El renunciado
ex servidor público Llorenti (que justamente fue renunciado e investigado por
la masacre indígena en Yucumo, entre otros episodios en los cuales figura) ayer
presentó su libro “La verdad secuestrada”[1]. Que en honor a la
verdad resulta ser un collage de titulares de prensa y
supuestas vinculaciones entre dueños de medios de comunicación y otras
empresas, como si los mismos no pudiesen ejercer el derecho al trabajo, a la
libertad de prensa o a la libertad de
empresa.
Cabe recordar que, en la misma secuencia de improvisación y epilepsia
política, como respuesta ante desfavorables circunstancias, el
servidor público García Linera se hizo publicar con recursos de la
Vicepresidencia (el Estado) “El Oenegismo, Enfermedad Infantil del
Derechismo” y “Las Empresas del Estado”[2], entre
otros.
Seguramente que el ex servidor público Llorenti
elaboró el collage -también- para “curarse en salud”. Para
cuando las investigaciones demuestren más evidencias en su contra y éstas se
hagan públicas, y/o para cuando quede sospechosamente excluido de
las investigaciones, el ex servidor público arguya (amparado en su
parcialista collage) que “son los medios de comunicación, los
intereses empresariales, los que hacen escarnio de él”. Burda mentira. De
hecho, servirá para intentar encubrir (con el mismo y laxo
argumento) todas las investigaciones realizadas en contra de los oficialistas
que son publicitadas por los medios de comunicación.
El collage en realidad parcializa la verdad a favor del oficialismo,
secuestrándola para utilizarla según exija la circunstancia. Ya que con la
“verdad secuestrada” por el oficialismo, el servidor público que llegue a ser
noticia por un nuevo escándalo (como es costumbre), antes de demostrar su
inocencia frente a los estrados judiciales como correspondería, se preocupará
más bien por tratar de hallarle supuestos vínculos e intereses al medio de
comunicación fuente de la investigación y/o de la noticia que lo involucra.
Así también, es un collage que le demuestra al pueblo
boliviano cómo el Gobierno discrimina, persigue y censura (discursivamente) a
los medios de comunicación como conjunto (paranoide fantasma opositor), y
de forma individualizada por el solo hecho de ejercer la libertad de prensa y
de empresa. En este último tiempo el oficialismo se ha auto generado un nuevo
chivo expiatorio con los medios de comunicación, en razón de que tiene muchos
escándalos que trata de sofocar endilgando -siempre- “la culpa” a un
tercero circunstancial.
Por otro
lado, el servidor público García Linera que confesaba que los medios de
comunicación estatales respondían a la (interesada) verdad gubernamental, y que
comentaba en la ocasión el collage de su compañerito
Llorenti, debería más bien explicar sobre cómo es que el venezolano
"grupo empresarial Cisneros" se hizo de un monopolio de medios de
comunicación en Bolivia (La Razón, El Extra, ATB, Panamericana, según denunció en su momento la periodista Amalia Pando en ERBOL). ¿Acaso las "verdades" que
emanan de ese venezolano monopolio de medios de comunicación y de los medios
estatales son aceptables, claro, -solo- si defienden los propios intereses (los
gubernamentales)?
De forma sospechosa e irónica la Administración Plurinacional permite la
coexistencia de monopolios aparentemente privados (¿acaso socios?),
“curiosamente” en el sector de los medios de comunicación al que tanto ataca y
sindica de “manipuladores e interesados”, y en absoluta contradicción con su
chabacana e imposturada vocación estatalista.
Finalmente, con respecto a la libre labor periodística, la C.P.E. en su
Art. 14 parágrafo IV ampara a que “En el ejercicio de los
derechos, nadie será obligado a hacer lo que la Constitución y las leyes no
manden, ni a privarse de lo que éstas no prohíban.” Por tanto,
mientras la C.P.E en el Artículo citado y en muchos otros esté vigente, el
intento paranoide del irritado Gobierno y sus satélites afines tendrá que
limitarse al mero antojito totalitarista.
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[1] Poco creativo título el del collage, que por cierto ya fue
utilizado por el periodista Héctor de Mauleón en su publicación “Florence Cassez: la verdad secuestrada” (Nexos, 01/07/2011), que repasa el expediente
judicial de la súbdita francesa Florence
Cassez condenada por la justicia mexicana por los delitos
de “secuestro, delincuencia organizada y posesión ilegal de
armas de fuego de uso exclusivo del Ejército”.
[2] Como ejemplar de ese tipo de publicaciones, si bien
en una línea más zalamera para con “el jefecito”, destaca de Eusebio Gironda
“El Jiliri Irpiri"
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