
[Accidentes en el recorrido. Ayer se registraron varios incidentes en la marcha indígena. Uno de ellos fue la embestida de vacas que dejó como saldo a 4 heridos. También se reportó el vuelco de una vagoneta donde iban a bordo representantes del Ministerio del Gobierno aparentemente por exceso de velocidad, según testigos.]*
Fuera de la supina incapacidad en la gestión del conflicto, chambonada tras chambonada, el intransigente oficialismo devela su profunda vocación opresiva e intrusiva. Su aversión al soberano boliviano y a las convocatorias del diálogo movilizado son síntomas de la típica enfermedad terminal del poder político. No escarmentados con su ilícita obtención del registro de llamadas -entre dirigentes indígenas y diplomáticos (inmunes penalmente en el Estado receptor según el Derecho Internacional)**- siguen asechando al soberano boliviano, de las formas más lóbregas posibles. No obstante debe señalarse -por suerte- que esas intrusivas conductas se evidencian “solas”, o caen al descubierto, por la torpeza e improvisación de sus mismos planificadores y ejecutores. Digo debe ser -la pluriviana- la “Inteligencia de Estado” más minusválida de la región.
Cuando al momento de haberse hecho público el registro de llamadas telefónicas -buscando criminalizar a los indígenas bolivianos y la diplomacia extranjera-, se le observaba al oficialismo cómo es que pudieron haber “presumido” que el contenido de esas llamadas fuese uno que denotaba “injerencia a los asuntos internos del Estado”, sostuve dos posibilidades:
-la de haber “presumido” el contenido de las llamadas por medio de una efectiva escucha telefónica (pinchazo).
-o la de haber “presumido” el contenido de las llamadas por el informe de un seguimiento de "infiltrados" y/o “agentes encubiertos”, circundantes a la marcha soberana como “petos mocochincheros”.
Ahora bien aplicando la lógica de "curarse en salud” -asumida por el oficialismo tras la captura de Sanabria, ex director del CIGEIN-, expresada en la frase “podría ser objeto de un complot de EEUU para involucrarme con el narco”***, los soberanos marchantes deben estar vigilantes a que se les manden "infiltrados" para "sembrarles" cualquier tipo de elementos, e intentar comprometerlos judicialmente. De hecho (solo por mencionar) cabría la posibilidad de sospechar que el contacto indígena-diplomático pudo haberse gestado desde la misma "inteligencia estatal", para auto-generarse motivo con el cual intentar desprestigiar la marcha e investigarla a su vez...empero sería mucho crédito considerando las ya advertidas limitaciones gubernamentales.
Fuese de la forma que fuese queda claro que el centralismo oficialista lleva a cabo una persecución social exhaustiva. Pero esta vez enfocada ya no en tradicionales agentes de la “oposición política”, sino en contra de sectores sociales movilizados con fundamentadas razones en lo discursivo-social y lo constitucional. Resultando que el nuevo objetivo de la “persecución penal del enemigo, político”**** -oficialista- son aquellos soberanos sectores quienes en su momento sostuvieron electoralmente al transeúnte poder político. ¿Y después, qué objetivo seguirá....ellos mismos?
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**Concurso de ilegalidades
****Derecho Penal del Enemigo, Político
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