
En su continua
fracasobilidad el centralismo
oficialista viene siendo reincidente con el abusivo uso de la violencia estatal*
y para-estatal. De hecho, esta conducta es sintomática en los totalitarismos,
pero es más acentuada en aquellos que no gozan de cierto caudal de apoyo (como sí
ocurrió en ciertos casos históricos).
Al igual que el
violador consuma su acto, muchas veces "como escape" a su represión emocional por sentirse rechazado no tan solo por sus víctimas sino por la sociedad en
general, así es como el centralismo oficialista procede -violentamente- con
muchas de sus precipitadas e impuestas medidas.
Tales son los
casos del GASOLINAZO (Decreto Supremo N° 748), de LA
AMNISTÍA AL DELITO DE CONTRABANDO (Ley N° 133),
de la CONSULTA ULTERIOR (Ley N°
222), de las
8 horas de
trabajo para el sector de salud (Decreto
Supremo N° 1126), de "la nueva
currícula educativa", entre otros.
Estos episodios de imposición plurinacional
comparten, no tan solo el que sean dirigidos a encubrir déficit’s estatales,
sino que también son inmediatamente resistidos por la sociedad boliviana, y en
la mayoría de los casos son revocados por el clamor popular.
Los
plurinacionales mientras menos aceptados, más violentos.
Los
plurinacionales recurren a la imposición de sus actos en la medida que
fracasan.
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*REPRESIÓN SOCIAL PLURINACIONAL
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