lunes, 22 de agosto de 2011

El síndrome de la ultima ratio



[Evo rechaza dialogo directo con marchistas y dice que no tiene tiempo]*

En estos días de inevitable exacerbación del conflicto social, la intransigencia del oficialismo se acrecienta paralela. Así los articuladores políticos -de un régimen en declive - sobreproteccionan a su Máxima Autoridad Ejecutiva, volviéndola inaccesible a las demandas del soberano boliviano. Sin prever los subsecuentes efectos de un distanciamiento social provocado. Ya  que a mayor distanciamiento al que sometan a su MAE plurinacional, con respecto de las demandas sociales, menor será su sensibilidad social al respecto de las mismas. Una disminuida sensibilidad social ocasionadora de torpes ciclos de intransigencia.   

Ahora bien quiénes deben ceder, no solo para menguar su precipitación socio-política, sino para evitar eternizarse como otro régimen igual o peor de ajeno a las históricas demandas sociales, son los del intransigente oficialismo. Porque ya fue quebrado el encanto recíproco. Los del oficialismo ya no pueden esperar, sino responder. Ahora la agenda político-social es devuelta al soberano boliviano, el pueblo.

[Indígenas rechazan diálogo con ministros y dicen que sólo hablarán con Evo]**

Los articuladores políticos del oficialismo me recuerdan a la figura greco-persa de los quiliarcas o hazarapatish. Esta figura se presenta funcionalmente distinta entre los periodos del Imperio persa, el macedónico, y el de la monarquía helénica. Así fueron, en su etapa imperial, identificados como intercesores de las audiencias ante el Rey. El quiliarca fue considerado por sus funciones, jerarquía y relación institucional, como "primero después del Rey"***. Fue a quien se debía recurrir antes de poder acceder a una audiencia con el Rey. El hazarapatish cumplía también un rol de “responsable de la ceremonia de recepción de los invitados del Rey en el Palacio, y de la supervisión del tesoro real” ****. En virtud de su cercana confianza con el monarca “fueron un selecto grupo de ‘amigos’  al rededor del Rey, con diferentes niveles de rango, actuando como sus más cercanos consejeros en tiempos de guerra o paz”; también considerados “un grupo de espías conocido como los ‘ojos y oídos’ del rey, cuyo rol fue la recolección de inteligencia en las provincias y territorios extranjeros”*****.

Hoy en la actualidad pluriviana se puede evidenciar que el tratamiento de las relaciones institucionales, en la burocratización del diálogo -escalonado-, son algo parecidas a las instancias previas a la audiencia del Rey en la antigüedad. Con el detalle endémico de que el oficialismo plurinacional hace gala de sus fuertes raíces: la sindicalera y la centralista. Al entercarse en “atender”  -uno- solo a dirigentes y -segundo- solo en la sede de gobierno.  

A estas alturas no es que el primer servidor público necesite alguien de su entorno (más obsecuente que nunca). Ya que más bien son las roscas advenedizas de su entorno -hoy enquistas en el transitorio poder político-, las que saben que sin su “Jiliri Irpiri” no son nada. Es por ello que los que atizan la intransigencia en el primer servidor público, haciéndole creer inalcanzable y/o ultima ratio ante las demandas sociales, son aquellos que existen políticamente en la sombra del mismo. Son esos mismos quienes, suministrándole la sustancia del poder absoluto, han hecho de su “Jiliri Irpiri” un dependiente enajenado de la realidad.

Empero esos angurrientos satélites que orbitan por la gravedad de un “cuerpo celeste” en inminente deterioro, avanzan juntos hacia su extinción, por la fuerza de atracción de un agujero negro del vicio del poder absoluto.

¡El soberano boliviano debe prepararse para el día después de este ensombrecido régimen!

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***El mundo griego y el Oriente II, El siglo IV y la época helenística; Édouard Will, Claude Mossé, Paul Goukowsky.

Se destaca que el “Gran visir” macedónico más afamado fue Hefestión. Cuyas inclinaciones homosexuales, hacia Alegrando Magno, fueron contenido de numerosos estudios al respecto del sexo y su relación con el poder.

****/*****Shadows in the desert: ancient Persia at war; Kaveh Farrokh


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