
El servidor público Evo Morales
al denunciar que “el alto mando de la Policía grababa sus conversaciones y que
se sentía inseguro” (La Razón), da a entender que algunos efectivos de la
Policía Nacional lo grabaron con el fin de “extorsionarlo”, y -de paso-
deshacerse de otros efectivos.
Casualmente, el Cnl. Alberto
Jorge Aracena Martínez, hasta antes de ser designado Comandante General de la
Policía a.i., fungió como Director Nacional de Inteligencia, es decir que
pertenecía al "alto mando" policial, que según Evo Morales "le
grababa sus conversaciones".
¿Acaso la designación de
Aracena se debe, en parte (o en todo), a que fue él mismo, en razón del alto
cargo (inteligencia) que ocupó, quien "avisó" a Evo Morales que era
grabado”, para así "ganarse la confianza” del Secretario Ejecutivo de la
Federación de cocaleros del Trópico?
Sea quien fuere que haya
“avisado” al servidor público Evo Morales que “era grabado”, bajo los supuestos
señalados, ¿acaso Evo Morales no fue “extorsionado” por quién "le
informó" y, suponemos, "le entregó dichas grabaciones"? Y de
haberle entregado las grabaciones, quien lo hizo, ¿las entregó
"todas", y sin quedarse "copias"?
Ahora bien, tales denuncias no
son una novedad, ya que, por ejemplo en el caso “terrorismo/separatista”, las
fotografías, grabaciones (de audio y video) que fueron “apareciendo anónimante”
en los medios de comunicación, suponemos, fueron realizadas y posteriormente
entregada a los medios, por los mismos efectivos policiales (entonces UTARC),
con el fin de conspirar entre ellos, involucrar a otros, y lucrar
"vendiendo" dichas fotografías y grabaciones.
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