jueves, 20 de diciembre de 2012

La Plusvalía plurinacional



La "plusvalía" es el valor extraordinario que el empleador recibe, al pagarle a su trabajador, por sus horas de trabajo, un precio menor que el necesario para reponer el desgaste de su fuerza de trabajo; esto, al menos bajo la supuesta perspectiva “social-comunista” “no acumuladora de capital” que el Vicepresidente del Estado, Álvaro García Linera, como conocedor ideológico según el mismo afirma, irradia en su entorno, que obviamente involucra al Presidente, Evo Morales.

Entonces, cabe preguntarse, si para el discurso “marxista” y sobretodo “anticapitalista” de García Linera y su entorno, el salario debe permitirle al trabajador (servidor público) reponer nada más que su fuerza de trabajo, sin acumular riqueza para no convertirse en un “burgués capitalista” e  “imperialista”, ¿cómo es que el Presidente Morales, no utiliza su salario para reponer su fuerza de trabajo, sino que, al mejor estilo capitalista de “acumulación de riqueza”, no gasta su salario y lo “ahorra en gran parte”? Única forma, claro está, en la que podría justificar “matemáticamente” su patrimonio exponencialmente “engordado".

En efecto, ¿con qué otros (explicables) recursos, el Presidente Morales, repondría su fuerza de trabajo, más allá del hecho de que no predique con el ejemplo su teórico “anticapitalismo”?

Debe entenderse que la fuerza de trabajo del Presidente Morales, con respecto a las naturales ocupaciones que impone la Administración Pública, es “ínfima”, cuando no “asimétricamente sacrificada”. Habida cuenta que Evo Morales, percibe un salario -“en gran parte ahorrado”-, según es de conocimiento público, por: "madrugar" para poder viajar en el día al interior del país (sino es al exterior), para percibir viáticos, para jugar fútbol, para comer comida gourmet, para hacer turismo, para inaugurar obras que no implican esfuerzo mayor que el trasladarse al lugar (todo pago, valga la redundancia), para brindar conferencias de prensa (cuando desea, claro está), para hacer gala de su humor criollo, para efectuar discursos a nombre del Gobierno en instancias internacionales, para recibir celebridades, para ser fotografiado con guirnaldas de hojas de coca, para ser entrevistado (preferentemente con cadenas internacionales), para ser políticamente victimizado, para rubricar normas y promulgarlas, y para recibir suntuosos presentes, entre otras situaciones que se resumen en un solo hecho: el simbolismo.

Todo ello descrito cuantifica la “fuerza de trabajo (ínfima)” del Presidente Morales. Y no es que ello contravenga el ordenamiento jurídico, por si acaso, y tampoco creo que el Presidente lo prefiera así, sino que, es su entorno el que lo restringe, el que lo resume en el mero simbolismo, el que le priva de una “fuerza de trabajo” distinta, para con las naturales actividades que impone la Administración Pública. Y esta conducta que asume el entorno palaciego, no responde a una cuestión de la “preservación” del Presidente en razón “del cariño o del respeto que le tengan”. No, ya que lo subestiman y lo utilizan como un recurso simbólico, al amparo del cual, su ruinoso entorno palaciego cree poder “operar a su antojo”.

Por ejemplo, la  “fuerza de trabajo” del Presidente Morales es distinta, en comparación con la del Vicepresidente García Linera, que, a diferencia del primero, despliega actividades de “mayor exposición”, implicando otro tipo de “sacrificio”, que le impone la Administración Pública; pero esto, por una cuestión de utilidad y oportunidad política, sobre todo.

Finalmente, los suntuosos regalos, pero sobre todo, los viáticos que, sumados a su emolumento mensual se entiende, le generan un ingreso líquido mayor al límite que es, según la norma, su propio salario, valga la aclaración.

A diferencia de las empobrecidas mayorías, los dineros del pueblo boliviano le costean al servidor público plurinacional un “nivel de vida dispendioso” (transitorio obviamente), y en función a su "mínimo gasto personal", le permiten "acumular riqueza".

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