No siendo lo suficientemente complaciente el asalto al poder político para los deconstruccionistas (políticos, más no culturales), estos, resignados en su fracasado intento de "reforma", tienden a compensar esas derrotas, esas ansiedades y carencias, con la abrupta corrosión de la lábil esfera judicial. Lo hacen, salvajemente improvisados, en el anunciado ocaso de su infortunado e intrascendente tránsito en el poder político (más no cultural).
A
los deconstruccionistas (políticos, más no culturales) no se los debe
apreciar, solo, como chuto-adjudicatarios de haber impuesto "elecciones de
magistrados judiciales"[1], sino también como nefastos
partícipes y co-responsables de la putrefacción total del anterior esquema
judicial. Es decir, que se los debe reconocer como sus rematadores, que
teniendo planeado el tratar de inscribirse como los "reformadores judiciales"
(que evidentemente no son), los deconstruccionistas (políticos, más no
culturales) se esforzaron por terminar de saquear, corromper, y descomponer
el anterior esquema judicial, confiando en poder expiarse todas sus
fechorías con el pasado neoliberal,
aun cuando los deconstruccionistas (políticos, más no culturales) también
fueron oportunistas partícipes de esas parasitarias prácticas en el último
tiempo.
Ahora bien,
los deconstruccionistas
(políticos, más no culturales) ejecutaron
un proceso (prese)eleccionario-judicial del cual puede sé enfáticamente afirmar
que:
- Los ANULADOS JUDICIALES provienen del cuoteo de una Asamblea cuya mayoría es la del oficialismo. Razón por la cual, las listas de los “pre seleccionados” jamás resultaron del necesario contrapeso (democrático) de representación/participación en Asamblea, sino del cuoteo del rodillo oficialista. Situación que hace que los “pre seleccionados”. por tanto los “electos” por la ficción de la “simple mayoría”, hayan quedado del cuoteo del partido de mayoría en Asamblea, como en los mejores neoliberal times;
- La justicia no se “renueva”, no se modifica, con la simple alternancia de sus operarios (ANULADOS JUDICIALES). En todo caso es el Órgano Judicial (como institución), distinto de la justicia (como valor), el que cambia -tan solo- sus recursos humanos. Por tanto, creer que con el cambio de los recursos humanos va a “mejorar” la putrefacta institucionalidad judicial de por sí, es como creer que cambiando al Comandante General de la Policía Nacional (a.i.)[2], esta institución dejará de estar tan descompuesta. de hecho este ejemplo (policía nacional) es la comprobación de que los meros cambios de recursos humanos no resuelven nada, más bien complica;
- LOS ANULADOS JUDICIALES, que fueron “electos” por la ficción y oportunidad de la “simple mayoría,” no consiguieron porcentajes que justifiquen el más peregrino grado de “legitimidad”. En efecto, los escasos porcentajes, por los que fueron “electos” por simple mayoría, son los mismos porcentajes que hubiesen conseguido con el anterior sistema de designación. De hecho, en la mayoría de los casos los anulados judiciales consiguieron insignificantes porcentajes, en comparación de lo que consiguieron los asambleístas legislativos que los preseleccionaron;
- Finalmente, de qué “renovación” pueden los impostores oficialistas hablar, si la mayoría de sus “pre seleccionados” por el rodillo de su mayoría, que fueron a su vez “electos” con mínimos porcentajes por la ficción de la "simple mayoría", ejercieron actividades judiciales ya sea a nivel de magistrados, en cargos inferiores, como asesores, y otros. Por lo que su fraudulenta "elección" de magistrados, además de haber sido castigada por la nulidad de las grandes mayorías bolivianas, fue una mera ratificación de aquellos agentes judiciales serviles al Órgano Ejecutivo.
Consiguientemente,
los deconstruccionistas (políticos, más no culturales) anunciaban retoques
(plurimetamorfosamientos) de leyes como la del Ministerio Público, retoques a
los principales códigos, entre otros malabarismos circenses, ausentes -evidentemente-
de los más básicos cuidados jurídico-científicos. Siendo este punto en el que mejor se puede advertir el cómo
los “mestizos”, los indígenoides y las malinches palaciegas, llevaron sus
complejos y taras psicosociales a las instituciones judiciales, ENEFERMÁNDOLAS,
ACOMPLEJÁNDOLAS como personas colectivas o jurídicas.
Este es un acomplejamiento
psicosocial que halla antecedentes en otros órganos e instituciones que ya han
sido plurimetamorfoseados, a obra y semejanza de sus juglares deconstructores. En
ese afán, los deconstruccionistas (políticos, más no culturales) piden,
p.ej., "la oralización de todos los procesos". Pero acaso será una “oralización”:
¿Porque todos son champa-penalistas,
seudo-diplomados o ignaro-maestrados?
¿Porque no saben un ápice de la
materia procesal en general?
¿Porque no hallaron pluri-diplomado
o pluri-maestría con qué “comprar conocimiento”, y por ende vieronsé en
necesidad?
O será esta amañada petición
una simple y patética confesión del “semialfabetismo” en los elementos
judiciales, y por tanto, de sus consecuentes y graves deficiencias para "leer,
entender y escribir", en castellano y en cualquier idioma nativo o
extranjero, representándoles ser, un castigo y/o carga pesada e
imposible de llevar, cualquier proceso mixto como los presupuestados en los actuales
códigos de procedimiento civil y procedimiento penal p.ej.
En el
caso de los plurinacionales, ofertas como la de la “oralización de los
procesos”, no es una que resulte de cierta preocupación o tendencia
“practicista” (como la de facilitar la emisión de un mayor número de resoluciones p.ej.), sino más bien, como efecto de su
confesado apego a la INFORMALIDAD y/o MALEABILIDAD[3] (propia de su pajpacuneado
ius comunitarismo) a la que pretenden
condenar a la justicia positiva.
Así como (en su momento) los deconstruccionistas anunciaron ius comunitarizar la justicia positiva (occidental), es decir
devolverla a ese incierto e incomprobado “pasadito” (pre colonial) sin códigos
ni presupuesto legal alguno, así es como pretenden -hoy- condenar la tradición
jurídica boliviana al cadalso de lo ambiguo y lo amañable.
____________________________
[1] Elecciones que no solamente
no son "ineditas", sino improvisadamente maltrechas.
Ver más en:
[2]Un
Comandante en offside constitucional
Ver también en:
Un verde-olivo Déjà vu
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