lunes, 14 de diciembre de 2009

Debilidad humanista en el presupuesto criminológico


Es muy difícil encontrar hoy en día vestigios de pre claridad en el discurso de aquellos sujetos que fomentan opinión pública desde cualquier cargo o recove jo donde se encuentran y proyectan.

Un ejemplo de ello se expresa en las solubles letras que componen la columna propuesta por Abel Posse* y su "Criminalidad y cobardía" exponen didácticamente en un primer momento los matices ideomáticos que hacen a la naturaleza del fenómeno zurdo en su aplicación sur continental (caso bolivariano chavista, el plurivianismo evista y demás ramas anexas) como así y enfáticamente la realidad que envuelve al autor columnista, el Kichnerismo.

Por otra parte. El segundo momento de pre claridad que substancia el autor es la referencia crítica al presupuesto criminológico del cual se empapan los humanistas, modernos y garantistas gratuitos de nuestros tristes días. Sujetos que si bien son propios de los bosquejos zurdos y de zurdo-centralidad, también los hay como el mismo autor advierte en lado de supuesta oposición; en sí por la pusilanimidad de sus expresiones o la nulidad de estas.


[Es curioso que, en la desnaturalización idiomática que viven los argentinos, los mismos dirigentes de la oposición hablen a media lengua y se fuguen hacia la prevención educativa, la recuperación del joven delincuente y la inclusión social.]


La modernidad y sus esquemas laxos son un sistema que tiende a la barbarie y a la involución.

Una de las mayores incidencias de esta apreciación moderna recae estridente en el estilo del Derecho Penal, su proceso y el presupuesto criminológico que lo regenta. Pues es muy usual que, y en especial, los gobiernos zurdos o centrípetos desarrollen este tópico tan preciado como delicado con y bajo parámetros de lo que ellos llaman "humanismo" y "dignidad". Categorías sumamente impregnadas de falsas o ciegas consideraciones para con el elemento mal viviente, indecente y viral. Se hace difícil comprender la magnitud y realidad que comporta su conducta. Para algunos estos elementos delincuentes son producidos por los niveles de sub desarrollo eco-sociológico de su mismo colectivo social, otros sindican responsabilidades a los sistemas que imperan globalmente, otros (con mucho rigor) establecen que estos elementos son particularidades excepcionales que nacen así por designio genético o bien por el azar fortuito de la vida.
Pero lo que no se suele escuchar, o desde concepciones muy limitativas como tímidas es que justamente estos comportamientos delictivos surgen en razón de la acepción universal y bondadosa que tienen las sociedad en el presente. Y su excusada salida de "que ya no se ve bien, era del pasado, es arcaico, a temporal" y demás ociosa sanata; que no hace más que justificar "humanísticamente" la anormalidad de estas conductas.

Ahora bien. ¿Cómo son atendidas este tipo de valoraciones por el lego o la modernidad pública? Como -y de una manera simplista- manifestaciones fascistas, derechistas, in humanas, indignantes, y/o demás apelativo falso o equívoco con que se les prejuicie. Por un lado es cierto que los cánones penales que configuran este tipo de valoración modernamente ubicada como "in humana" son elaborados y practicados desde la perspectiva no zurda, ni tampoco desde el hipócrita centro. Lo que no debería llevarnos a encarcelarla -esta valoración- dentro del prejuicio y exclusividad de una ideología o conducta política determinada.

A lo mejor podrían considerar a estas valoraciones justas y des apasionadas sobre lo penal y criminológico, como premisas universales más bien humanas y puras. Sin privilegio de correspondencia con la corriente política "X" o "Y"; simplemente como fundamento de existencia y supervivencia del humano como especie. Hay veces que la estabilidad de un algo en el tiempo se debe a la sabiduría de ese algo para poder identificar lo que lo desgasta y lo debilitada; las medidas que se tendrían que tomar para ese cometido vana a ser necesariamente traumáticas. Todo cuesta, inclusive lo bueno. Como cuando algunas aves deben despellejarse ellas mismas para desarrollarse y sobrevivir.

A lo mejor como algún eximio jurisconsulto lo estableciera el delincuente infringe la ley (el orden) porque esa es la finalidad de la ley misma. La de existir para ser violentada. A lo mejor, y a decir de uno de los más grandes filósofos y jurista de todos los tiempos Hegel: “La pena es el derecho del criminal. Ella es un acto de su voluntad propia. El criminal proclama que la violación del derecho es su derecho. Su crimen es la negación del derecho. La pena es la negación de esta negación y por consecuencia una confirmación del derecho, que el criminal solicita y se inflige a sí mismo.”

Y por ello lo digno, lo humano, lo más humano sería permitir al delincuente ejercer libremente ese su derecho. Y acompañar su patíbulo (autodestrucción) con las herramientas más sensatas y precisas que ello reclame.



*Ministro de Educación de la ciudad de Buenos Aires. http://www.lanacion.com.ar

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué pensamiento extremo. Siempre leo tu blog pero esto me sorprendió.

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