo de que esas identidades culturales sean utilizadas, cual huestes serviles, por un interés político y sean enfrentadas en contra de la generosa voluntad del pueblo cruceño.
Puede advertirse la suerte de un “Caballo de Troya” cultural amenazante y dispuesto a servir a quien le gobierne sus instintos y sentimientos. Bien tenemos que la generosidad es un gran valor cruceño, pero la buena voluntad también tiene límites y se hace merecedora del respeto.
Quizás en el último tiempo los flujos migratorios se hayan visto incrementados considerablemente -especialmente debido a factores geoestratégicos y geopolíticos internos- Pero la vigencia y solidez de una identidad cruceña debe procurar orden, armonía y prosperidad de todos aquellos quienes conforman la identidad cruceña y se adscriben a vivir una Cruceñidad plena. Previendo todos los necesarios recaudos y acciones que una proeza de tal envergadura así lo demande.
La identidad cultural cruceña debe ella misma saber auto conservarse.
El Ser cruceño
El ser cruceño no debe apreciarse sintetizado como objeto de lo cruceño. El ser cruceño es el substantivo de la expresión cultural que se contienen tanto en el símbolo, en el valor de la costumbre cruceñista. El ser es la substancia que determina al sujeto social, en correspondencia con el común acuerdo cultural cruceño, en un sentido de pertenencia y de modus vivendi.
Debe ser resaltado un alto contenido sociológico de la cultura y su ser en lo que se viene a denominar como “pueblo cruceño” 37. Al único y gentil camba como excelencia de ser de esta variedad cultural.
Es justamente en el término de origen guaraní camba (Cuimbae) que se manifiesta el sumun identitario de aquellas interrelaciones psico-sociales y valoraciones culturales del ideario que de común acuerdo se erige para este pueblo en particular.
Inclusive puede ser constatar que la referencia “camba” es un distintivo al cual se adscriben hombres y mujeres de otras zonas del oriente boliviano que no sean precisamente Santa Cruz de la Sierra. Pero que los identifica para si el afecto y otros órdenes asumidos y ejercitados como uso de costumbre prevaleciente en el tiempo.
El ser cruceño si bien puede estar determinado por precedentes históricos, geográficos, psicológicos, sociales y raciales38 de quienes comportan dicho ser. No se exclusiviza en desmedro de aquellos venidos desde fuera de la geografía y costumbre cruceñas.
Inclusive existen reivindicaciones exageradas como la manifiesta en la máxima, que cita: “somos más cruceños que los nacidos aquí”. No. El ser cruceño no es dominio del silvestre convencimiento de unos respecto de otros.
Ya que la consagración del ser cruceño no puede caer en la falacia, hoy muy recurrida, de la sencilla autoafirmación caprichosa39. El ser cruceño no es una membresía social. Es una bitácora cultural, social, pero sobre todo existencial que mucho tiene que ver con el nacer, ser y hacer de lo cruceño.
El sentido de pertenencia no es un sencillo asumirse en una identidad cualquiera. Indefectiblemente este sentido está vinculado a la forma de vida cruceña y que determina el espacio vital40 donde el cruceño se hace dueño de su propio destino. Con uno de los sentidos pero sin el otro, no incumbiría referirse al ser cruceño.
Un ejemplo de ello se encuentra en aquellos hijos cruceños, con antecedentes cruceños, pero nacidos y criados en otras latitudes de Bolivia. ¿Pueden identificarse con el ser cruceño? Si se toma en cuenta de que el ser cruceño trasciende lo geográfico-material y se define como un modus vivendi. La fortaleza de la identidad cruceña y su ser cruceño reside en el compromiso individual y colectivo de quienes sepan asumirse como cultura, sepan empaparse de ella.
Rescatando algunas pautas de la ya resuelta identidad entendida desde lo disciplinario. Tenemos la identidad asumida y la identidad adquirida, aplicables ya en concreto a la compresión del ser cruceño. Concordemos entonces en que existió desde la histórica fundación de la Gobernación una primigenia identidad cruceña substanciada en su ser cruceño. Los cuales con el transcurso del tiempo fueron viéndose desarrollados en usos de costumbres plenos y manifiestos de trabajo/esfuerzo, algarabía, solidaridad, emprendimiento y obstinación.
El pasado, más bien logrado que desafortunado, debe proyectar la contundencia de ese compromiso para con el ser cruceño que es afecta labor de propios más que de extraños.
37En una propositiva definición Carl Schmitt al respecto del término pueblo identifica a éste como mejor significancia (o sinónimo) de lo que se debe entender por nación. Define a pueblo como “unidad políticamente hábil, consiente de su peculiar existencia y con una voluntad hacia ella”.
38 Caracteres que configuran similitudes pictocráticas, cánones físico-faciales y comportamiento homogéneo, concedidos a los nacidos de estirpes cruceñas conservadas de generación en generación.
39 Con la eventual asunción del “indigenismo” al poder político se advierten mañudismos excesivos al respecto de la auto afirmación de lo indígena. No existe certidumbre sincera, ni rigor científico en la ideación política masistoide sobre lo que implica la condición indígena. Partiendo desde ese remoto censo poblacional en 2001, como parámetro impreciso en lo que refería a la formulación de la pregunta respecto de la “auto identificación” con algún origen indígena del poblador censado, se entiende el por qué hoy es la condición indígena una ambigüedad política de fácil manipulación.
Esa silvestre “auto identificación”, ya sea como consecuencia de alguna moda de auto afirmarse indígena al tiempo del Censo; o según una identificación atribuida de un “yo me auto afirmo porque me han dicho que eso soy” (el origen étnico), aunque no sea científicamente verificable; e inclusive una irresponsable: “me auto identificaré indígena porque sí”. Son hechos que dan noticia de la vaguedad con la que la condición indígena es utilizada por el deseo político del masistoide.
Con una predisposición de la simple volición personal por encajar en las estadísticas indígenas, dentro de una u otra cultura de la variedad boliviana; la autoafirmación y sus estadísticas, como utilidad política, afloran a ser instrumentadas por el interés predominante del momento. No menos improbable es que ya con esas cifras de la autoafirmación superficial se pretenda acomodar la cuantía comprobable de la cifra real de autoafirmados en la condición indígena. Es decir si realmente existe una población indígena mayoritaria en Bolivia.
40El “Lebesnraum” (espacio vital) fue un principio de la teoría política que el profesor Karl Haushofer acuñó como directriz operativa de la geopolítica de expansión del III Reich. Este principio enunciaba la necesidad territorial de los pueblos (germánico en específico) para su desarrollo integral como civilización. Evidentemente que esa necesidad vital fue subjetivizada en extremo al programa del nacional socialismo. Escindiendo la verdad científica con la que se aplica a cualquier manifestación social que pretende ante todo tener certidumbre espacial de los elementos que componen su habitad y que pueden ser alcanzados para sustentar su espacio vital de producción, desarrollo y existencia.
El estado identitario del Ser Cruceño
El estado identitario del ser cruceño ha sido transversalizado desde sus primeros estadios por una amalgama cultural. Pero que no ha hecho otra cosa que esculpir un parámetro valorativo perfectible con el tiempo y la voluntad. Los aportes significativos de los intervinientes culturales desde la fundación se han fusionado en lo que hoy se puede denominar una impronta cultural del ser cruceño y su cruceñismo. Su identidad respecto del resto nacional es determinada.
El ser cruceño por el elevado nivel de constitución cultural que presenta contiene y muy manifiesta una suerte de inteligencia que no solo le va a permitir auto conservarse en esos elevados ratios culturales. Sino que es una inteligencia que le denota capacidad de discernir sobre qué valores exógenos, traídos desde fuera de lo cruceño, se puede valer y de cuáles no. Siempre bajo la razón primera de su existencia como ser del valor cultural.
Ante la sistemática perturbación del horizonte de eventos andino, dominado por el oportunismo político, el ser cruceño ha blindado sus contornos culturales para no ser afectado en la medida que la intención política pretende hacerlo.
El estado identitario del ser cruceño esta alcanzando a uno de sus mejores periodos. Esto acaece entre muchas razones por la naturaleza y filosofía de la causa autonómica. A través del tiempo y sus vicisitudes, el ser cruceño ha sabido trabajar ese su ideal a la par de su misma historia y existencia social. La libertad fue es y será el anhelo máximo de este pueblo y que se mantiene encendido ante la adversidad.
La autosuficiencia presente a lo largo de la historia cruceña es el complemento perfecto e indispensable para la realización del ser cruceño y su identidad.
VIII. El porvenir del Ser Cruceño y de Santa Cruz
a) La causa autonomista
Es menester remarcar que es la autonomía una causa nacida y reivindicada históricamente desde el ánimo y fuerza del cruceño. Es un rotundo manifiesto de la esencia del Iyambae característico de este ser en particular.
Pero que en este último tiempo se ha hecho una causa compartida con el resto nacional debido a la importancia que le corresponde.
Sin lugar a dudas el proceso de transformación en la arquitectura territorial del Estado, ese tránsito de un modo de Estado simple (unitario) por uno compuesto (esquema autonomista). En donde el monopolio legislativo se afecta a merced de una cualidad legislativa del subnivel territorial. Incide de sobre manera en la proyección del ser cruceño, la conservación de su identidad cultural y el porvenir de la Gobernación.
El cruceño cultivará su destino y común acuerdo con semillas cruceñas propias y honrosas. El ajenismo alienante que pretendió, más nunca lo consiguió, perforar la fortaleza de este espíritu noble, no tiene más chance de perturbar su sueño.
La producción legislativa que resulte de la Asamblea Departamental, y en coordinación con los otros niveles territoriales, deberá reflejar a profundidad la satisfacción de las necesidades sociales del habitante cruceño.
Es con la autonomía que se destierra la relativa o consumada dependencia, según la circunstancia política habida, a la que el centro del poder estatal sojuzgaba según su gana e interés.
¿A qué se debe apostar dentro del esquema autonomista?, sino es a cruceñizar los estamentos sociales esenciales. A cruceñizarlos aún más de lo que hasta el presente se tiene como consolidado. Estamentos que han sido saboteados por el afán centrípeto-andinista del gobierno en oportunidad del poder, y su obscuro intento de sometimiento político y cultural. Pero que gracias al bravo espíritu del cruceño, esos estamentos esenciales, siguen firmes y dignos.
Con esta alternativa del modo compuesto no solo se irrumpe el monopolio legislativo en favor de la Gobernación Departamental, de tal manera que se produzcan legislaturas más cruceñas que andino-centrípetas. Sino que también se estará predisponiendo el tipo de Estado, en lo que respecta a sus subniveles territoriales, como uno con pretensiones hasta más sociales (régimen fiscal, provisión de servicios básicos, entre otros) que aquellas mentiras prebendales salidas desde el “progresismo” internacional.
La autonomía cruceña definirá de entre un menú de situaciones los lineamientos políticos y sociales. Como lo concerniente a la educación e instrucción académica de sus con ciudadanos, según la idiosincrasia particular de los habitantes (nacidos o no) de esta región en particular. Es el momento para reformar uno de los elementos fundamentales41 como lo es el parámetro educativo, ideado en gran magnitud para otro tipo de identidad cultural. Que sin lugar a equívoco no es el referente de la mayoría nacional, peor aún, no lo es para esta región.
Será a partir de la proyección de una serie de elementos fundamentales que se labren, que sigan en ello, los espíritus cruceños a la imagen y semejanza de su imaginario cultural.
La autonomía, permitirá auto definir los modelos de productividad y generación del desarrollo, enmarcados en la providente biodiversidad de la zona tropical, de chaco, de valle y cordillera que se comprenden en la disposición geográfica de la Gobernación santa cruceña y la idiosincrasia de su gente.
En síntesis, esta causa autonómica, consagrara el lugar de lo cruceño dentro de la constelación nacional de culturas. Pero esta vez con un predominio de lo suyo -cruceño-, en pro de su conservación, su desarrollo y porvenir como identidad cultural cruceña.
La autodeterminación será arquitecta del ser cruceño y su identidad cruceña, así como de su fortuna con el destino.
41Como similar ejemplo de impacto social, jurídico y político puede verse como el Derecho Comunitario de la Unión Europa contiene tres elementos basamentales que le otorgan algo más allá que un mero proceso de integración, elementos que le dimensionan una identidad cultural. El primero es el principio de pertenencia, constituyéndose en razón y finalidad teleológica de todo el Ius Comunitario; este elemento es de naturaleza filosófica. Como segundo elemento tenemos a los procesos de integración per se, en materia específica; por medio de estos procesos se funcionaliza la dinámica y los ánimos de integrar bloques de inter-estatalidad. Por último se encuentra al elemento cualidad legislativa, delegada por cada país miembro al órgano supra-estatal; abarcando este elemento a su vez, a la soberanía -de relativa alícuota-. En si lo que hace posible que, siendo la europea una sociedad con Derecho Comunitario, se le puede identificar convincentemente una afirmación identitaria europea es la convergencia de esos elementos.
IX. El Ser Cruceño más allá de Santa Cruz
El Paititi, esa inmensurable riqueza, pudo haber sido encontrada. Pudo el Paititi haber yacido todo el tiempo en estas tierras, desnudo ante la furtiva visión del cruceño, del boliviano y del foráneo. Puede que el mito sean los mismos valores que se contienen en el ser cruceño, que manufacturados en el transcurso del tiempo conforman, a ese ser, excepcional en sus facetas que lo identifican y lo hacen ser ese ser distinto.
Un ser cruceño que vive en perseverante procura de su Iyambae, la conservación de su libertad, su existencia como ser en ella. Y es que es por ese Iyambae, como ya se advirtió en la aproximación definitoria de cultura, que se genera creatividad; por tanto cultura.
La manifestación de ese su compromiso con el destino es emanar y compartir del mito, en trascendencia de ejemplo y modus vivendi al mundo, al resto nacional de Bolivia.
Eso mismo es ir más allá…
X. El engranaje nacional desde el protagonismo cruceñista
La nueva forma de administración y gestión territorial de seguro que va a identificar a luces los roles no solamente cruceñistas, sino y en las reales magnitudes de las demás regiones nacionales y su protagonismo para bien o para mal del Estado y la nación bolivianos.
Eventualmente el engranaje nacional puede recaer en la voluntad y expresión de unos más que de otros, inclusive hasta con relativa alternancia. Sin que por ello se tenga que exclusivizar privilegios o lauros que marginen al sano espíritu de integración, visión y destino bolivianos.
Esa es la meta. El que a pesar de protagonizar en distintos menesteres de la vida social boliviana, se económica, cultural u otra, se mantenga y guie bajo el faro de un destino común boliviano. Hasta el momento esa es una tarea irresuelta, por comenzar y protagonizar como debe ser.
Lecturando el periodo de los últimos veinte años hay una inclinación histórica y real por el protagonismo del cruceño, su hacer, ser y su tierra. Este protagonismo no hubiese sido el mismo de hoy si los valores ya explicados no se hubiesen madurado.
Finalmente el andamiaje le corresponde al cruceñismo y su ser cruceño por sobre la tempestad dispuesta y servil a intereses nefastos.
Conclusiones
[Una cultura nacional, si ha de prosperar, debe ser una constelación de culturas, los componentes de las cuales, beneficiándose, benefician al conjunto.] T.S. Eliot
La identidad cruceña debe ser perseguida por cada sujeto que se sienta identificado con ella. Aquél sujeto que estando dentro del espacio geográfico de la identidad transcurre su existir junto a sus pares. Como también de aquel que sabiéndose parte del espacio cultural, ese que trasciende los imaginativos límites de las fronteras, ejercita su ser cruceño en íntima y constante afirmación de su identidad cruceña.
La exaltación del carácter identitario por quienes conforman la identidad cruceña coadyuvará a la conservación de todos los valores, las formas y conducta que se contienen en ella.
En el tiempo presente, y más con las circunstancias socio-políticas por las que se atraviesa, el llamado hacia una definición cultural respecto de la variedad cultural es un menester justificado y necesario.
Solo con una identificación que afirme a los sujetos en conjuntos culturales distinguibles se puede arribar a un constructo cultural de corte nacional. Que siempre debe suponerse como anterior y superior a las identidades que el espíritu cultural de nación abriga.
Se demuestra que por las condiciones históricas y el espectro político en específico, el espíritu cruceño en muchas de sus formas primigenias está volviendo y para quedarse.
Así se retorna a la histórica Gobernación, así se le devuelve la luminiscencia al Cabildo, así también el pueblo cruceño vuelve a esa su Autonomía que en su tiempo le permitió a esta sociedad madurar y esculpirse autoafirmada y muy segura de sí misma.
Estos eventos nos son ni fortuitos ni casuales, son consecuencia del destino cruceño. De ese honroso sentir de común acuerdo entre los pares de este sorprendente conjunto social. Con la firmeza y dignidad de no sumisión hacia un algo. Pero con la tenaz voluntad de conseguir la gloria.
Finalmente la identidad en su faceta cultural es la razón primordial que define el destino de un pueblo, de una sociedad y de una nación. Es por la cualidad y característica de cada uno de sus elementos que la conforman que se define la buena ventura o la tempestad de su existencia.
Todo esto siempre y a partir de la particular escala de valores que la Cruceñidad, su identidad cruceña, su ser cruceño y su cruceñismo se advinieron idear para existir y sobresalir por encima de la miseria social y existencial.
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