A 51 días del 17A, aún no existe certeza de que las elecciones se celebren en tiempo y forma, lo que configura el 1° momento crítico del proceso.
El 2° momento crítico
es el control electoral efectivo, comenzando por garantizar la digitalización
oportuna y verificable de las actas en tiempo real a través del TREP, para
evitar manipulaciones en el escrutinio.
El 3° momento crítico
será la transmisión del mando presidencial al Gobierno electo. Y si la
tendencia irreversible de los resultados se hace evidente, podría exigirse su
adelanto hacia fines de agosto, para evitar una prolongación agónica.
Y el 4° momento crítico
—posiblemente el más desafiante para el nuevo Gobierno— será conservarse en el
poder, ejerciendo el Principio de autoridad y poniendo orden por todos los
medios, frente a la amenaza constante de los derrotados que pretendan desconocer
la voluntad popular desde la calle.
Dicho lo cual, a
diferencia del 2020 en que compitieron 5 organizaciones políticas (MAS, CC,
Creemos, FPV y PAN-BOL), ahora serían 10 organizaciones políticas: 5 partidos y
5 alianzas, pero para el presente análisis vamos a versarnos sobre las que
tienen mayores oportunidades:
Partidos políticos
-APB-Súmate (Autonomía
para Bolivia - Súmate): Manfred Reyes Villa – Juan Carlos Medrano.
Alianzas
-Libre (Demócratas y
FRI): Jorge Tuto Quiroga – Velasco.
-Unidad (UN): Samuel
Doria Medina – Lupo.
Perceptivamente se
tiene que el candidato Quiroga genera aversión en el electorado que busca una
alternativa a estos 20 años de latrocinio de izquierda por haber tenido que
sucumbir a la imposición del Frente Revolucionario de Izquierda base de
su alianza —y simultáneamente de la de CC—. Asimismo, es el único candidato —en
edad de jubilación— que (así como Evo Morales), en calidad de ex Presidente del
Estado percibe una renta vitalicia de 10 salarios mínimos nacionales
-equivalentes a Bs 27.500-, cada mes/Bs 330.000 al año, por no hacer nada
productivo, mientras que un esforzado jubilado que hubiere aportado 10 años (como
límite inferior) apenas accede a Bs 720 —38,19 veces menos—.
En el plano
programático, una de sus mayores inconsistencias radica en su dependencia de
millonarios créditos del FMI, es decir, más deuda para pagar deuda, un modelo
tan insostenible como del propio Arcismo.
A ello se suman señales de alarma económica: un riesgo país de 2.109 puntos (JP
Morgan), una calificación crediticia “Ca” (Moody’s), que implica alto riesgo de
impago, y apenas 44.1 puntos en el Índice de Libertad Económica (Heritage
Foundation), lo que refleja un entorno profundamente restrictivo para la
inversión.
En ese contexto,
cualquier eventual crédito externo estaría sujeto a condicionalidades
draconianas, especialmente en materia de ajuste cambiario y monetario, con
desembolsos aprobados a cuentagotas y en plazos que el país ya no puede
esperar.
La propuesta de
endeudamiento externo masivo promovida por Quiroga es jurídicamente inviable,
ya que vulnera el Art. 320.IV de la CPE, que prohíbe expresamente todo
condicionamiento externo sobre la política económica del Estado.
En el caso de Samuel
Doria Medina (SDM), su imagen empresarial se diluye al quedar asociada a su
pasado como ministro liquidador de empresas públicas sin sustento técnico, y
vinculado a escándalos mediáticos relacionados con el narcotráfico, el manejo
de gastos reservados (al igual que su vicepresidenciable), con los Panamá
Papers, entre otros antecedentes que comprometen seriamente su
credibilidad.
Un rasgo que comparte
con Quiroga es su rol en momentos de genuflexión política ante el MAS. Primero,
durante las negociaciones que permitieron la Constitución “Plurinacional”
(2006–2009), y luego en la Universidad Católica Boliviana en 2019, donde ambos
participaron —junto a la cúpula evista— en las decisiones que facilitaron la
exfiltración de Evo Morales y la preservación de la sigla masista, allanando
así el camino para su retorno al poder en 2020 y la posterior multicrisis.
En lo económico, SDM
—al igual que Quiroga— plantea "buscar otras fuentes de
financiamiento" porque, según su Programa, “lo más inteligente que se
puede hacer es pedir ayuda” —el equivalente político de la comida fast
food servida en bandeja ajena, pero que a la larga solo indigestará al país—,
desconociendo los graves indicadores macroeconómicos ya mencionados; y
evidenciando una peligrosa dependencia de créditos externos bajo condiciones
que el país difícilmente podría afrontar.
Concluyentemente, el votante no elegirá a políticos fast food, ni a rentistas vitalicios, ni al continuismo con más deudas. Bolivia necesita un experimentado líder decidido a poner orden, atraer millones de dólares directamente, romper pactos cómplices y encarar de frente la TRANSFORMACIÓN PROFUNDA.
Publicado en Visión 360
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