Durante la campaña
electoral existió un consenso sobre la necesidad de un ajuste socioeconómico
tras dos décadas del modelo wiphaleño empobrecedor, particularmente en materia
de subvención a los combustibles. Concebida originalmente para “proteger el
poder adquisitivo de las familias bolivianas”, la subvención terminó
distorsionando el mercado e incentivando el contrabando a gran escala y
prácticas corruptas. La discrepancia, entonces, no estaba en el diagnóstico,
sino en el método de implementación: ajuste de shock o gradualismo responsable
para preservar la estabilidad inicial del nuevo Gobierno.
En esa línea, p.ej., el
Programa de Gobierno de Manfred Reyes Villa planteó que Bolivia no requiere más
endeudamiento. Con seguridad jurídica, puede captar divisas inmediatas desde
cinco fuentes —minería, agroexportaciones, hidrocarburos, turismo y
remonetización de dólares— para conformar un Fondo de Estabilización cercano a
USD 50.000 millones. Este enfoque, denominado “Bolivia 180°”, combina orden
cambiario, estabilización monetaria, disciplina fiscal e independencia técnica
del BCB.
A ello se suma la
propuesta técnicamente viable de gasolina y diésel a Bs. 5 sin subvención por
cinco años, mediante alianzas público-privadas, compras directas a refinerías y
contratos de largo plazo (FOB), reduciendo volatilidad, sobreprecios y
garantizando abastecimiento y eficiencia.
Empero, en sentido
contrario, el cogobierno Paz–Doria Medina ha incurrido en un autosabotaje
político y administrativo al:
1.
conservar intacta la obesa burocracia
heredada, bajo un esquema de supuesta fusión ministerial que, en los hechos,
multiplicó viceministerios con lógica prebendal;
2.
mantener a un porcentaje significativo
de funcionarios “evistas” y “arcistas” en cargos estratégicos del Ministerio de
Hidrocarburos, YPFB, la ANH, entre otras entidades clave;
3.
defender el Presupuesto General del
Estado 2026 de matriz “arcista”, pese a defectos estructurales graves, como la
persistente inyección de recursos públicos a empresas estatales crónicamente
deficitarias o quebradas; y
4.
postergar el pacto fiscal, necesario
para revertir la lógica centralista y fortalecer de manera real a los niveles
subnacionales del Estado.
Aterrizando en el
Decreto Supremo N° 5503 de 2025, una de las mayores polémicas radica en que la
población ha advertido que, al elevarse el salario mínimo nacional a Bs. 3.300,
los expresidentes y exvicepresidentes —cuya renta vitalicia equivale a 10 SMN—
incrementan automáticamente ese ingreso a Bs. 33.000 mensuales, sin
contraprestación alguna. Se trata de un privilegio inmerecido, aprox. 1.733 %
superior al “límite solidario mínimo” (Bs. 1.800) que perciben trabajadores de
toda una vida.
Otra polémica se
concentra en la supresión de la subvención a los combustibles, a saber:
Primero, en el plano
jurídico, la Constitución es clara: el Art. 158.I.8) reserva al Legislativo la
facultad de regular, modificar o suprimir subvenciones. En consecuencia, la
eliminación de la subvención a los combustibles no puede disponerse por Decreto
Supremo, sino exclusivamente por Ley, previo consenso parlamentario que le
revista de legitimidad. Bajo este marco, el D.S. N° 5503 de 2025 incurre en
extralimitación competencial y es nulo de pleno derecho conforme al Art. 122
CPE, sin perjuicio de las responsabilidades que correspondan.
Segundo, en el plano
político, antes de “meterle nomas” un decretazo, correspondía una coordinación
efectiva con los gobiernos autónomos para mitigar el impacto del alza tarifaria
derivada de la quita de subvenciones, más aun considerando los antecedentes de
conflictividad social de 2010 frente a medidas similares.
Finalmente, aunque el D.S. 5503 prevé mecanismos de “compensación” —calcados de los ensayos fallidos de 2010—, desde una perspectiva económico-jurídica resultan insuficientes mientras el poder adquisitivo del debilitado Bs. siga erosionado. Lo técnicamente responsable era estabilizar primero la macroeconomía, al menos durante un semestre, fortalecer la moneda e inyectar divisas, para recién entonces aplicar ajustes de manera gradual, previsible y socialmente sostenible.
Publicado en Visión 360