martes, 29 de diciembre de 2009

La decisión política y jurídica

Evo Morales en su más desnuda expresión del pecaminoso decisionismo político (la intención política en el proceso iurídico contra Reyes Villa) logró confundirse entre la naturaleza judicio-jurisdiccional de una magistratura en demasía disímil de aquella que del metabolismo de lo democrático resulta. La investidura política del mandato excesivo y su irrestricto ámbito decisional.

La historia y la literatura específica al respecto han dejado establecido los rasgos más propios de cada uno de estos ámbitos de decisión y presupuesto; el político y el Iurídioo. Esta discusión se sucedió entre dos de los más relevantes juristas -y escuelas- de todos los tiempos. Hans Kelsen y Karl Schmitt. Para quienes la figura de la decisión y la compostura del decisor fueron esenciales. Para Kelsen se debía desbrozar la naturaleza decisional del jurista y su campo jurisdiccional (independiente, técnico y des apasionado) de la versión política de la decisión, tendiente al absoluto; que concluye inevitablemente con la absorción del ámbito Iuridico, centrifugando ambos tipos decisionales en un todo intenso.

Por su parte Schmitt defendía como así fomentaba la conjunción decisional en la vigorosa figura del líder supremo, supremo en todos los respectos -Iurídico y político-. Valoración que le permitiría argumentar la existencia y supervivencia del Führer en su breve III Reich.

Ahora bien no es que Kelsen haya postulado -ab inithium- un constructo legal y jurídico –positivo- perfecto en su razón de evitar más bien un exabrupto político en la figura del líder y su decisión. Pues justamente por el ensalce extremo positivista de su argumento, llegaría en cierta forma a fundamentar la perspectiva que en Schmitt es clara y permanente.

Como cuando Morales criollescamente enunciaba que “sus abogados deberían legalizar (para eso están)” todos sus deseos y artilugios políticos necesarios para revestirse de cierta legalidad además de legitimidad. El III Reich y su Führer procedieron de la misma forma, salvando las cualitativas diferencias en dimensiones y naturalezas de ambos fenómenos.

En si no es que en un autoritarismo ó dictadura no exista legalidad, Derecho o Estado. Por su puesto que es un fundamento regente y necesario para dominar, someter y materializar su poder. Inclusive en la particular especie –clascial- de las “dictaduras proletarias” el factor económico se contiene como un cuerpo de leyes, con procedimiento legal. Bien pueden estos tipos de legalidades o códices en sus respectivas sociedades producir leyes o manifestaciones normativas sobre asuntos desde el antojo político y las intenciones ideo-programáticas de su élite política. Pero aun así por la esencia enteramente positivista del esquema siguen siendo ciertos: Derecho, legalidad y Estado.

Finalmente el ámbar se extracta cuando se saben presupuestar y solventar estos tipos legales con pulcritud, convicción, disciplina y superioridad.


martes, 15 de diciembre de 2009

Supralidad simpática y antipática


“Una plurigabinete” Ofrecimiento público y plúrico del Presidente Morales.

En el regocijo, sin empache, que dejó la reciente victoria nacional del masismo y su jeque. Y en miras de los eventos electivos de abril y sus gobernaciones. Repica aquella aun incumplida promesa de establecer una entelequia socio-sectorial que aglutine un poder infinito y divino. Del cual dependerán (si es que no lo hacen y/o lo seguirán haciendo) la decisión y consulta del proceder total y final de la gobernanza pública nacional.

Al menos es eso lo que adeudan Morales, su programa y sus masistas.

“Un supragabinete a la cabeza de los movimientos nacionales que tengan cierta ética, moral para controlar al Parlamento, para control a Evo Morales y poder aplicar el control social que está en la Constitución Política del Estado, empezando por los dirigentes nacionales que controlen al Presidente, Vicepresidente y a la bancada del MAS IPSP”*

Esta suerte de supralidad potente y definitoria ya pudo apreciarse con la dinámica de lo que llamé la “tercera camara plúrica”**; que ejercía y regentaba la producción legislativa, en sus momentos de aprobación presionada, los dispositivos “legales” que demandaban los apetitos masistas por medio de aquella “voluntad de los sectores sociales” (plebiscitos de necesidad de reforma, aprobación del texto constitucional, revocatoria de autoridades, re elección y demás). Pero desde la periferia y las externas manifestaciones de una hordásica variedad de sectores reclamantes. Con horarios, honorarios, y todos los aditamentos que hacen a la planilla de parlamentarios per se.

De entre lo más natural que se le pueda analizar a este tipo de comportamientos demos kraticos, se ubica la intrigante compostura que los motiva y fundamenta. Para ello serán los principios benthamnianos de simpatía antipatía y utilidad que emplearé y que mejor pueden llegar a explicar la esencia y los peligros que implican la idea de una virtualidad tan poderosa como el “plurigabinete” y su irascible multi facultad.

Rescatando -para un primer desmenuzaje- del discurso masista, los valores de: “cierta ética, moral”. Qué es lo que nos significaría, inicialmente, el término “cierta”; ya que desde la hermenéutica masistoide nada es simple o sencillo. Se quedrá referir la mensura del valor, ó al tipo de ese mismo… en este caso una cierta ética y una cierta moral? Nos querrán advertir que en el momento dado -negativo por cierto- se estableció que “cierta” implicaba nomás a cierto tipo de “ética” y “moral”; y que por eso el por qué, resolutorio, del obrado y de la consecuencia (váyase a saber cuál). ¿Se descartarían así los alcances (la des mensura) o bien el tipo (vicioso) de los valores enunciados?.

Jeremías Bentham sostiene parámetros comparativos e interpretativos significantes de lo que contienen el principio que denomina arbitrario o de simpatía y antipatía, y el principio de utilidad. El principio de simpatía y antipatía, consisten según el autor, “en aprobar ó condenar, por sentimiento ó por instinto, sin dar otra razón que el juicio mismo”. Estas prácticas de mucha frecuencia en los esquemas autoritarios, se pertenecen indiscutiblemente con el estilo político del masistoide, y su mayor expresión con el Presidente Morales.

En el caso del masismo se entiende que, como sus alegres categorías lo permiten, lo “indígena” o lo “pobre” les merece un sitial, un revestimiento, superior al resto común y mortal; universalmente único y exclusivo. Y que en consecuencia ese juicio resultante es la más poderosa y única verdad. Recuérdese que creencias de ésta índole indefectiblemente terminan por decidir, incluso, parámetros de vida y muerte; como consecuencia de un cierto nivel de verdad y autoridad desarrollados.

“Un hombre nos dice que hay en él una cierta cosa que le ha sido dada para enseñarle lo que es bueno y lo que es malo, y esa cierta cosa se llama ó conciencia ó sentido moral”.

A su vez Bentham sugiere que en razón de esta apreciación simpática y antipática, instintiva y sirviente a un otro principio suyo denominado de utilidad (de aquello que conviene aprovechar, y desechar los que me hace daño), “Ya no es el sentido moral sino el sentido común el que le enseña lo que es bueno y lo que es malo: este sentido común, dice, es dado, á todo el género humano, bien entendido que no incluye en la cuenta á los que no piensan como él”.

Llegados a esta sentencia, duda no cabe en explicarse la motivación y fundamentación que se engendra en el masistoide, el masismo o cualquier otro fenómeno relativamente símil.

Ahora bien. ¿Cuál sería la causa motriz y argumento de una supralidad sectorial politicoide?, Si no la misma observada y verificada -instintividad salvaje y pasional- en la individualidad del presidente y su movimiento pluriviano. Pero con la diferencia de que éste último al ofrecerse él y su movimiento, en tributo prebendal, a una masa de corte muy democrático, se estén sometiendo a gravitar en torno a la voluntad popular. Esta oportunidad disociada, o con tendencia a ello, de lo que en un principio fuera al revés distinto; cuando la volición general (o por lo menos de aquella porción societal considera “pobre”, “india”, “proletaria”, “obrera”, “etc’s”…) era resumida y abrogada unidireccionalmente en la investidura del “Mesías” masistoide y su maná masista. ¿Y no será que por consecuencia física -eventual- el cuerpo masistoide caiga irresistible por la potente atracción de una masa democrática viciada?....Y lo desintegre ab infinitum.

Una supralidad que alumbró hace unos años al masistoide, en su condensación democrática, quizás orqueste prematuramente su final. En el terreno ambiguo e inesperado de los instintos y las pasiones.


*http://www.la-razon.com/versiones/20091213_006940/nota_247_923684.htm

**http://franzbarrios.blogspot.com/2009/09/neo-dialogos.html

lunes, 14 de diciembre de 2009

Debilidad humanista en el presupuesto criminológico


Es muy difícil encontrar hoy en día vestigios de pre claridad en el discurso de aquellos sujetos que fomentan opinión pública desde cualquier cargo o recove jo donde se encuentran y proyectan.

Un ejemplo de ello se expresa en las solubles letras que componen la columna propuesta por Abel Posse* y su "Criminalidad y cobardía" exponen didácticamente en un primer momento los matices ideomáticos que hacen a la naturaleza del fenómeno zurdo en su aplicación sur continental (caso bolivariano chavista, el plurivianismo evista y demás ramas anexas) como así y enfáticamente la realidad que envuelve al autor columnista, el Kichnerismo.

Por otra parte. El segundo momento de pre claridad que substancia el autor es la referencia crítica al presupuesto criminológico del cual se empapan los humanistas, modernos y garantistas gratuitos de nuestros tristes días. Sujetos que si bien son propios de los bosquejos zurdos y de zurdo-centralidad, también los hay como el mismo autor advierte en lado de supuesta oposición; en sí por la pusilanimidad de sus expresiones o la nulidad de estas.


[Es curioso que, en la desnaturalización idiomática que viven los argentinos, los mismos dirigentes de la oposición hablen a media lengua y se fuguen hacia la prevención educativa, la recuperación del joven delincuente y la inclusión social.]


La modernidad y sus esquemas laxos son un sistema que tiende a la barbarie y a la involución.

Una de las mayores incidencias de esta apreciación moderna recae estridente en el estilo del Derecho Penal, su proceso y el presupuesto criminológico que lo regenta. Pues es muy usual que, y en especial, los gobiernos zurdos o centrípetos desarrollen este tópico tan preciado como delicado con y bajo parámetros de lo que ellos llaman "humanismo" y "dignidad". Categorías sumamente impregnadas de falsas o ciegas consideraciones para con el elemento mal viviente, indecente y viral. Se hace difícil comprender la magnitud y realidad que comporta su conducta. Para algunos estos elementos delincuentes son producidos por los niveles de sub desarrollo eco-sociológico de su mismo colectivo social, otros sindican responsabilidades a los sistemas que imperan globalmente, otros (con mucho rigor) establecen que estos elementos son particularidades excepcionales que nacen así por designio genético o bien por el azar fortuito de la vida.
Pero lo que no se suele escuchar, o desde concepciones muy limitativas como tímidas es que justamente estos comportamientos delictivos surgen en razón de la acepción universal y bondadosa que tienen las sociedad en el presente. Y su excusada salida de "que ya no se ve bien, era del pasado, es arcaico, a temporal" y demás ociosa sanata; que no hace más que justificar "humanísticamente" la anormalidad de estas conductas.

Ahora bien. ¿Cómo son atendidas este tipo de valoraciones por el lego o la modernidad pública? Como -y de una manera simplista- manifestaciones fascistas, derechistas, in humanas, indignantes, y/o demás apelativo falso o equívoco con que se les prejuicie. Por un lado es cierto que los cánones penales que configuran este tipo de valoración modernamente ubicada como "in humana" son elaborados y practicados desde la perspectiva no zurda, ni tampoco desde el hipócrita centro. Lo que no debería llevarnos a encarcelarla -esta valoración- dentro del prejuicio y exclusividad de una ideología o conducta política determinada.

A lo mejor podrían considerar a estas valoraciones justas y des apasionadas sobre lo penal y criminológico, como premisas universales más bien humanas y puras. Sin privilegio de correspondencia con la corriente política "X" o "Y"; simplemente como fundamento de existencia y supervivencia del humano como especie. Hay veces que la estabilidad de un algo en el tiempo se debe a la sabiduría de ese algo para poder identificar lo que lo desgasta y lo debilitada; las medidas que se tendrían que tomar para ese cometido vana a ser necesariamente traumáticas. Todo cuesta, inclusive lo bueno. Como cuando algunas aves deben despellejarse ellas mismas para desarrollarse y sobrevivir.

A lo mejor como algún eximio jurisconsulto lo estableciera el delincuente infringe la ley (el orden) porque esa es la finalidad de la ley misma. La de existir para ser violentada. A lo mejor, y a decir de uno de los más grandes filósofos y jurista de todos los tiempos Hegel: “La pena es el derecho del criminal. Ella es un acto de su voluntad propia. El criminal proclama que la violación del derecho es su derecho. Su crimen es la negación del derecho. La pena es la negación de esta negación y por consecuencia una confirmación del derecho, que el criminal solicita y se inflige a sí mismo.”

Y por ello lo digno, lo humano, lo más humano sería permitir al delincuente ejercer libremente ese su derecho. Y acompañar su patíbulo (autodestrucción) con las herramientas más sensatas y precisas que ello reclame.



*Ministro de Educación de la ciudad de Buenos Aires. http://www.lanacion.com.ar

jueves, 10 de diciembre de 2009

Confesiones públicas

“No se come, no se duerme, no se ahorra y no se gana bien”* A.G. Linera

El apetito del masistoide es del más salvaje instinto animal (si de algo se los puede categorizar). El masistoide como bien lo dijo el sosegado "camarada linera"@hushmail: "el servidor público no tiene familia". Claro es la confesión que nos revela las dolencias y carencias más íntimas de estos seres. Estos elementos patológicos "sacrifican" a ese algo que ellos consideran "familia"; remitiéndome nuevamente a las (des) valoraciones linerianas que distinguen -1º- la “familia” del individuo particular y privado (que dice él mismo “hay que amarar”) de -2º- la no “familia” del sirviente público y político.

Pero esto no se finiquita aquí, en lo que ya es una deducción dantesca y prospectiva de “los adentros” de estos compañeritos del cambio (en base a las mismas declaraciones públicas y reincidentes del vice pluriviano). Pues en razón de esta carencia y des valoración de lo elemental y lo humano -la sin familia-, el masistoide recurre a una suerte de compensación anímica y satisfacción física con el sometimiento patibular de sus mismos sujetos, los masistas (codicia, “sacrificio”/traición, auto atentado, auto destrucción). Y también se goza de su prosecución vindicativa contra los sujetos a los que considera sus enemigos.

Los sirvientes públicos encuentran en la prensa (inclusive en esa parte de ella tan detestada, desacreditada y culpada de falta de simpatías para con el Tirano Cholus Rex masista) el momento confesional. Recuerdo y sobresalto una declaración que el presidente Morales efectuó en los inicios prebéndales de su maquinaria electoral, decía “mi padre le robaba a mi madre para regalar a los demás”. Ah! Hay dos posibles versiones. La 1º que efectivamente Morales sénior haya, robin hoodescamente (en los Orinoca Fields), compartido sus bienes con el resto, necesitado o no. Y lo 2º que Morales vástago hayasé inventado la sanata para edulcorar su momento de prensa con ese precedente que según recuerdo en su expresión facial lo tenía orgulloso. Pero lo único cierto es que ambas versiones tienden a justificar lo que hoy en Bolivia se le denuncia y lo que ellos encubren de cierta forma.

Esperemos que estas sesiones públicas de sincericidio (inconscientes, desmoles ese privilegio) se sigan suscitando y tal vez. Solo tal vez sean utilizadas estas confesiones como coartadas de excusa mental en la sentencia que les depara la historia y su pueblo.


*En esta enunciación del placer material ausente se halla un: ¿es decir que no se vive bien? Bueno aquí eso parece que solo se aplica para la magistratura del vicepresidente. Ya que a J.E. Morales se lo nota regordete, sonriente, con un algo de ese su humor criollo y a veces desgastado; jugando en los nevados, en los valles y llanos; viajando, enamorando, bailando y vistiendo…gozando del poder.

martes, 8 de diciembre de 2009

El protagonismo cívico y prefectoral pendiente

En consecuencia de los últimos resultados predichos y sobre espectados. Y sin resignar la posible incidencia de una minoría asambleísta. El plano de oposición se ancla esperanzado en dos vectores de fuerza. Que dependerán de su uso, creatividad, consecuencia y convencimiento, la intensidad de sus fuerzas como efectivamente o positivas y estables en el tiempo.

El poder territorial y sus capacidades. En las posibilidades específicas del nivel Meso y su consejo legislativo. Pero la contienda coordinada y/o representada por la minoría en Asamblea, y potenciada desde la región no solo tendría que lidiar con la tentaculada decisión del nivel central -nacional-. Si no y por anticipo (como con los escaños senatoriales adicionales) con las otras especies autonómicas de mayores riesgos como la indígena-originaria-campesina y la regional*. Y que además dependen, las autonomías -y estatutos-, ahora de la mayoritaria voluntad oficialista que alumbre la ley que les dé el retoque final; retoque final que seguramente abarcara capacidades legislativas y un pacto fiscal e institucional simpático pero solo para el gobierno central.

Por otra parte y muy vinculado, en naturalidad, a lo anterior se encuentra el protagonismo cívico que cada departamento comporte. Se debe aprender de la experiencia santa cruceña para saber no debilitar los vínculos prefecto-cívicos en favor del control oficialista. Y es que la escrupulosidad masista asaltó, de cualquiera de las formas que se dieron, la conciencia y convicción (aparentemente) de la figura del prefecto cruceño. De ese discurso “del cabildo del millón” -in negociable-, a las laxas -condescendientes- recientes declaraciones con respecto del presidente Morales. Y el despreciable regateo de algunos juventud cruceñistas, empresarios, deportistas y otros con los masistas, una vez enemigos. Y es que el masismo supo generar lasitud en el discurso y (o) posición, por ende incertidumbre; de la cual supo aprovecharse muy bien y conseguir lo que ahora tiene. El masismo y no solo en este departamento, está pinchando con una aguja infecta en los cuerpos de defensa que todavía reclaman República, libertad y valores societales.

Y es por ello que la impronta o positiva debe cundir y solventarse desde el protagonismo cívico y el protagonismo de la gobernación departamental y su consejo. Que es el pueblo. Al final del día y en la misma retórica del presidente Morales, “de no esperara las leyes…y de dejar que el pueblo sea el que juzgue”. La democracia debe ser vencida por las mismas herramientas de la democracia.


*La autonomía municipal no representa, salvando los eventos, riesgos de contienda política más que conflictos de diseño y estructura técnica.