En enero de este año, a días de cumplir 13 años en el abusivo
ejercicio del poder -sin vocación para este -, durante una entrevista, Evo
Morales declaró: "Ya el cambio se ha dado, sobre el cambio se necesitan
otros cambios."
La frase en principio dejaba entrever cierta resignación “de
época” y un cansancio inconsciente, incluso con aire de “pasar la posta al
siguiente”. Empero como él mismo no permite un “siguiente” dentro su derruida
estructura, lo tenemos angurriento insistiendo con prorrogarse ilegalmente tras
el 22 de enero de 2020 (término de su mandato).
Adicionalmente a esa prohibición de “cambio” al interior de
su alquilada sigla, ellos saben que los oscuros intereses que todavía protegen
les pasarán “factura”. Y dar cuenta ante sus “acreedores”, ya sin poder, les
será difícil cuanto no letal. Por ejemplo, Carlos Romero, mucho se debe
preguntar en estos días del narco escándalo destapado: “¿Cómo será no ser
ministro de Gobierno?”.
Ahora bien, tomándole la palabra a Evo en el sentido de que
“sobre el cambio se necesitan otros cambios”, sin mucho esfuerzo y por
cuestiones prácticas se podría sostener que se puede “cambiar de sentido al
proceso”. Y hacerlo sin Evo Morales, porque legalmente ya no puede y porque
irreversiblemente está desgastado.
En ese marco de “cambio de sentido en el proceso”, p.ej., debemos
señalar que Evo siempre se menospreció frente a Carlos Mesa, su contrincante
más significativo según encuestas que ambos provocan. Morales afirmó varias
veces que "no hubiera sido Presidente si Mesa hacía lo que él
hizo". Específicamente si "nacionalizaba" los hidrocarburos.
Con tal menosprecio Morales, prácticamente, dijo que Mesa
“podría ser Presidente” si tan sólo hace "lo elemental".
Desmitificando el que "sólo Evo lo puede hacer". Con lo que
Mesa podría sostener una fórmula de campaña en torno a:
"Continuar" (lo "bueno"), corregir (lo
"malo") y "hacer" lo que Evo NO hizo. E incluso afirmar
tener una “agenda 20-25” (de transición)", en base a la “Agenda Patriótica
2025”, ya que la misma al haber sido elevada a rango de Ley el 2015, es de cumplimiento
obligatorio, independientemente de Evo y el MAS.
Esta simplificación del “continúo, corrijo y hago” lejana
del contenido ideológico que otrora se exigía, obedece a cuestiones de
practicidad y a que el electorado -altamente desencantado con Evo-, busca
DESALOJAR al inquilino contumaz del poder. Esa es la "primera necesidad”
política.
Por otro lado. Siempre en el marco del “cambio de sentido en
el proceso” (que se traduce en continuar, corregir y hacer), fácilmente se
podrá "borrar" al Evismo de la memoria colectiva en los
primeros años de transición. Porque mientras los escándalos los hundan, el
siguiente Gobierno deberá perseguirlos judicialmente -sin amnistía alguna- para
que respondan, y dedicarse a ejecutar los millonarios contratos de deuda
pública y de venta de energético -sin logos caudillistas y respetando a las
autoridades ediles y departamentales en la entrega de obras-.
Es decir que la estabilidad económica de la transición
estará garantizada porque: 1) Existen millones de dólares contratados por
concepto de deuda por el régimen saliente, que serán honrados por el siguiente Gobierno;
2) Existen millones de dólares comprometidos contractualmente por venta de gas
con los países vecinos, así como nuevos mercados energéticos; 3) El
contribuyente no va a dejar de tributar y tampoco se la van a imponer otros
tributos adicionales; 4) No se alterará el tipo de cambio de la divisa; 5) Se “rebautizarán”
algunos bonos y se asignarán otras fuentes de recursos para “crear” nuevos
bonos; 6) Se rebajarán tarifas de servicios básicos con lo que se deje de
regalar a las trasnacionales petroleras. Y así. No se requerirá implementar
medidas de “shock” ni en el ámbito fiscal, ni en el cambiario, ni en
el social.
La memoria colectiva sólo recordará al último
Gobierno que lo ejecute, sin ningún esfuerzo “ideológico” más que “continuar,
corregir y hacer”; “cambiando de sentido al proceso” sobre la marcha.
Publicado en Página Siete