La "plusvalía" es el valor extraordinario que el empleador
recibe, al pagarle a su trabajador, por sus horas de trabajo, un precio menor
que el necesario para reponer el desgaste de su fuerza de trabajo; esto, al menos
bajo la supuesta perspectiva “social-comunista” “no acumuladora de capital” que
el Vicepresidente del Estado, Álvaro García Linera, como conocedor ideológico
según el mismo afirma, irradia en su entorno, que obviamente involucra al Presidente,
Evo Morales.
Entonces, cabe preguntarse, si para el discurso “marxista” y
sobretodo “anticapitalista” de García Linera y su entorno, el salario debe
permitirle al trabajador (servidor público) reponer nada más que su fuerza de
trabajo, sin acumular riqueza para no convertirse en un “burgués capitalista”
e “imperialista”, ¿cómo es que el Presidente
Morales, no utiliza su salario para reponer su fuerza de trabajo, sino que, al
mejor estilo capitalista de “acumulación de riqueza”, no gasta su salario y lo “ahorra
en gran parte”? Única forma, claro está, en la que podría justificar
“matemáticamente” su patrimonio exponencialmente “engordado".
En efecto, ¿con qué otros (explicables) recursos, el Presidente
Morales, repondría su fuerza de trabajo, más allá del hecho de que no predique
con el ejemplo su teórico “anticapitalismo”?
Debe entenderse que la fuerza de trabajo del Presidente Morales, con
respecto a las naturales ocupaciones que impone la Administración Pública, es “ínfima”,
cuando no “asimétricamente sacrificada”. Habida cuenta que Evo Morales, percibe
un salario -“en gran parte ahorrado”-, según es de conocimiento público, por: "madrugar"
para poder viajar en el día al interior del país (sino es al exterior), para
percibir viáticos, para jugar fútbol, para comer comida gourmet, para hacer
turismo, para inaugurar obras que no implican esfuerzo mayor que el trasladarse
al lugar (todo pago, valga la redundancia), para brindar conferencias de prensa
(cuando desea, claro está), para hacer gala de su humor criollo, para efectuar
discursos a nombre del Gobierno en instancias internacionales, para recibir
celebridades, para ser fotografiado con guirnaldas de hojas de coca, para ser
entrevistado (preferentemente con cadenas internacionales), para ser
políticamente victimizado, para rubricar normas y promulgarlas, y para recibir
suntuosos presentes, entre otras situaciones que se resumen en un solo hecho:
el simbolismo.
Todo ello descrito cuantifica la “fuerza de trabajo (ínfima)” del
Presidente Morales. Y no es que ello contravenga el ordenamiento jurídico, por
si acaso, y tampoco creo que el Presidente lo prefiera así, sino que, es su
entorno el que lo restringe, el que lo resume en el mero simbolismo, el que le
priva de una “fuerza de trabajo” distinta, para con las naturales actividades
que impone la Administración Pública. Y esta conducta que asume el entorno
palaciego, no responde a una cuestión de la “preservación” del Presidente en
razón “del cariño o del respeto que le tengan”. No, ya que lo subestiman y lo
utilizan como un recurso simbólico, al amparo del cual, su ruinoso entorno
palaciego cree poder “operar a su antojo”.
Por ejemplo, la “fuerza de
trabajo” del Presidente Morales es distinta, en comparación con la del Vicepresidente
García Linera, que, a diferencia del primero, despliega actividades de “mayor
exposición”, implicando otro tipo de “sacrificio”, que le impone la
Administración Pública; pero esto, por una cuestión de utilidad y oportunidad política,
sobre todo.
Finalmente, los suntuosos regalos, pero sobre todo, los viáticos
que, sumados a su emolumento mensual se entiende, le generan un ingreso líquido
mayor al límite que es, según la norma, su propio salario, valga la aclaración.
A diferencia de las empobrecidas mayorías, los dineros del pueblo
boliviano le costean al servidor público plurinacional un “nivel de vida
dispendioso” (transitorio obviamente), y en función a su "mínimo gasto
personal", le permiten "acumular riqueza".

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