
Hace ya un buen tiempo la embestida masista sobre el Tribunal Constitucional, constituía una severa afrenta al Estado de Derecho y la sociedad boliviana; hoy suspendida en sus garantías constitucionales y dejada a la fortuna y apetito políticos. Situación que sin dudas fue una victoria para el gobierno, y que le permitiría abrogarse la competencia, autoridad y decisión respecto de lo que llegaría a significar en adelante lo legal e ilegal. Resultando, según resuenan aun las fervorosas voces oficialistas, la eliminación del resabio institucional (T.C.) y la condena histórica de sus tribunos -neo liberales/colonialistas-.
El 16 de abril se llevo a cabo un “operativo comando” ejecutado por el grupo de elite DELTA en la ciudad de Santa Cruz. Para desbaratar a un supuesto grupo terrorista que pretendía arremeter contra la “unidad del país” (ya fraccionado en más de 30 naciones y acentuado en las regiones), la “soberanía nacional” (clientelisada a la chequera de la fidelidad venezolana). Bueno en definitiva que atentaría contra la vida del nuevo “monarca plurinacional” (vaya figurita neo constitucional), el ciudadano E. Morales.
Dicho operativo atestado de incertidumbres, anomalías y apestoso en el curso de su procedimiento. Desemboca en que la iniciación del proceso penal sobre el supuesto terrorismo, se desarrolle desde y solo desde (lógica mate-masistica) la jurisdicción de la ciudad de Nuestra Señora de
Anulando con esto la prioridad jurídica que tiene por la figura del juez natural, en este caso la jurisdicción cruceña. Consagrada en las Reglas de Competencia Territorial, del Código de Procedimiento Penal.
A lo que el buffet oficialista de abogados (con dotes proféticos) arguyó en su momento que la demanda primaria basada en sospechas sobre un supuesto acto terrorismo -y futuro- fue realizada en la ciudad de
Por otro lado. El proceso se fecundaba próspero bajo la jurisdicción paceña hasta que la una vez reclamación jurídico-cruceña interpuesta ante
Finalmente. Este típico comportamiento puberto de desprestigio y guiado por su capricho, sin razón, e inmadura actitud, es evidente ante la ausencia de la autoridad. Como cuando en una familia generalmente a los padres (autoridad), se los empieza a extrañar y a reclamar una vez que estos ya no están. Así pues el Tribunal Constitucional, una vez destruido por su hijo malvado, ahora es clamado por éste. Más sin embargo y a culposos pesares tanto de oficialistas como de opositores, la única instancia por la cual se evitan estas desventuras es la vigencia y vitalidad de un Tribunal Constitucional o de casación técnica, que es el core de todo el software Iurídico-estatal.
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