A lo largo de la historia se a visto al régimen democrático como la forma de gobierno más vendida, la más “exitosa”. La forma de gobierno siquiera menos mala por así decirlo, respecto de las otras formas de gobierno. Pero lo que les es difícil de asumir a los quijotes del ideario democrático es el hecho que desde Herodoto la democracia ha significado una irrestricta voluntad del pueblo. De entre los más notables sucesos que la historia nos permite verificar, encontramos las primeras persecuciones contra los cristianos. En la época del imperio romano esta medida tuvo aceptación pública, respondió a la voluntad popular. Pudiéndose constatar tal afirmación en los escritos del probo historiador y literato romano Gaius Suetonio quién describe en su De vita Caesarum, liber VI el periodo del emperador Nerón, considerándola -en lo político- como:“partim nulla reprehensione, partim etiam non mediocri laude digna” *1. Otro ejemplo se verifica con el fenómeno del antisemitismo, que en sociedades donde -cuantitativamente- la población judía era considerable respecto de la población nacional, la población afectada promovía persecuciones aceptadas también públicamente*2. Sorprendentemente en la edad media, los judíos perseguidos fueron protegidos por la mismísima Iglesia Católica y por algunos delfines déspotas *3.
Sin embargo no es menos interesante, el estudio que Philip Resnick realiza sobre términos considerados como símiles al de demokrátia, en los siglos IV al VI a.C. A decir de la isonomía -igualdad de todos ante la ley ateniense-, la isegoría -derecho de participar en las asambleas de la polis- y laisomoiría*4 -referente a la distribución igualitaria de la tierra-, acepciones que, como se verá posteriormente, contienen mas bien rasgos de liberalismo y sobre todo de Estado de Derecho.
Aristóteles en su tipología de las formas de gobierno, sostuvo que la democracia no era más que una vil degeneración -una tiranía de la calle- de la olvidada forma de gobierno denominada politeia. Lapoliteia resulta ser una hibridación peculiar de oligarquía y democracia -ambas degeneraciones tanto de la Aristocracia como de la misma Politeia-, por consiguiente, una forma de gobierno para nada ideal. Por lo que sopesa una predilección aristotélica sobre las virtuosas élites -poseedoras de cultura, ocio y bienes- encargadas del gobierno del Estado; en oposición a una pretensión por el bienestar del mayor número posible -masa carente de virtud-, que no duda en sacrificar libertades y derechos para conseguirlo, y a una preponderancia de la opinión pública que por su pasional intromisión en asuntos reservados a la virtud -juicios penales, negocios estatales, por citar algo- somete sin mayor tapujo al cadalso.
*1 El autor consideraba el accionar de Nerón, en parte “incensurable, y en parte incluso digna de elogio”. Como en toda sociedad, los historiadores eran los periodistas de los tiempos actuales -salvando las diferencias-, que recogían percepciones comunes de la gente en su entorno. Es sabido que Nerón culpó a los cristianos del incendio de la civitas, como Hitler uso a los judíos para encubrir el incendio del Reichstag. Es difícil precisar si efectivamente Nerón respondió no solo a su fuero interno -como narra la obra Quo Vadis-, si no al clamor del pueblo romano fundamentalmente.
*2 La asunción del Führer en Alemania, responde a una democrática aceptación del grueso de su población; más allá del excelente manejo propagandístico por parte del N.S.D.A.P., o la crisis y desesperación del pueblo alemán, el sentimiento antisemita surgió en Europa antes de la primera guerra mundial, consolidándose con la aparición del caudillo.
*3 Revisando para la primera afirmación la bula Etsi Judoeis, cuya aplicación fue muy obstaculizada por cierto, y por el otro lado encontramos que era necesario, para la política económica del Reino, conservar judíos ya que le significaban ingresos imprescindibles al mismo, vía tributos, o como simples recursos obreros.
*4 Ver en “Isonomía, Isegoría, Isomoiría y Democracia a escala global”; Philip Resnick.
En su obra Leyes, aquél monopolio filosófico en el gobierno es complementado con una intención por someter el Estado a las disposiciones legales, pero aun carente de consistencia y víctima de la incoherencia, Platón en las últimas páginas de su obra concibe un plenipotenciario y supra legal “Consejo Nocturno”, capaz de intervenir instituciones estatales y coartar ciertos derechos constitucionales. Pero la mayor de las embriagueces mentales en Platón, por circunstancias que no son precisas, se halle en su obra sobre lo Político. Donde todavía consideraba que la ciencia debía ser verdaderamente poseída por los gobernantes, pero concluía que la mejor de las formas era la democracia -sin ley-, la misma forma que considero degenerada, y la que condenaría a muerte a su maestro Sócrates.
Pues fue la condena y muerte de Sócrates lo que en el joven Platón determino su primaria concepción sobre el fenómeno democrático y lo que le evitara incursionar en la práctica política. Para cuando Sócrates ejercía de Arconte -magistratura griega- sucedió que nueve jefes militares griegos adoptaron una decisión que no fue para nada del agrado del pueblo ateniense.*5 No es de sorprenderse que el pueblo se autoconvocase para condenar sin mayor trámite ni juicio a los nueve generales.
Sócrates pecó de ser virtuosamente riguroso en la aplicación de las leyes -en razón del juramento que presto ante la magistratura de Arconte-, y observó que el proceder colectivo era inconstitucional, ¿pero quién se atreve a objetar la omnipotente voluntad popular?, los atenienses soberanamente consensuaron la condena de los generales pasando por sobre las leyes, ejercieron su democracia. Una inequívoca muestra de cuan irritable es la noción de límite para el ideario democrático. Lo anecdótico fue que entre los generales ejecutados se encontraba el hijo del gran Pericles, quién había llegado a consolidar la democracia que a esos atenienses les permitió linchar a su hijo. Esa conducta muy espartana en Sócrates de convicción, respeto por las leyes y plenitud en el juramento llevaría a la indisciplinada cultura ateniense a condenar su magistratura como a firmar su muerte.
Hasta aquí se ha brevemente expuesto las ideas principales de autores, que si bien han reflexionado a su particular manera la concepción de la democracia, coligen en que el concepto comprende una idea de ilimitación al momento de pretender satisfacer la voluntad popular, mediante el conceso, sobreponiendo la voluntad al sistema de leyes y libertades constitucionales que el mismo pueblo se llega a otorgar.
*5 La historia cuenta que después de la victoria griega contra el imperio persa, se produjo un enfrentamiento naval entre espartanos y atenienses en las Arguinusas, del cual salieron victoriosos los atenienses derrotando al comandante espartano Calicrátidas, gracias a la astucia de sus nueve generales navales. Ya los triunfantes retornaban a Atenas, cuando Zeus los castiga con truenos y aguas turbulentas, motivo por el cual los generales temerosos por la integridad de sus flotas no se percataron de los cadáveres atenienses que se habían deslizado al mar y prosiguieron su viaje hasta Atenas. Pero al llegar los atenienses no tenían una victoria completa, pues exigían los cadáveres de quienes habían ofrendado su vida por el pueblo, no hubo ningún tipo de celebración fúnebre, siendo vital para la tradición griega el condimento de lo sobrenatural.
Es imprescindible a la altura del presente ensayo, examinar la democracia desde la perspectiva de las dos regiones más influyentes del mundo antiguo, Esparta y Atenas. Común es hallar en la literatura la eterna confrontación entre la democracia ateniense, y la monarquía espartana -lo popular contra lo aristocrático- es evidente que ambas sociedades tenían matices muy particulares, como elementos comunes. Un ejemplo de ello son sus instituciones, ambas contaban con asambleas populares, sistema de leyes, magistraturas y similares desgracias que ocasionaron algunos de sus personajes orates. La cultura ateniense impregnada por el juglarismo, la verborrea, los augures y sus mentados filósofos influyó de sobremanera en la caracterización y práctica de su gobierno. La participación de sus ciudadanos en decisiones políticas era constante y desordenada. De ahí que los atenienses prontamente perdiesen el respeto por sus instituciones y desconociesen el valor de las funciones que invisten las magistraturas. Por el contrario, el mundo laconiano se disciplinaba desde sus inocentes efebos, cultivaron la inteligencia, la precisión en sus razonamientos, su rutina en general con sobriedad. Así evitaron la práctica ateniense de la logorrea y ni que decir de su cualidad guerrera. Pues Grecia fue impenetrable, mientras Esparta existió.
“En su expresión, los espartanos trataban de poner la mayor cantidad de médula en la menor cantidad posible de sílabas. De este modo, Esparta tuvo algo que en otras partes se ha desconocido casi por completo: el pudor intelectual". D. Martos
La infección oportunista de los actores políticos en Atenas y su concepción de la democracia puede verse resumida en la frase del gran Pericles, que cita: "Bien es cierto que pocos de nosotros somos arquitectos de la política, pero todos somos buenos jueces de la misma".
Concluyendo. Es el modus operandi típico del espécimen democrático de todos los tiempos, considerar que todos estamos habilitados para pronunciarnos sobre negocios y decisiones fundamentales. Que nuestro juicio por más ignorante y falto de razón que fuere, vale por encima de quien le pese, porque nos ampara la voluntad popular, general, el bien común y demás ambiguas categorías. Un régimen vicioso, de todo lo posible, siempre y cuando sea a través y por la volición popular. Es un efectivo método para alcanzar el poder, sí que lo es. Cimentado en la capacidad convincente del demagogo de turno y en su facilidad por excitar multitudes-rebaño. No exige mérito alguno para su gobierno, ni fomenta la virtud de su elemento social, por que mientras más ignorante mantenga a la masa, más fácil será seguir aprovechándola. La democracia es en esencia iliberal y repelente al Estado de Derecho.
La democracia es un caldo de cultivo para el caos y la mejor herramienta para el demos tyranus.
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