Es muy casual encontrarse mundanamente con un sinfín de temas que apuntan a una falta o bien a un exceso de “mentalidad abierta”, “moderna”, “liberal”, “dejar fluir” y de “forniquémonos l@s un@s a l@s otr@s” impúdicamente.
En las más de las veces desconociendo inintencionalmente el significado de aquello que implica “mentalidad abierta”, indiferenciando su connotación real, acallando verdades personales, refugiando en ello miedos internos, o finalmente alevoseandosé de su puberil y eterna ignorancia al respecto.Sin embargo la tan mentada como así vociferada “mentalidad abierta” más bien puede y de hecho conduce a esbozar cánones de comportamiento muy ligeros, desordenados, perturbadores, permisivos y licenciosos. Que según esta i-lógica son parámetros normales, modernos y hasta adecuados.
¿Pero los afirmantes sabrán si con su englobadora sentencia se sienten parte los demás? Los demás: niños, jóvenes, adultos y ancianos; las demás personas o hasta la misma naturaleza.Pero lo que les cuesta descubrir o reconocer a estos alegóricos afirmantes es que mientras sigan representando este tipo de sentencia liberal y moderna así sin mayor preocupación, más repercusiones y sentimientos están creando en su contra. Podrán ellos, por “x” providencia, afirmar lo que consideren, pero no intentar imponer anormalidades -en y por sus esquemas modernos y libertinales-. Anormalidades liberales en el entendido de que el colectivo social, humano, existe gracias a estamentos y códigos sociales -normales-; y a pesar de que existen disposiciones culturales más acentuadas las unas de otras (en donde es casi imposible o son elevadamente sancionadas las conductas anormales), coexisten a su vez con situaciones que son distintas. Como acotación en el caso la homosexualidad, que no es un nuevo invento que se tenga que ensalzar como tal en los presentes días y que por ello se lo quiera forzar -como fenómeno social- en cánones de supuestas modernidad y libertad. Ya que a lo largo de la joven historia humana, siempre hubo conocimiento de estos comportamientos. Y siempre fueron atendidos como anormales o no normales.
Y es que el prejuicio se genera -en las más de las veces y con índices de apatía importantes- a partir de la misma negación de sus conductas exageradas que transgreden lo normal, pues cuando el exceso explota, lo distinto se torna en anormal produciendo mal estar en el otro normal y en los ojos observadores de las castas conservadoras; y generando o malificando su exceso como anormalidad. Así lo hacen las acciones corruptas o delictivas; más allá de las condiciones (internas o externas), causas anteriores y presentes que determinan en cada particular comportamiento el perfil de estudio criminal, son al final anormalidades que prorrumpen esquemas de orden y organización societales.
Si el distinto asintiera que su exceso resulta en afectaciones a las condiciones de existencia de su entorno social, como anormal en esferas públicas, disminuiría la rabiosa y vilolenta negación del otro. Pero como no lo hace pues escuda sus conductas en lo que baratamente se concibe como “moderno”, “liberal” o “aceptable”. Muchas situaciones se presentaron de la misma forma y hasta con las mismas justificaciones, pero terminaron por establecer sus raíces muy profundas en el pensamiento y accionar humanos; pero que irreversiblemente causaron, causan y causaran mucho daño. Obviamente que el conflicto de sexualidad, o el pétreo resentimiento prejuicioso no desaparecerían. Fluctuarían si, en las intempestivas aguas del desprecio y aprecio humanos. Pero se tendrían por lo menos posturas más sensatas y sinceras.Lamentablemente para quién/s se excusan bajo el argumento de que son sucesos particulares (aislados) los excesos anormales, y que por ello es “injusto” englobarlos a todos bajo un mismo estereotipo; no pueden demostrar tal constatación o hacerla sincera, con criterios de verdad y realidad antes que por simple instinto de defensa.
Con ello se deduce que es más fácil encontrarle razones de defensa -y abrigarse en lo particular- que englobar sujetos bajo un mismo estereotipo (a un cuando aparéntese lo contrario). Siempre es el “no todos son así” la eterna cuartada del diferente, excedido o no. Las herramientas de corrección, sobre los excesos, las pueden emplear ellos mismo, evitándose el disgusto de que lo haga/n por medios más des contemplativos otros individuos o instituciones.
O es que intrínsecamente esta conducta distinta a la media normal, tiene que desembocar -en algún momento- en el exceso porque su misma naturaleza así lo establece. Por lo menos así lo dan a entender los excesos o las defensas instintivas. Ahora bien que está siempre presente y ambivalente el nivel psicosomático del reconocimiento personal, en un@s como en otr@s individu@s será más difícil que fácil afirmarse, o en los más de los casos descubrirse diferentes, u homosexuales. ¿Pero sus momentos de intransigencia y alevosía son más fáciles y cómodos de reconocer, por ello los ejercen primero? Así también lo demuestran aun bajo los antipáticos términos de la generalización.