La figura del sindicato más allá de reclamar valoraciones de justicia, termina perjudicando políticas económicas, las desestabiliza, y resulta -a veces- convulsionando determinadas esferas de estatalidad caprichosamente. Con lo que la gobernanza alcanza niveles de crisis elevados. Dificilmente el sindicato y sus miembros saben contenerse, lo que los invita a exceder su razón de ser y por ende se transforman en catalizadores del poder político.
Bien es cierto que la intensidad de un sindicato responde a circunstancias maleables como las condiciones de vida o la idiosincracia del pueblo de donde emergen. Pero es necesario que los sindicatos también sepan desaparecer, y no consolidarse como bastiones políticos de intereses.
El presidente E. Morales en su reciente cumbre de el "ALBA", llamó a los dignatarios miembros a constituirse en sindicato. Con la intención pues de internacionalizar la figura, sus vicios, y transnacionalizar deseos de los más oscuros.