martes, 6 de abril de 2010

Vectores de fuerza políticos y territoriales

Es prudente aclarar que con la reciente selección de funcionarios territoriales fue consolidado el afán por un esquema territorial particular*, una novedad que hace al modo de Estado. Por medio de un espectro electoral seguramente más accesible a la masa, más directo, inclusive hasta más participativo. Pero que de por si no es que se haya revolucionado el arte del poder o la gestión pública criolla.

Las preferencias electorales cifradas en el sufragio último exponen las tangibles magnitudes del masismo, de E. Morales y sus candidatos puestos por poner. El principio de la revelación de los escépticos.

Una simpática señal se demuestra en la diferenciación del presidente y sus individualidades regionales puestas en carrera electoral. Figuretis que ni con la presencia del líder masista en sendas campañas regionales pudieron hacerse, como en las presidenciales si lo consiguen, de abrumadores números en su victoria. Situación que definitivamente pone en ascuas a la supuesta consistencia político-programática del masismo, hoy y a lo largo de esta temprana gestión del poder, como fenómeno serio y de proyección política.

No entendiendo que por estas aparentes torcidas de mano de aquellos no alineados, podría considerarse una depreciación de la figura de E. Morales como identidad política y esperanza aun de ciertos sectores de la sociedad. Pero un líder con el solo respaldo del electorado en razón de sí mismo y desde un escenario de victoria únicamente cuando se computa a nivel de porcentaje nacional, no es muy convincente a la lógica del poder.

Ahora bien. Los sujetos elegidos de corte no oficialista tampoco es que van a hacerle inmediata y fidedigna oposición al masismo, o no es que vayan a considerarse en un programa uniforme de cambio de sentido al “proceso de cambio” masista. La mayoría de los sujetos elegidos y re electos tuvieron sus grandes momentos para la configuración de un contrapeso e inclusive de un hegemonismo que someta al masismo. Esto dado por la incapacidad para despojarse de sus individualidades y asumirse en un mismo proyecto, y por sobre todo, bajo un mismo y único líder. La disyuntiva no es que no existan sujetos o potenciales figuras para ser el “elegido”, lo que no hay son los valores y las condiciones socio-culturales en los posibles líderes que determinen la diferencia. Contraste que no simplemente sea alternativo al actual masistoide, si no que se atreva a revolucionar el perfil del político-líder desde los inicios de vida socialmente organizada en Bolivia.

El gobierno desespera en temores cuando sabe que una proporción del poder territorial se las puede jugar en contra. Cuando observamos un E. Morales confiado, que amenazaba con no gobernar con los no alineados y por ende descuidar a sus respectivos pueblos. Y luego de su fracaso más significativo desde su alojamiento en el poder, vemos un E. Morales no conciliador sino obnubilado por su rabia y su miserable recuenta de “victorias” desde inmemorables fechas y con el manejo suyo de porcentajes confusos y mañudos. Es decir un sujeto oscilante y débil.

Lo que les resta a los democráticamente elegidos es devolverle la gentileza al presidente.



*A pesar de que hubo un plebiscito específico para optar por esta técnica. La complementación no existía sino hasta la elección de los sujetos que van operativizar dicha novedad.

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