Publicados que fueron los resultados de la última encuesta
a través de Página Siete, a escasos 21 días de las elecciones, debemos apuntar
inicialmente que como irreversible tendencia electoral nuevamente gana el
“balotaje”.
Sí, ensalzamos esta figura constitucional que
nos lega la democracia representativa, antes que referirnos sobre cualquier
candidatura (constitucionalmente habilitada, claro está).
Y
lo hacemos resumiendo que el inevitable balotaje, según nos permite percibir la
experiencia comparada en una precisa frase, “NO es el segundo tiempo de un
mismo partido, pues constituye una nueva elección” (Zovatto Daniel), con
características especiales e inéditas en el caso boliviano.
Dicho
lo cual, debemos ponderar lo siguiente:
1)
El factor legal: la inevitable segunda vuelta electoral entre el binomio de
facto golpista y los 37 años de democracia boliviana que representará el
binomio constitucionalmente habilitado, reactivará el legado legalitario del
21F y la convicción ciudadana de que NO se nos puede “quitar el voto de la
boca” por el que –mayoritaria y constitucionalmente– le dijimos no a Evo
Morales, y a su anexo García.
2)
El factor legitimante: es decir que al balotaje, el único binomio
constitucional de oposición, llegará con el porcentaje que logró la segunda
vuelta, sumada la potencia del 21F, la sensación de “unidad” (por defecto y en
el mejor momento) que se generará en torno al único binomio constitucional que
quedó y la expectativa de que se le puede ganar al golpismo MASista, cuyo
(binomio “entró por la ventana” a esta fiesta electoral) para hacerles
responder por 14 años de latrocinio.
Incluso
en la hipótesis de quienes afirman que el siguiente será un gobierno con varios
elementos conservados del llamado “proceso de cambio” pero SIN Evo Morales (en
ejecución de la simplificante formula “conservar, corregir y hacer” que
propusimos para una transición pausada hacia el año 2025), el balotaje
favorecerá al candidato que NO sea Evo Morales (que carga con más de 13 años de
latrocinio) por el sólo hecho de NO serlo. Así de fácil.
Por
otro lado, el porcentaje de “indecisos” y de quienes pretendían abstenerse de
alguna forma repercutirá más en la segunda vuelta (que en la primera), en cuyo
escenario se gana por mayoría de votos; es decir, aunque la brecha fuese de un
solo voto.
Véase que hasta esta última encuesta ha
acaecido la tragedia humanitaria y ambiental de la Chiquitania,
independientemente de que otras variables incontrolables para el MAS se
presenten: ya sea en la víspera del 20/10 o, mejor aún, en la recta final de
cara al balotaje dentro de los 60 días posteriores al 20/10.
Otro
aspecto vinculado al factor legitimante precitado es que en la segunda vuelta
habrá “migración” de votos a favor del único binomio de oposición que quede
para derrotar al golpismo MASista. Es decir que se llegará a la segunda vuelta
y no sólo los hasta ese momento “indecisos” se decantarán por el binomio
constitucional, sino que además se le sumarán –y en un porcentaje
significativo– quienes votaron por otras opciones de oposición.
Ya
que por simple lógica, el único binomio constitucional de oposición –que
brindará sensación de “unidad”–, cifrará todas las expectativas contra el
golpismo MASista.
Finalmente,
cabe advertir una situación, por no decir más, “inquietante”. Y es que lo que
NO establece la CPE de 2009 respecto al balotaje es si los resultados de una
primera vuelta que obtuvieron los del tercer lugar para abajo (que no pierdan
la sigla) se “respetarán”, a efectos de composición de la nueva Asamblea Legislativa
Plurinacional.
En
otras palabras, la CPE de 2009 no establece expresamente que los candidatos
para “pluris” y senadores –cuyos presidenciables no clasificaren al balotaje–
“serán electos en primera vuelta”, que es un presupuesto distinto de que sean
“elegidos en votación directa”, por si caso. Ya que esto último refiere a que
el elector elige sin “ninguna intermediación por parte de otra persona u
órgano” (rectius volición).
Publicado en Página Siete

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