A estas alturas, muchos estarán familiarizados con los procedimientos farmacológicos a causa de la pandemia y la reacción, en algunos casos inexplorada, de sus organismos frente a los múltiples tratamientos clínicos a los que se someten. En ese contexto, es bastante conocido que si, tras la evidencia sintomatológica y la prescripción médica oportuna, el paciente no decide seguir con rigor espartano la supresión medicamentosa, p.ej. a una infección bacteriana, esta puede devenir en una “sobreinfección” que complique el cuadro inicial -hasta- con fatales consecuencias.
Por otro lado, la suspensión o indisciplina (en cuanto al horario y a la dosificación) del tratamiento prescrito puede derivar en una “resistencia bacteriana” que vuelva crónico el padecimiento inicial, y también terminar en complicaciones multisistémicas que atrofien nuestro sistema inmunológico y nos hagan vulnerables en los años de sobrevida que tengamos. En este caso suele ser conveniente practicarse un antibiograma y cultivo para poder precisar, cuanto antes, ante cuál fármaco es “sensible” la bacteria y atacarla con radicalidad.
También sucede que, en algunos casos, ya sea por impericia o desesperación, el paciente adquiere sólo analgésicos para mitigar el dolor y no fármacos específicos para erradicar la infección bacteriana. Lo que tampoco conduce a la resolución del problema, pues solo lo procrastina peligrosamente.
Dicho lo cual, trasladado esto al escenario de la política nuestra y en un sentido figurado, resulta que el pueblo boliviano durante 14 años de latrocinio (se) estuvo tratando LA PURULENTA “INFECCIÓN AZUL” con “analgésicos” o “placebos” que sólo disfrazaron el dolor y postergaron la solución definitiva a costa del deterioro de la propia salud democrática, siendo que el patógeno es mortal. Ciertamente en el camino hubieron “ensayos políticos” de los más variopintos, cuales “antibiogramas y cultivos” te permita el laboratorio, que fallaron; hasta noviembre de 2019 en que supimos identificar LA EFICACIA DEL DEBER CÍVICO EN LA CALLE BAJO UNA CONSIGNA CIUDADANA. Empero, cuyo tratamiento “suspendimos” irresponsablemente como “pacientes confiados”.
Vimos que, desde noviembre de 2019, las bacterias azules se hicieron -en cierta forma- “resistentes” a los fármacos (de las “primeras generaciones”) por irresponsabilidad de los propios “pacientes”, reitero. Y hoy día padecemos las consecuencias genocidas de ello. Empero NO es tarde, todavía TENEMOS MILLONES DE ANTICUERPOS (“en niveles séricos eficientes”) y la relectura de nuestro “antibiograma y cultivo” nos permite, una vez más, someter la purulenta infección azul a la dosis exacta y constante del “fármaco adecuado”.
Ya no es tiempo de “analgésicos” o inútiles “placebos”, EL PUEBLO NO LE PUEDE DAR MÁS OPORTUNIDAD A LA INFECCIÓN AZUL, SE DEBE ACTUAR CON DECISIÓN Y DISCIPLINA.
El pueblo encontrará la forma en democracia, ES UNA CUESTIÓN DE DEBER CÍVICO VITAL Y DE HIGIENE POLÍTICA.
#SonEllosOSomosNosotros

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