Partamos por concebir a la polisemántica idea de libertad, como a una fuerza que todos los seres vivos intrínsecamente contienen. Fundamentalmente llega a comprender las innumerables posibilidades alternativas entre si, que al ser vivo puedan presentársele. Así como puede acceder a las posibilidades y experimentarlas -acción y reacción-, pueden las posibilidades tan solo permanecer como alcanzables y sólo ser contempladas en lo abstracto. ¿Podría decirse entonces que mientras más posibilidades alternativas experimente o simplemente contemple el ser vivo, más calidad o cantidad de libertad posea?, eso es relativo. Evidentemente será por medio del tecnológico avance, la mejor especialización de la ciencia en el tiempo, las condiciones espaciales y socio-culturales del individuo; que estas posibilidades alternativas, se vayan acrecentando y materializando.
La concepción de la libertad en la especie humana está vinculada con la naturaleza instintiva del ser racional. Esa nota íntima de la naturaleza salvaje que se contiene en la ponderación de deseos y placeres que satisfacen las necesidades básicas de supervivencia animal, por encima de la escala de límites negativos que le constriñen la misma libertad para acometer su fin.
Un fenómeno estrechamente circunvecino a la acepción de libertad es un cierto grado de individualismo y egoísmo direccionado. En la medida en que el individuo al perseguir determinados intereses propios puede y de hecho lo hace en la mayoría de los casos, promover el interés público para satisfacer requerimientos comunes en su particular sociedad.
En un análisis más depurado es necesario abordar el asunto de la responsabilidad respecto de la libertad, pues hasta aquí la libertad al igual que la democracia resulta ser un caprichoso concepto por si mismo. Podrá decirse en consecuencia que la calidad de libertad implica a su vez responsabilidad para con su ejercicio, ya que a la libertad no debe entendérsela desde una perspectiva unipersonal. Sino desde una acepción que contemple a los demás humanos que conforman su sociedad organizada, sea nación, Estado y otros. De ahí que se pueda concebir la idea de que la libertad no es digna, en el caso de los seres humanos, para quienes mediante comportamientos denotan irresponsabilidad. Sencillamente no merecería poseer su esfera de libertad, quién afecte a las demás esferas. Este principio de básico orden se ha hecho necesario en razón de la compleja naturaleza del humano, pues el humano bajo preceptos divinos o bajo simple necesidad, se ha fijado determinados mecanismos para controlar su libertad.
“Deberíamos aprender a no dejarnos secuestrar las libertades que nos corresponden y a no exigir tampoco aquellas que superan nuestras responsabilidades.” D. Martos
El liberalismo por su parte, abordado como concepto de libertad política o como política económica, llega a identificarse -a grosso modo- como la ideología de la libertad, o filosofía política de la libertad. Que propugna por un mínimo de restricciones externas -a la esfera de libertad unipersonal- que permitan al individuo la satisfacción de sus necesidades básicas. O que por lo menos posibiliten las mínimas condiciones para una digna existencia.
El teorema liberal halla su más rústico fundamento en el estado de naturaleza -que Hobbes profundizara-, donde el tan codiciado agere licere sería realizable. Ahora bien, encontramos entre las más tradicionales elucubraciones teóricas la comprensión normativista de corte hebermasiano. O la bicéfala acepción bobbiana sobre libertad positiva y libertad negativa, entre otras que procuran dar forma y evolución al germinal concepto.
Las acepciones bobianas sobre libertad son las que permiten aterrizar en el rigor del presente análisis. Pues es en los tres conceptos referentes a libertad, en sus inter-vínculos y enfáticamente en sus respectivas contradicciones. Donde prorrumpe la cuestión de ¿cuán libre necesita ser el individuo? para satisfacer sus intereses, como los de su colecto entorno social. Desglosando la libertad en Bobbio, el primer concepto refiere a la -libertad liberal-. Aquella facultad para hacer, dejar de hacer o sencillamente no hacer. Este concepto radica su argumentación en la acción como tal, una acción a la vez revestida de licitud. En razón de su no impedimento, de su no obligación, de su permiso legal. Sin embargo, por más coherencia que la premisa aparentemente expresa, la pretensión oculta de Bobbio es un Estado. Donde la producción de los cuerpos legislativos sea lo más ínfima posible, como se verifica en su cita: “el Estado debe gobernar lo menos posible, dado que la verdadera libertad consiste en no verse obstaculizado por un exceso de leyes” (Bobbio; 1955), una preciosa oportunidad para el divertimento individual, para la catarsis del caos.
El segundo concepto en Bobbio es significado con la idea de autonomía. La posibilidad que al individuo le permita auto gobernarse. La libre posibilidad para no depender de fuerza alguna, la posibilidad para valorar y diseñar, por si mismo, el sistema de normas que rijan su comportamiento. Un ordenamiento normativo que obviamente satisface el deseo del individuo y su entorno social. Porque no responde a fuentes heterónomas y constantes de producción legislativa, sino a la más pura fuerza volitiva. Puédase advertir un modo de proceder parecido, en esta segunda acepción del concepto de libertad-autonomía, con las ya analizadas ideas sobre democracia. Ya que ambas persiguen un irrestricto intervencionismo, en las esferas más críticas del diseño político y jurídico de sus orgiásticos Estados. Por supuesto que sin olvidar las diferencias en ambas conceptualizaciones, pues mientras la libertad-autonomía ensalza la autodeterminación desde un enfoque unipersonal, la democracia lo hace desde un plano de la volición plural. Además de recordar como la naturaleza de la democracia desconoce al elemento de libertad personal, pero como veremos posteriormente una esfera de libertad, con ciertas cualidades.
La última clase conceptual en Bobbio, comprende a aquél sistema de derechos sociales o libertades positivas consagradas en una disposición suprema. Concebidas desde un sentido kelseniano de lo positivo. Una forma por la cual se permita la realización material de las libertades analizadas, pues las libertades a la deriva por si solas no pueden ser reclamables y por ende no ejercitables.
Hasta aquí tendríamos una variedad de conductas todas licitas, porque además de tener un sistema normativo de lo mínimo que las autoriza y las positiviza en un papel. Esas escasas normas fueron auto fijadas por la subjetiva valoración de lo que al individuo le vino en gana. Toda una auténtica obra de lo surreal. ¿Legítimo? claro, para personas que piensen como el gran Pericles. Como hemos ya notado en este acápite de libertad y liberalismo, la libertad como tal es una fuerza que reclama ser controlada. Porque el mismo humano consciente de sus terrenales capacidades y sub-humanas tentaciones, espera que su vecino no abuse un buen día de esa fuerza para someterlo y someter a los demás. O que a la mayoría se le antoje recaudar a diestra y siniestra las libertades, sumirlas en un envase de lo democrático y zacear su apetito, sin consideraciones colaterales. Sin duda una de las confusiones más groseras se ocasiona al vincular la idea de libertad con el erario democrático. Un ilustrativo ejemplo de aquello fue el proceso más famoso de la catolicidad, donde Poncio Pilatos -autócrata, para los judíos- trató de defender la libertad, pero a lo que termino sometiéndose fue a una excitada democracia que reclamaba la muerte de Jesús. Una muestra de que la democracia no siempre salvaguarda mejor la libertad de conciencia en este caso, que la autocracia.
Por otro lado, la historia nos muestra que el manejo del concepto liberal en las distintas sociedades ha implicado sustanciales transformaciones que hasta el presente se verifican de cierta forma en determinados países. Como lo describen los dos modelos liberales de F. von Hayek; un liberalismo francés de corte racionalista que trajo consigo al socialismo y un modelo inglés de carácter evolutivo que propendió una sociedad fundamentalmente liberal.
Esto nos quiere decir que las variables condiciones societales serán las que diseñen la política liberal a la cual someterse. Y a su vez que estas sociedades mediten el grado de constricción preciso para modular la esfera de libertad, en pro de la colectividad y su sistema.
No queriendo con esto último pretender que se asfixie a la libertad, o peor que se la elimine. Porque es por naturaleza imprescindible e inherente a los cánones sociales de conducta. Pero sí que se la encause en lo justo y necesario.
La libertad debe ser preservada de los excesos particulares, así como de los pecados populares.
“Es necesario tener presente que así la libertad haya surgido para combatir al Estado absoluto de la minoría, también debe regir para controlar a la mayoría” Bernal P.
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