jueves, 17 de febrero de 2011

El valor de la expectativa

Refutando contudentemente la falasia marxista de la "teoría de la plusvalía"* y sus alentadores relegados por el conocimiento y la verdad científicamente demostrable. LA ÚNICA VARIANTE QUE TIENE REAL Y SUFICIENTE CONSECUENCIA EN LA VALORACIÓN DE "LA FUERZA DE TRABAJO" ASÍ COMO EN EL VALOR FINAL del PRODUCTO/BIEN, O CUALQUIER OTRA MATERIALIDAD, ES LA EXPECTATIVA (MANIFIESTA EN MÚLTIPLES FORMAS) QUE SE GENERA EN LA GENTE AL RESPECTO DE DICHO BIEN/PRODUCTO.

Es decir que la predisposición psicológica es la que condiciona al ser humano a determinar el valor del bien. Lo puede hacer según una variedad de ámbitos y de circunstancias, de entre ellas:

-A grande escala. Como ser regulaciones de mercado internacional, asignación de un cierto tipo de valor al papel y al metal de intercambio comercial-local (política monetaria), la determinación del alcance de los títulos valores, o la colocación al mercado interno de los mismos;
-Así como puede determinar el valor de sus enceres más personales, como por ejemplo aquellos de "valor sentimental", o aquellos que son asignados con un "valor suntuoso" como las colecciones de estampas u otras antigüedades.

Al final del día la expectativa puede ser condicionada por elementos circunstanciales como la NECESIDAD. Este elemento, según dicte su intensidad, puede producir flujos indeterminables e insostenibles de oferta y demanda. Así como para el citadino el agua (potable/filtrada)              -mientras le abastezca en relativa in-interrupción- le es provista en un precio/volumen accesible, en cuanto no se vea afectada su "controlada" NECESIDAD; para quien se encuentre en un desierto, el mismo recurso natural (en el estado que se encontrase), significándole la vida o la muerte, va a tener un "precio"/valor indeterminable mientras se acreciente su NECESIDAD.

Por tanto la asignación de un valor/agregado, obtenida "por medio del trabajo-fuerza", al bien/producto (como única explicación) es inconsistente en el plano de la realidad objetivamente verificable. La fuerza de trabajo también está sobre-condicionada por la NECESIDAD, ya que las grandes mayorías de trabajadores, trabajan por NECESIDAD. Así como los capitalistas también responden a la NECESIDAD. 

Ahora bien es muy posible que ambos tanto trabajador como capitalista puedan degenerar el sentido de su NECESIDAD: 

-el primero en reclamar menos "fuerza de trabajo", por considerar insuficientes los beneficios sociales y su retribución económica.     

-el segundo por pretender acaparar sin escrúpulos los réditos de su inversión, capitalizada por la "fuerza de trabajo". Sin compensar ya sean mayores beneficios sociales, aumentos salariales, o finalmente ambas situaciones.  

Fuera la degeneración que fuere en ambas situaciones persiste la NECESIDAD.

Es por ello -que en el caso del alza provocado por el oficialismo con su torpe DS/748- la expectativa, al respecto del precio en determinados servicios y de una gama amplia de insumos básicos puede, a este punto, fijar su estabilidad pero sobre la base del ya elevado precio. Mas ya no poder retrotraerse hasta antes del DS/748.  

Sucede que en la psicología del trabajador -en su demanda/oferta- ya se han modificado las expectativas de su subsistencia, como las de su entorno más próximo (familia). El trabajador de las postergadas grandes mayorías se ha visto obligado, por el oficialismo, a reformular su presupuesto del día a día. A eso se le acopla un paquete de legítimos reclamos por unas condiciones económicas (salarios, beneficios) CORRESPONDIDAS A SU MODIFICADA EXPECTATIVA/NECESIDAD!  


En consecuencia si se ha modificado la expectativa del mercado provisor de servicios e insumos básicos, y la expectativa del trabajador/consumidor, LAS NECESIDADES SE ACRECIENTAN para ambas partes. 

Se debe propender dar el salto del conformista "estar bien" hacia un sensato "bien estar"!


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*Habría que hallar la génesis fundamental al respecto de las nociones "sociales" en las obras del Conde de Saint-Simon (Claude-Henri de Rouvroy), de Simon de Sismondi, de Ferdinand Lassalle, y otros. No así condicionarse en amorfas distorsiones. 

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