martes, 15 de diciembre de 2009

Supralidad simpática y antipática


“Una plurigabinete” Ofrecimiento público y plúrico del Presidente Morales.

En el regocijo, sin empache, que dejó la reciente victoria nacional del masismo y su jeque. Y en miras de los eventos electivos de abril y sus gobernaciones. Repica aquella aun incumplida promesa de establecer una entelequia socio-sectorial que aglutine un poder infinito y divino. Del cual dependerán (si es que no lo hacen y/o lo seguirán haciendo) la decisión y consulta del proceder total y final de la gobernanza pública nacional.

Al menos es eso lo que adeudan Morales, su programa y sus masistas.

“Un supragabinete a la cabeza de los movimientos nacionales que tengan cierta ética, moral para controlar al Parlamento, para control a Evo Morales y poder aplicar el control social que está en la Constitución Política del Estado, empezando por los dirigentes nacionales que controlen al Presidente, Vicepresidente y a la bancada del MAS IPSP”*

Esta suerte de supralidad potente y definitoria ya pudo apreciarse con la dinámica de lo que llamé la “tercera camara plúrica”**; que ejercía y regentaba la producción legislativa, en sus momentos de aprobación presionada, los dispositivos “legales” que demandaban los apetitos masistas por medio de aquella “voluntad de los sectores sociales” (plebiscitos de necesidad de reforma, aprobación del texto constitucional, revocatoria de autoridades, re elección y demás). Pero desde la periferia y las externas manifestaciones de una hordásica variedad de sectores reclamantes. Con horarios, honorarios, y todos los aditamentos que hacen a la planilla de parlamentarios per se.

De entre lo más natural que se le pueda analizar a este tipo de comportamientos demos kraticos, se ubica la intrigante compostura que los motiva y fundamenta. Para ello serán los principios benthamnianos de simpatía antipatía y utilidad que emplearé y que mejor pueden llegar a explicar la esencia y los peligros que implican la idea de una virtualidad tan poderosa como el “plurigabinete” y su irascible multi facultad.

Rescatando -para un primer desmenuzaje- del discurso masista, los valores de: “cierta ética, moral”. Qué es lo que nos significaría, inicialmente, el término “cierta”; ya que desde la hermenéutica masistoide nada es simple o sencillo. Se quedrá referir la mensura del valor, ó al tipo de ese mismo… en este caso una cierta ética y una cierta moral? Nos querrán advertir que en el momento dado -negativo por cierto- se estableció que “cierta” implicaba nomás a cierto tipo de “ética” y “moral”; y que por eso el por qué, resolutorio, del obrado y de la consecuencia (váyase a saber cuál). ¿Se descartarían así los alcances (la des mensura) o bien el tipo (vicioso) de los valores enunciados?.

Jeremías Bentham sostiene parámetros comparativos e interpretativos significantes de lo que contienen el principio que denomina arbitrario o de simpatía y antipatía, y el principio de utilidad. El principio de simpatía y antipatía, consisten según el autor, “en aprobar ó condenar, por sentimiento ó por instinto, sin dar otra razón que el juicio mismo”. Estas prácticas de mucha frecuencia en los esquemas autoritarios, se pertenecen indiscutiblemente con el estilo político del masistoide, y su mayor expresión con el Presidente Morales.

En el caso del masismo se entiende que, como sus alegres categorías lo permiten, lo “indígena” o lo “pobre” les merece un sitial, un revestimiento, superior al resto común y mortal; universalmente único y exclusivo. Y que en consecuencia ese juicio resultante es la más poderosa y única verdad. Recuérdese que creencias de ésta índole indefectiblemente terminan por decidir, incluso, parámetros de vida y muerte; como consecuencia de un cierto nivel de verdad y autoridad desarrollados.

“Un hombre nos dice que hay en él una cierta cosa que le ha sido dada para enseñarle lo que es bueno y lo que es malo, y esa cierta cosa se llama ó conciencia ó sentido moral”.

A su vez Bentham sugiere que en razón de esta apreciación simpática y antipática, instintiva y sirviente a un otro principio suyo denominado de utilidad (de aquello que conviene aprovechar, y desechar los que me hace daño), “Ya no es el sentido moral sino el sentido común el que le enseña lo que es bueno y lo que es malo: este sentido común, dice, es dado, á todo el género humano, bien entendido que no incluye en la cuenta á los que no piensan como él”.

Llegados a esta sentencia, duda no cabe en explicarse la motivación y fundamentación que se engendra en el masistoide, el masismo o cualquier otro fenómeno relativamente símil.

Ahora bien. ¿Cuál sería la causa motriz y argumento de una supralidad sectorial politicoide?, Si no la misma observada y verificada -instintividad salvaje y pasional- en la individualidad del presidente y su movimiento pluriviano. Pero con la diferencia de que éste último al ofrecerse él y su movimiento, en tributo prebendal, a una masa de corte muy democrático, se estén sometiendo a gravitar en torno a la voluntad popular. Esta oportunidad disociada, o con tendencia a ello, de lo que en un principio fuera al revés distinto; cuando la volición general (o por lo menos de aquella porción societal considera “pobre”, “india”, “proletaria”, “obrera”, “etc’s”…) era resumida y abrogada unidireccionalmente en la investidura del “Mesías” masistoide y su maná masista. ¿Y no será que por consecuencia física -eventual- el cuerpo masistoide caiga irresistible por la potente atracción de una masa democrática viciada?....Y lo desintegre ab infinitum.

Una supralidad que alumbró hace unos años al masistoide, en su condensación democrática, quizás orqueste prematuramente su final. En el terreno ambiguo e inesperado de los instintos y las pasiones.


*http://www.la-razon.com/versiones/20091213_006940/nota_247_923684.htm

**http://franzbarrios.blogspot.com/2009/09/neo-dialogos.html

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