De acuerdo con los
datos preliminares —aún no oficiales— del Sistema de Resultados Preliminares
(SIREPRE) difundidos por el Tribunal Supremo Electoral la noche del 19 de
octubre de 2025, Rodrigo Paz (PDC) resultó ganador del balotaje con 54 % de los
votos, superando a Tuto Quiroga (LIBRE), quien obtuvo 45 %, según el conteo
rápido al 97,8 %.
Paz ratificó así la
ventaja obtenida en la primera vuelta, cuando alcanzó el 32,06 % de los votos
válidos (1.717.432 sufragios) frente al 26,70 % (1.430.176 votos) de su
principal contendiente. En el balotaje, amplió su margen a una diferencia de
9,2 puntos porcentuales. Desde una perspectiva territorial, puede concluirse
que el peso demográfico de la votación válida en los departamentos de La Paz
(65,6 %) y Cochabamba (61,1 %) resultó determinante para consolidar la victoria
nacional de Paz.
De acuerdo con los
resultados preliminares del SIREPRE, el candidato Rodrigo Paz obtuvo mayoría en
seis departamentos, mientras que Tuto Quiroga prevaleció únicamente en tres. El
senador tarijeño consolidó su victoria con un amplio respaldo en La Paz, Oruro,
Potosí, Chuquisaca, Cochabamba y Pando, en tanto que el exmandatario logró
imponerse únicamente en Santa Cruz, Tarija y Beni. Lo que podría redefinir
proyecciones de cara a las elecciones subnacionales de 2026.
Si bien es cierto que,
a diferencia de la primera vuelta, la difusión de los resultados preliminares
por parte del TSE careció de la prolijidad esperada —generando legítimas
susceptibilidades que se trasladaron de las redes sociales a las calles en
algunas ciudades—, Quiroga reconoció y felicitó públicamente la victoria de
Paz.
Más allá del resultado
electoral y de los porcentajes obtenidos, Bolivia enfrenta una multicrisis
wiphaleña que no admite triunfalismos ni lecturas partidistas.
De cara al nuevo
periodo gubernamental, la correlación de fuerzas en el Órgano Legislativo se
erige como un antecedente decisivo para comprender los desafíos de la
gobernanza nacional. En el Senado, la representación queda distribuida entre
PDC (16 escaños), Libre (12), Unidad (7) y Súmate (1); mientras que, en la
Cámara de Diputados, el PDC controlará 49 curules, seguido de Libre (39),
Unidad (26), Alianza Popular (8), MAS (2), Súmate (5) y el Consejo Indígena
Yuqui Bia Recuate (1).
Esta composición plural
exige un auténtico ejercicio de cogobierno, entendido no como reparto de
cuotas, sino como una necesidad histórica de concertación republicana bajo
responsabilidad compartida. En un contexto marcado por la escasez, la
incertidumbre y la tensión social, el nuevo Ejecutivo deberá garantizar:
1.
Gobernanza en el Congreso, a través de
acuerdos estables y mayorías funcionales; y
2.
Gobernabilidad en las calles, mediante
el diálogo social y la responsabilidad institucional.
Solo un “covenant”
republicano (un acuerdo moralmente vinculante entre las fuerzas políticas)
podrá reconstruir el orden institucional y reafirmar la Nación sobre sus
fundamentos cívicos y morales. En esa línea, el presidente del Bicentenario,
Rodrigo Paz, en su discurso de victoria, tendió la mano a todas las
organizaciones políticas, convocándolas a un tiempo de reconciliación nacional.
Finalmente, con el
veredicto de las urnas se cierra el ciclo más nefasto de la historia política
de Bolivia. El “Movimiento al Socialismo”, junto a sus diversas variantes
—Evismo, Arcismo y otras—, ha perdido el poder formal y material que sostuvo
durante dos décadas bajo el disfraz del llamado proceso de cambio,
degenerado en un “Estado Pluricártel” que amenaza la seguridad interna y la soberanía
nacional.
A la par, se desvanece
el mito de que el bloque nacional popular era patrimonio exclusivo de la
izquierda radical. En esta segunda vuelta, el pueblo ha hablado con claridad, empero
permanece abierta una pregunta de hondura histórica:
¿Es este el simple fin
de un ciclo o el albor de un nuevo sujeto político, capaz de reconciliar a la
República con su destino y restaurar su espíritu cívico?
Publicado en Visión 360
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