lunes, 16 de agosto de 2021

«LA UNIÓN ES LA FUERZA»


(El legado etrusco, romanista, fascista, y bolivariano de los bolivianos)

“Siendo antiindividualista, el sistema de vida (‘) pone de relieve la importancia del Estado y reconoce al individuo sólo en la medida en que sus intereses coinciden con los del Estado. Se opone al liberalismo clásico que surgió como reacción al absolutismo y agotó su función histórica cuando el Estado se convirtió en la expresión de la conciencia y la voluntad del pueblo. El liberalismo negó al Estado en nombre del individuo; (‘) reafirma los derechos del Estado como la expresión de la verdadera esencia de lo individual. La concepción (‘) del Estado lo abarca todo: fuera de él no pueden existir, y menos aún valer, valores humanos y espirituales.

Entendiendo de esta manera, (‘) es totalitarismo, y el Estado (‘), como síntesis y unidad que incluye todos los valores, interpreta, desarrolla y otorga poder adicional a la vida entera de un pueblo (…).

(‘), en suma, no es sólo un legislador y fundador de instituciones, sino un educador y promotor de la vida espiritual. No intenta meramente remodelar las formas de vida, sino también su contenido, su carácter y su fe. Para lograr este propósito impone la disciplina y hace uso de su autoridad, impregnando la mente y rigiendo con imperio indiscutible (…).”

La precitada es parte de la definición -genuina- de lo que es el “fascismo” o el ser “fascista”, o lo que los degustadores del café diríamos es (su) “ristretto”, concebida hace 89 años en “La Doctrina del fascismo” de Benito Mussolini (1932).

Suprimí momentáneamente los vocablos “fascista” o “fascismo” del citado texto para probar que alguien que normalmente lea así tal definición bien podría cautivarse y, sin caer en prejuicio y/o ignorancia, colegir que se trata de una definición contemporánea de lo que implica ser la meta de cualquier Estado “serio” del orbe; independientemente de su Gobierno, que es distinto. Pues fue concebida desde esa perspectiva universalista y, ante todo, sirviente al interés colectivo sobre cualquier egoísmo; con base EN LA FUERZA DE LA UNIDAD. De ahí que etimológicamente el vocablo italiano “fascio” (trad. “haz”) devenga del latín fasces trad. “grupo”, “liga” o “unión” representado gráficamente en un “manojo de varillas/fasces” que hacían “la fuerza a través de la unidad”. Para mayor precisión, en “la antigua Roma” (rectius Monarquía, República e Imperio) el “fascio littorio o “haz de lictores” -tomado de la tradición etrusca- simbolizaban “la autoridad, el poder, y la fuerza que tenía en sus manos el magistrado” (BBC, 2020). Estas varillas eran por lo general de olmo o abedul, su número variaba según la magistratura y también representó “una por cada curia de la antigua Roma”. Eran “de 1,5 metros de largo, y un hacha, atadas con una cinta de cuero rojo, que los lictores llevaban recostados en su hombro.” (ídem).

Adicionalmente, tal símbolo además poseía una connotación (pre)jurídica destacable. Ya que “cuando (los fasces) eran cargados dentro de Roma, les quitaban el hacha como reconocimiento del derecho de un ciudadano romano a apelar la decisión de un magistrado.” (ídem) Lo que en la CPE boliviana de 2009 se conserva en el Art. 180.II, por si acaso.

 

Ergo, antes de hacer gala de supina ignorancia o en confusión etílica atribuir la significación del coloquial término “facho” a alguien o “fascismo” a algo que NO lo son, primero recurre al origen, a la historia, para no quedar en vergonzoso ridículo.

 

Huelga decir que en nuestra tradición suramericanista de la independencia, el fascio fue usado como símbolo en el escudo de la Gran Colombia (1819-1831) a petición del libertador Bolívar, y luego conservado en los escudos de la Nueva Granada (actual Colombia), Venezuela y Ecuador tras su secesión (1830).


Finalmente, la icónica frase de la Bolivia republicana «LA UNIÓN HACE LA FUERZA» (“puesto que es más fácil quebrar una vara sola que quebrar un haz”), según la notafilia consultada, deviene pues de ese mismo origen romanista (ex ante etrusco), bien arraigado en la simbología bolivariana. En otras palabras, esa frase es la “transcripción” o la versión literal de los fasces o haz de lictores etruscos conservados por romanos, fascistas, bolivaristas y bolivianos.

En consecuencia, decirle a alguien “fascio/facho” es, en stricto sensu, decirle: “FUERTE EN LA UNIÓN”. 


 

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