Publicados los
programas de gobierno de las organizaciones políticas en competencia electoral,
y por razones de espacio, hemos optado por someter a una valoración de
consistencia programática los documentos presentados por las alianzas “Libre”,
“Unidad”, así como por los partidos “APB-Súmate” y “MAS-IPSP”. La evaluación la
hemos realizado tomando como referencia parámetros del método MARPOR-CMP,
que permite codificar cada quasi-sentence dentro de un sistema de
categorías mensurables.
Programa de la alianza
“Libre”: exhibe una inconsistencia simbólica y doctrinal desde su portada: el
uso del verbo “salvar” revela una retórica mesiánica. Esto se irradia también
en su propuesta de “Propiedad Popular” (pág. 27) como expresión populista (de
corte izquierdoso) disfrazada de “democratización patrimonial”, donde el Estado
promete “participación en el propio Estado” sin entregar poder real ni valor
económico efectivo.
Programa de la alianza
“Unidad”: respecto a las empresas públicas, su enunciado programático “NO las
privatizaremos. NO las capitalizaremos. Buscaremos inversionistas, siempre
pensando que el control debe estar en manos del Estado” (p. 13) se inscribe
claramente en la categoría Sobreestatización al reafirmar la centralidad
del control estatal sobre sectores estratégicos. Aunque menciona la búsqueda de
inversionistas, la condición impuesta de supremacía estatal delata una
desconfianza estructural hacia el mercado, lo que permite vincular esta postura
también con la categoría Economía Controlada al sugerir una intervención
activa que subordina la lógica privada al poder público, en nombre de una
supuesta eficiencia administrada.
Programa del
“MAS-IPSP”: el acápite “Control, regulación y retorno de divisas comerciales” representa
la continuidad del intervencionismo que encaja con las categorías Monopolio
de Estado, Economía Controlada y Oposición al Libre Comercio. Bajo
el ropaje de “regulación”, se plantea una estrategia restrictiva que, lejos de
corregir desequilibrios, reproduce los males ya conocidos: fuga de divisas,
contrabando, desincentivo al retorno de capitales y desconfianza generalizada
en el sistema financiero. En términos programáticos, esta propuesta no sólo es
regresiva, sino que configura un itinerario hacia la escasez estructural, la
informalidad crónica y un colapso cambiario mayor al actual.
Programa de Gobierno de
APB-Súmate: traza una pretenciosa hoja de ruta hacia una transformación
profunda donde el Estado deja de ser antagonista del mercado para
convertirse en socio estratégico y garante de un nuevo equilibrio territorial,
priorizando calidad de vida e inserción internacional. Propone siete
transformaciones estructurales: jurídica (seguridad jurídica,
independencia de órganos, orden público/política criminal de cero tolerancia al
crimen), política (reinstitucionalización transversal y Gobierno Abierto),
económica (orden cambiario, estabilización monetaria y disciplina
fiscal con un BCB independiente), productiva (nuevo Código de
Energías, litiodólares, nueva visión agroexportadora), social
(reforma educativa y sanitaria con enfoque digital predictivo), territorial
(liberación de competencias, nuevo pacto fiscal 50/50, cogobierno multinivel) y
moral (intolerancia a la corrupción y al narcotráfico). Se
complementa con ejes estratégicos como Gobierno Electrónico, turismo
sostenible, interconexión bioceánica (aérea, fluvial, ferroviaria y vial) e
Instituto de Fomento al Desarrollo, con un planeamiento territorial de
macroregiones por vocación productiva.
Finalmente, con base en
los parámetros mencionados, este último Programa proyecta un salto hacia el tecnoliberalismo
que combina una economía mixta (gobernanza digital, nuevas formas de ciudadanía
priorizando a vulnerables/determinantes sociales, desafíos ambientales y
reconfiguración geopolítica), orden, desregulación, reinstitucionalización y
una nueva gestión territorial autonómica, transformando la gobernabilidad desde
lo subnacional; superando así la obsolescencia de un modelo en fase terminal tras
20 años.
Publicado en Visión 360